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Francisco Bernate Ochoa

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Pasado el mundial de fútbol de Rusia, nos estrellamos de frente con la realidad nacional, que en esta nueva versión nos presenta un debate absolutamente marcado por dos características. Primero, de lo único que se habla entre nosotros es de investigaciones, delitos, denuncias, desfalcos, escándalos, condenas, capturas, interceptaciones, es decir, la partitura del debate nacional en Colombia, está redactada en la clave del Código de Procedimiento Penal. Segundo, la discusión nacional cada vez más se centra en lo que acontece en la capital del país, de manera que todas las problemáticas que afectan a quienes residen en cualquier otro lugar, pareciera imperceptible, salvo, por supuesto, que haya sangre o desfalco de por medio.

Prácticamente todos los medios de comunicación resaltan de manera particular sobre otro tipo de contenidos, aquellos que gravitan en torno a la comisión de delitos, pues demostrado está que este tipo de debates cautivan la atención de todos los ciudadanos, así pues que hoy, en Colombia, el espectro del debate nacional está prácticamente abarcado por el delito, y si bien pareciera que ello es simplemente el reflejo de lo que el espectador promedio quiere consumir, creo que, primero, ello está exacerbando los ánimos de todos los ciudadanos a extremos inadmisibles en una democracia, y segundo, impide que los colombianos discutamos sobre aquello que realmente nos afecta a todos.

La discusión nacional cada vez más se centra en lo que acontece en la capital del país, de manera que todas las problemáticas que afectan a quienes residen en cualquier otro lugar, pareciera imperceptible Clic para tuitear

En efecto, cuando revisamos los contenidos de todos los medios de comunicación, encontramos que las emisiones inician con el escándalo de turno, con la correspondiente filtración, y de inmediato el auditorio toma una postura, misma que, al no tener todos los elementos de juicio, como si los tiene el Juez, o el Fiscal, o el Abogado que conoce del caso, no puede ser nada diferente a algo emocional, es decir, cada uno se crea, con poca información, su propia conclusión, a partir de sus prejuicios, afectos o desafectos. Cuando el debate se da a partir de la emotividad, es apenas natural que los ánimos se exacerben, pues no se defienden posturas sino sentimientos, y ello explica los niveles de agresividad que encontramos en prácticamente cualquier discusión en nuestro país.

Pero lo más preocupante, a mi juicio, de esta situación en la que el debate nacional está marcado por la inexplicable fascinación por el delito, es que se están dejando de lado otro tipo de discusiones que nos afectan a todos. Es decir, por estar ocupados en la filtración del día, en quién es culpable y quien no, en descargar nuestro odio y resentimiento hacia el otro por el solo hecho de no pensar igual que nosotros, estamos dejando de lado asuntos que nos afectan a todos como la cobertura en salud, en educación, los avances o retrocesos en el saneamiento básico, o a unos pocos, como pude ser la construcción de una carretera, el mejoramiento de un hospital, los logros de nuestros compatriotas dentro y fuera de nuestro país, la problemática ambiental, entre otros temas.

Creo que Colombia, siendo un país con tantas problemáticas, pero también, con tantos aciertos, no puede continuar en el facilismo de permitir que el debate nacional se circunscriba a la investigación de turno. Clic para tuitear

Creo que Colombia, siendo un país con tantas problemáticas, pero también, con tantos aciertos, no puede continuar en el facilismo de permitir que el debate nacional se circunscriba a la investigación de turno. Creo que esto nos está alejando de la realidad y de nuestra cotidianidad, y considero, que es nuestra responsabilidad ocuparnos también de otros asuntos que requieren un entendimiento y un debate en tanto que, estos si, nos afectan a todos.

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