Dosis personal

Francisco Bernate Ochoa

Dosis personal

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La década de los años setenta marcó el inicio de la lucha de la humanidad contra el flagelo contra las drogas, y ello levó a que los países del planeta, mediante la Convección de Viena, unificaran sus posturas en torno a esta problemática. Colombia, como suscriptor de este tratado internacional, expidió la Ley 30 de 1986, mediante la cual se trazó la primera política en contra del tráfico de estupefacientes, y la lucha contra los recursos que está actividad ilegal genera.

De entrada, desde este estatuto, se reconoce la necesidad de combatir dos extremos del narcotráfico, esto es, los relacionados con la comercialización, y los recursos que genera, pero, se reconoce la imposibilidad de sancionar al consumidor. Ya desde ese momento, se reconoce que el porte o el cultivo de estupefacientes con propósitos exclusivos de consumo, no podía sancionarse, básicamente, por cuanto la actuación del Estado, en todo orden, solo se legitima cuando alguien causa un daño a otro.

Es así, como en este estatuto, se reconocieron los derechos tanto a la dosis personal como a la dosis terapéutica, poniendo el centro de gravedad de la penalización en el tráfico y en los recursos que se genera esta actividad criminal. Ya de tiempo atrás, nuestra jurisprudencia había reconocido la denominada dosis de aprovisionamiento, según la cual no resulta lógico que se permita que la persona porte una determinada cantidad de estupefacientes y deba abastecerse a diario, sino que se permite el que pueda tener una provisión de aquello que va a consumir. El principio, es el mismo, solo es legítima la intervención del Estado cuando de previno daños a terceros se trata.

Nuestra jurisprudencia consolidó esta ecuación, aún cuando se tratare de algo absurdo, en tanto que mientras permitía la dosis personal, o la terapéutica, sanciona a quien lo vende, sin importar la cuantía. La tesis de la dosis de aprovisionamiento pronto caló en nuestra jurisprudencia, y en los juzgados del país se superó el tratamiento numérico de la dosis personal, para reconocer que le porte con fines de autoconsumo, no puede ser sancionada.

De manera que en Colombia, el porte de estupefacientes no puede ser sancionado en tres eventos, la dosis personal, la de aprovisionamiento, y la terapéutica, aspecto este último que fuera recientemente regulado. Clic para tuitear

De manera que en Colombia, el porte de estupefacientes no puede ser sancionado en tres eventos, la dosis personal, la de aprovisionamiento, y la terapéutica, aspecto este último que fuera recientemente regulado. Esto no es más que el reconocimiento tanto del libre desarrollo de la personalidad, como del principio básico según el cual nadie puede ser sancionado si su hecho no ha causado daño a otro.

La polémica de la semana no pasa tanto por la reglamentación de las zonas en las que se puede o no consumir estupefacientes, asunto ya reglamentado entre nosotros y aplicado con algún éxito en el expendió y el consumo de licores en cercanías a establecimientos educativos. Lo que sorprende, es que mientras la constitución nacional y el código penal permiten el porta Con fines de consumo, se pretenda incautar y abrir un procedimiento a quien porte una dosis de estupefacientes. Esto, no solamente es contrario a nuestro ordenamiento jurídico, sino que pone a la policía a cumplir funciones que no le corresponden y que no está en condiciones de cumplir.

Lo que sorprende, es que mientras la constitución nacional y el código penal permiten el porta Con fines de consumo, se pretenda incautar y abrir un procedimiento a quien porte una dosis de estupefacientes. Clic para tuitear

En últimas, creemos que se trata de una propuesta equivocada, un retroceso en las garantías y los Derecho de todos los ciudadanos. Una acertada discusión sobre las drogas no debe pasar por cuestionar o sancionar al consumidor, sino por el contrario, en debatir la conveniencia de la venta en espacios que garanticen el que la comunidad no se verá afectada, ni tampoco la seguridad dale consumidor. Creemos, que las propuestas que hasta ahora se han formulado ni son viables, ni resuelven el problema.

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