Buscando el cascabel al gato.

FRANCISCO BERNATE OCHOA

Buscando el cascabel al gato

@fbernate

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67 veces ha sido reformado nuestro Código Penal que entró a regir el 25 de Julio de 2001, y ahora conocemos que desde todos los sectores de la política nacional se anuncian nuevos paquetes de reformas a lo que queda del Código Penal para resolver todo tipo de problemáticas de la vida nacional.

Creo que el populismo punitivo es el único experimento social que no pierde su prestigio a pesar de su reiterado fracaso. Si llevamos 17 años intentando combatir la delincuencia a través de reformas al Código Penal -que han llegado a ser hasta 9 en un mismo año- y lo único que ello ha producido es un aumento en el hacinamiento carcelario y en la delincuencia, lo sorprendente es que a la fecha a nadie se le haya ocurrido buscar una fórmula alternativa. Es exactamente igual que el gato buscando el cascabel.

En cualquier otro escenario en el que se pretenda resolver una problemática social a través de una medida que se ha mostrado fracasada, lo coherente es buscar otras fórmulas para superar la coyuntura que subsiste. Pero curiosamente, esto no sucede con los permanentes cambios a las leyes, siempre aumentando penas, creando delitos, reduciendo beneficios, con el discurso de que ello tendrá un impacto en la delincuencia. Hay que decirlo, de 67 intentos, ninguno ha generado este deseado efecto, y lejos de ello, solo ha producido descrédito para nuestras autoridades judiciales, y hacinamiento carcelario.

En cualquier otro escenario en el que se pretenda resolver una problemática social a través de una medida que se ha mostrado fracasada, lo coherente es buscar otras fórmulas para superar la coyuntura que subsiste. Clic para tuitear

La legislación penal funciona exactamente como lo hace cualquier sistema, es decir, tiene una lógica, unos conectores internos y una forma en la que se procesan los datos para producir las respuestas que correspondan. Funciona como cualquier otro sistema, un computador, un vehículo, un dispositivo móvil o un reloj. Cuando en el año 2000 se emprendió la última reforma sistemática a la legislación penal en Colombia, se crearon instituciones y estructuras que pretendían armonizar lo que teníamos y hacer funcionar el sistema.

Ahora tomemos ese computador, ese vehículo o su teléfono celular, y hagamos cambios en sus estructuras, claramente puede que funcione, pero cada vez mas los componentes internos tendrán problemas para comunicarse y para entenderse, por lo que el equipo pierde su funcionalidad y su rendimiento. Pues bien, precisamente esto ha sucedido con nuestra legislación penal, manoseada por todos los sectores de la opinión publica, y a la que se le han hecho tantas reformas, cambios, adiciones, que hoy es incomprensible, inexplicable, y, lamentablemente, inaplicable.

Creo que la clase política colombiana ha entendido bien los rendimientos que producen los discursos populistas en materia punitiva. Es más fácil aumentar penas y clamar por sanciones más severas que tramitar un expediente. Clic para tuitear

Creo que la clase política colombiana ha entendido bien los rendimientos que producen los discursos populistas en materia punitiva. Es más fácil aumentar penas y clamar por sanciones más severas que tramitar un expediente. Muchos de quienes elaboran estas reformas en su vida han pasado la puerta de un Despacho Judicial, y poco o nada se preocupan por atender las inquietudes que usuarios, fiscales, jueces, abogados y reclusos puedan tener frente a estas propuestas. Pero, eso si, aparecen en primera fila a la hora de criticar algo que ni siquiera entienden como funciona, cuando de cuestionar una decisión judicial se trata.

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