“Amo la corrupción odio al corrupto”

Jimmy Hernández

Amo la corrupción odio al corrupto. Columna de Jimmy Hernández Clic para tuitear

@JimHernandezG

 

Amo la traición odio al traidor”, la frase atribuida a Julio Cesar, el gran emperador y forjador del imperio romano, muy bien podría parafrasearse: “Amo la corrupción odio al corrupto”. Esa parece ser el dilema de esta sociedad, en la que muchos miran para otro lado, o se tapan la nariz, o simplemente conviven con la podredumbre. A cuantos personajes cabe endilgarle la sentencia parafraseada? Si nos atenemos a la foto de los promotores de la consulta anti corrupción perfectamente le cabe a varios de ellos.

Nadie mas emblemático para relacionarlo con las prebendas y gabelas que se desprenden de la cercanía con el Estado que los Senadores que respaldaron la Unidad Nacional e integraron el contingente de beneficiarios directos de esa metáfora idiomática, la mermelada, de la que echó mano el gobierno para atenuar el otorgamiento de cuotas del Presupuesto de la Nación a cambio de respaldo a su gestión y aprobación de las iniciativas gubernamentales.

El país está hastiado de la corrupción. La gente está harta de los escándalos. Uno tras otro, estos parecen una sucesión indefinida de hechos cuyo final no se ve cerca; sin que haya señales de detenerse o de que aparezca alguien capaz de detenerlos.

El país está hastiado de la corrupción. La gente está harta de los escándalos. Uno tras otro, estos parecen una sucesión indefinida de hechos cuyo final no se ve cerca Clic para tuitear

No siempre fue así. Aunque lejano, hubo un tiempo en que los individuos que prestaban su concurso al servicio público eran lo más granado de la pulcritud personal y de la inteligencia. Sus comportamientos eran intachables, tanto en público como en privado. El ejercicio del Poder estaba desprovisto de cualquier interés personal y mucho menos de alcanzar algún beneficio.

El término lentejismo surgió cuando un miembro del partido conservador, el representante Román Gómez de Antioquia, aceptó recibir participación y respaldar el gobierno del Presidente liberal Enrique Olaya Herrera, que había sepultado 50 años de hegemonía conservadora. Entonces el jefe conservador Laureano Gómez asumió la conducción de ese partido, encabezando una dura oposición y manteniendo una férrea disciplina en sus filas.

El célebre  pasaje de la venta de la primogenitura de Esau, el mayor, a Jacob, por un plato de lentejas, fue extraído por Laureano Gómez del libro santo para endilgárselo a quienes habían abandonado la disciplina partidista y aceptándolos privilegios que se desprenden del Poder.

Años atrás otro Presidente de la hegemonía conservadora, Marco Fidel Suárez, había caído cuando en el Congreso prosperó una acusación en contra suya por indignidad por haber pignorado su sueldo, el de Presidente, para obtener un préstamo personal.

No se trata de llorar sobre la leche derramada. No cabe esa apreciación en lo que concierne a los asuntos públicos. Por eso con la leche derramada vale preguntarse: Cuando se perdió el rumbo o en que momento cambió todo?

Algunos señalan al pacto bipartidista del Frente Nacional que en su momento sirvió para apaciguar otro gran drama nacional, la violencia, como el origen de la corrupción. Otros atribuyen su aparición al narcotráfico, que penetró el entramado social y produjo un clima de convivencia entre esa actividad delictiva y la sociedad.

El Frente Nacional, es cierto que estimuló un estado de convivencia entre los partidos. Y es incontrovertible que esa confraternidad partidista provocó la falta de una oposición crítica que señalara los pecados del ejercicio del Poder.

Pero, en el entretanto, entre el letargo político del Frente Nacional y el crecimiento del narcotráfico, que supuso el desmesurado enriquecimiento de sus precursores, el país experimentó, para mal, una transformación que le hizo perder el norte moral.

De lo que se trata ahora es de recuperar esos límites morales, de tensar los resortes morales de la Nación. No es solo el conjunto de leyes que presentó el gobierno al Congreso para  luchar contra ese flagelo. El liderazgo del gobierno y del Partido de gobierno, el Centro Democrático, deben ser el referente que conduzca a la sociedad colombiana a superar el terrible cáncer de la corrupción y recuperar su fortaleza moral.

El liderazgo del gobierno y del Partido de gobierno, el Centro Democrático, deben ser el referente que conduzca a la sociedad colombiana a superar el terrible cáncer de la corrupción y recuperar su fortaleza moral. Clic para tuitear

Articulos Relacionados