Descocalizar a Colombia

David Name Orozco

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@DavidName7

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La desgastada política publica del expresidente Juan Manuel Santos dejó una estela de inconformidades y de fracasos como la sustitución voluntaria de cultivos ilícitos. Para resumir esta política pública podemos decir dos palabras: no funcionó. Según La Oficina de Política Nacional para el Control de Drogas de la Casa Blanca (Ondcp, por su sigla en inglés), las hectáreas de coca en Colombia están por encima de las doscientas nueve mil hectáreas.
Para poder dimensionar esta gran área en nuestras tierras colombianas, es la sumatoria de las extensiones de las dos ciudades más grandes de Colombia como lo son Bogotá (117,500 ha) y Medellín (38,060 ha). Si usted ha ido a estas dos ciudades, y conoce la extensión de cada una, es altamente alarmante tener tantas hectáreas de nuestra patria plagadas de “la mata que mata”.

Haberle dejado la decisión al campesinado la erradicación de forma voluntaria de los cultivos ilícitos fue hacerle un daño no solo a ellos pero también a toda la sociedad colombiana.

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El daño hacia los cultivadores fue porque ellos hasta ahora están intimidados por las fuerzas oscuras del crimen organizado de continuar con la opción fatal de seguir sembrando coca para suplir la materia prima de ese negocio; Y el que no siembre coca puede correr el riesgo de morir.

Tanto fue el colmo de esto que hasta el Gobierno Santos permitió que se agremiaran los cultivadores de coca y hablaran con institucionalidad sobre estos asuntos. No tengo nada en contra de las agremiaciones, pero haber dejado agremiar a un grupo de cocaleros es legitimizar por lo menos moralmente un grupo que posiblemente están siendo presionados por las organizaciones crimínales metidas en el narcotráfico.

El daño a la sociedad colombiana ha sido porque los excedentes de producción de coca han inundado nuestras calles para dañar y acabar con la niñez y juventud de Colombia. Es ahí donde las políticas públicas del nuevo gobierno deben ser coherentes e integrales para poder tener el efecto necesario de lograr una transformación en nuestra nación.
Por eso aplaudo la valiente decisión del gobierno Duque, que a través de su nuevo ministro de Defensa, el Dr. Guillermo Botero, ha establecido que los cultivos ilícitos no serán erradicados de forma voluntaria, sino de forma obligatoria. Esto tiene todos los visos de una política pública coherente para combatir el narcotráfico y poder ayudar a los campesinos que se encuentran cultivando coca en estos momentos.

Las críticas vendrán hacia esta decisión por parte de algunos que pueden decir que la violencia volverá al campo. Esto es factible por un tiempo finito mientras se establece el orden y la institucionalidad en esas partes remotas de Colombia, con la presencia de la fuerza pública, y la presencia de todas las baterías institucionales como educación, seguridad, salud, trabajo, emprendimiento, apoyo social, junto con el acompañamiento constante del Ministerio de Agricultura y el DPS.
Es así cómo vamos a poder ver un campo transformado, pero también de manera indirecta, la transformación social de las ciudades y los municipios que hoy sufren el flagelo del narcotráfico por motivo de esos “excedentes de mercancía” que se venden en el mercado doméstico. Cómo colombianos debemos apoyar de manera vehemente esta política pública de la erradicación obligatoria de cultivos ilícitos porque toca todas las esferas de nuestras sociedad.
La obligatoriedad de la erradicación de cultivos ilícitos también traerá un efecto positivo en el ámbito de seguridad ciudadana de toda Colombia. No es un mito la co-relación entre inseguridad y el narcotráfico en las grandes urbes colmadas de combos, clanes y grupos que hasta este día se han fortalecido para expandir sus tentáculos mortíferos.

No es un mito la co-relación entre inseguridad y el narcotráfico en las grandes urbes colmadas de combos, clanes y grupos que hasta este día se han fortalecido para expandir sus tentáculos mortíferos. Clic para tuitear

Adicionalmente, esta medida tendrá un efecto de carácter internacional, ya que la “cartelización mexicana” está llegando a nuestras orillas y será también disuadida por esta decisión. No es un secreto que cárteles mexicanos están en plan de “mergers & acquisitions” de estructuras delincuenciales colombianas. Por todas estas cosas y más, es necesario mantenernos firmes acompañando al gobierno Duque con esta decisión llena de convicción para sacar a Colombia del mar de coca en que nada.

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