¿Cesó la horrible noche?

¿Cesó la horrible noche?

@LombanaSierra

¿Cesó la horrible noche? Columna de José Ignacio Lombana Sierra Clic para tuitear

Hace 33 años el país conoció una violencia radical y despiadada que no se veía, tal vez desde el Bogotazo en el 48’; protagonizada en la primera oportunidad por los cachiporros y en la segunda por esa banda criminal y narcoterrorista del M-19, madre y gestora de todos los males que tenemos hoy en día: el progresismo o petrismo, que son para mí la misma cosa con la izquierda subversiva y comunista.

Llegó el terrorismo como nunca antes se había vivido en las ciudades, y el M-19, la bandola de Petro, Navarro y otros hoy ilustres padres de la patria o aspirantes a ello, financiado nada más y nada menos que por Pablo Escobar, asaltó de manera aleve y premeditada el Palacio de Justicia, en la forma y con los resultados que hoy todos conocemos, aún cuando se trate por parte de los miembros del M-19 y de la izquierda subversiva de desviar la atención hacia los “desaparecidos” del Palacio de Justica (que ahí van poco a poco apareciendo donde siempre habían estado), para tratar de culpar al Estado y a la Fuerza Pública por lo sucedido, lo que claramente están logrando.

No se puede defender lo indefendible. Y acá la verdad es una sola. Fue el M-19 de Petro y sus secuaces el que asaltó el Palacio de Justicia y desencadenó el infierno ese 6 y 7 de noviembre de 1985 y no al revés. Los bandidos quisieron apoderarse del poder, nos hirieron vilmente, y la sociedad respondió con contundencia con todo lo que tenía y con lo que podía. Como debía ser. No fue al revés.

Los bandidos quisieron apoderarse del poder, nos hirieron vilmente, y la sociedad respondió con contundencia con todo lo que tenía y con lo que podía. Como debía ser. No fue al revés. Clic para tuitear

¿Qué Petro no participó ese 6 y 7 de noviembre de la toma del Palacio? Eso es cierto. Había sido capturado unos días a tras por el Ejército en Zipaquirá entre una alcantarilla, como lo que es, cuando estaba delinquiendo.

Ese Ejército al que tanto ha cuestionado Petro, contario a lo que ese mitómano y egocéntrico ser suele pretender que el resto del mundo fuera de Colombia crea, lo entregó con vida a las Autoridades. Dice que lo torturaron. Más allá de su dicho, el de un delincuente amnistiado, no he conocido hasta hoy una prueba que merezca la menor credibilidad de que tal cosa ocurrió.

Visto hacía atrás, tal vez ese haya sido a mí juicio un error histórico reprochable, y que hoy tanto nos lamentamos cuando olvidar no es una opción, y mejor sería que tuviésemos más mártires que no hacen daño alguno, a tanto caudillo incendiario suelto por ahí que mueve a las masas para que en nombre del pueblo legitimen sus crímenes.

Pero Petro y sus esbirros  se salieron con la suya: fueron amnistiados, y no sólo eso, además de la elegibilidad política lograron hacer parte de una Asamblea Nacional Constituyente con todo lo que eso significa e implica.

Sin haber pedido perdón realmente y continuar por la vida con arrepentimiento en verdadero acto de contrición, pero, sobre todo, sin reparar a ninguna víctima, Petro y los otros criminales amnistiados accedieron en todo el territorio nacional a diversos cargos de elección popular, y desde ese entonces Petro vive de mamar de la teta del estado: sueldo de congresista, carros y escoltas, Alcaldía de Bogotá, etc.

¿O es que ahí no están las condenas a la Nación por parte del Consejo de Estado por fallas en el servicio porque la Fuerza Pública no evitó el cobarde y aleve ataque del M-19 al Palacio de Justicia? Igual que ahora estamos viendo con las sentencias contra la Nación por los crímenes de las FARC.

