El discurso de Macías

David Ghitis

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El 7 de agosto empezó con un fuerte temblor en la Mesa de los Santos, Santander, mientras que en Bogotá se empezaba a sentir un gran ventarrón. Parecía que se estaba anticipando la naturaleza al discurso de Ernesto Macías, presidente del Senado, en la posesión de Iván Duque como nuevo presidente de Colombia.

El discurso del senador Macías fue una especie de “derecho a replica” a 8 años en los que las mentiras fueron la política de estado. Y es que nadie en su sano juicio puede decir que Santos no mentía cada que abría su boca en un discurso. Desde mentiras como “el tal paro agrario no existe” a pesar de que lo estábamos viendo en los noticieros hasta decirnos que las FARC no llegarían al congreso sin pagar antes sus crímenes y que además no tendrían curules gratis. No creo que sea necesario hacer un recuento de las mentiras de Santos, ya todos las conocemos bien. Macías puso cifras bajo la luz, cifras que venían siendo escondidas a la opinión pública.

¿Acaso no es verdad que los cultivos de coca se incrementaron desde 48,000 hectáreas a más de 210,000? Colombia regreso al deshonroso primer lugar en producción de cocaína. Tampoco es necesario volver a explicar como el aumento en producción significa un aumento en la violencia y un aumento en los asesinatos de líderes sociales.

El Senador Macías hizo lo que tenía que hacer. El senador Macías no dijo mentiras, de hecho, desmintió las que Santos dijo en su discurso de despedida y que venia diciendo por tanto tiempo tanto dentro del país como en el exterior. La veracidad del discurso del Presidente del Senado está fuera de toda duda. Queda por discutir si el sitio y el momento eran los apropiados.

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La ceremonia de posesión del nuevo presidente fue frente a 10 presidentes de países amigos, varios expresidentes y comitivas de otros países, la cúpula militar, congresistas, alcaldes, gobernadores, concejales, ediles, la prensa internacional y nacional y cientos de invitados especiales. Si bien es cierto que se dice “los trapitos sucios se lavan en casa”, también es cierto que un foro como ese no es fácil de conseguir y el mensaje del Senador Macías debía llegar a muchos oídos. Debía ser allí y en ese momento.

Puede ser que el Senador Macías no fue políticamente correcto con su discurso, pero el remezón que necesita el país no se iba a producir con pañitos de agua tibia. Es como quitarse una curita despacito para que no hale los pelitos. Lo mejor es quitarla de un solo tirón y no de a poquitos.

Puede ser que el Senador Macías no fue políticamente correcto con su discurso, pero el remezón que necesita el país no se iba a producir con pañitos de agua tibia. Clic para tuitear

El 7 de agosto en Colombia empezó con un temblor en la mesa de los Santos, siguió con un ventarrón en Bogotá y terminó con una erupción del volcán Macías.

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David Ghitis

Originario de Cali en 1964. Estudié en el Colegio Hebreo de Cali. Presté servicio militar y gracias a eso conocí cosas de la Colombia que a los jóvenes “de buena familia” rara vez les toca conocer. En 1998, por la situación en la que estaba el país y como muchos colombianos, salimos a buscar mejores oportunidades en otras latitudes. Un tiempo en Israel, otro en USA y otro más en República Dominicana me dieron una visión con varios matices de cómo las distintas circunstancias esculpen las personalidades. Regresé a Colombia convencido de que no hay mejor país y con el ánimo de aportar mi grano de arena para que sea cada vez mejor.

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Originario de Cali en 1964. Estudié en el Colegio Hebreo de Cali. Presté servicio militar y gracias a eso conocí cosas de la Colombia que a los jóvenes “de buena familia” rara vez les toca conocer. En 1998, por la situación en la que estaba el país y como muchos colombianos, salimos a buscar mejores oportunidades en otras latitudes. Un tiempo en Israel, otro en USA y otro más en República Dominicana me dieron una visión con varios matices de cómo las distintas circunstancias esculpen las personalidades. Regresé a Colombia convencido de que no hay mejor país y con el ánimo de aportar mi grano de arena para que sea cada vez mejor.