¡Siempre se juzgará a la Fuerza Pública, bien porque se dice supuestamente que no evitó la toma del Palacio, ora porque dizque se excedió en el rescate y defensa de las instituciones y de la democracia!

¡Siempre se juzgará a la Fuerza Pública, bien porque se dice supuestamente que no evitó la toma del Palacio, ora porque dizque se excedió en el rescate y defensa de las instituciones y de la democracia! Clic para tuitear

Ya lo dice el viejo y conocido refrán: ¡En momentos de peligro Dios y el soldado son invocados, y cuando este pasa, Dios y el soldado son olvidados!

Es irónico, no les parece: Las Fuerzas Militares y la Policía, armadas, cada vez más entrenadas y con mayores y mejores capacidades han sido siempre la parte débil no solamente en el asunto del Palacio de Justicia sino del combate de la subversión y el comunismo en nuestro país. Son los que desde siempre han puesto los muertos y los presos. Sin embargo, ahí han estado sometidas al impero de la Constitución y la Ley cumpliendo con su misión sin intentar usurpar el poder, día y noche sin descanso. Tal vez, eso es lo que nos hace falta que ocurra para que los mamertos al fin tengan algo realmente de qué quejarse.

Para la década de los 90’s la subversión convenció al mundo y al país de que la amnistía era suficiente, eso sí, tal y como ahora se pretende, con una historia contada por los bandidos que de enemigos de la patria parecieran haberse convertido en los vencedores de la contienda que no tenía por contraparte a nadie diferente que el propio pueblo colombiano.

En suma, la Asamblea Nacional Constituyente de 1991, al margen de cualquier otra discusión, es el claro ejemplo de que delinquir paga.

El M-19 nos ganó la partida y sin más ahora sus cabecillas, que no eran otra cosa que violadores, asesinos, extorsionistas, narcotraficantes, etc., son honorables senadores como Petro.

Las FARC no podían quedarse atrás, y vaya que no lo hicieron, pues ahora, para mostrar una posición diferente a la del M-19, se comprometieron a reparar víctimas, contar la verdad, pero además se someten al sainete ese de la JEB (jurisdicción especial de bolsillo), perdón, la JEP.

¡Podrá haber perdón judicial pero jamás olvido ¡

El perdón que necesita esta sociedad para cerrar sus heridas, jamás se conseguirá sin una verdadera justicia, y sin que a las cosas se les llame por su nombre: crímenes de guerra y de lesa humanidad, no errores, no conductas conexas con un delito político que desde hace décadas dejo de serlo.

Y la horrible noche no cesará jamás mientras nuestros jóvenes salgan a marchar a las calles por un cambio, pero arrasen con todo a su paso. Cuando en lugar de las ideas y los cánticos que animen su espíritu juvenil, lo que haya sean bombas incendiarias lanzadas en contra de otros seres humanos, difícilmente podremos ser una sociedad viable.

Y la horrible noche no cesará jamás mientras nuestros jóvenes salgan a marchar a las calles por un cambio, pero arrasen con todo a su paso. Clic para tuitear

¡Pero claro, qué les va a preocupar incendiar un edificio o prender fuego al cuerpo de un policía o de cualquier otra persona solamente para llamar la atención, si en Colombia delinquir paga¡  Pregúntenle al M-19 o a las FARC si eso es o no es cierto.

¡Y aún no llegan las horas del alba, mucho menos las auroras que derramen su luz!

Nota: Es necesario y justo que el lector de esta líneas sepa que he participado activamente en la defensa judicial del señor General Jesús Armando Arias Cabrales, Comandante de la Brigada 13 del Ejército Nacional durante la operación de rescate de los secuestrados del M-19 en el Palacio de Justicia, lo que me ha permitido poder conocer en detalle todo el expediente, y formarme también mi propio juicio sobre el montaje judicial que ha sido dicho proceso a partir de la Fiscalía dirigida por el señor Mario Iguarán.

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