El magnicidio que cambió el siglo XX

Mauricio Caicedo Aristizábal.

El magnicidio que cambió el siglo XX

@Conservador29

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El mundo moderno para efectos políticos comenzó con un regicidio, que fue la vil ejecución de Luis XVI, durante los trágicos hechos de la Revolución Francesa.

A su vez, el siglo XX para efectos políticos empezaría también con otro regicidio, el asesinato de la familia imperial rusa; llevamos varías columnas analizando los sucesos de la Revolución Rusa y un hecho fundamental de esta, fue el asesinato de la familia real. Pues más que la muerte física de los Romanov, este siniestro hecho marcó el fin de una era, ya que murieron las tradiciones, la fe y sobre todo la libertad en el país más grande de Europa; también daría inicio a un sistema político satánico que se conocería como el Marxismo – Leninismo, que a cuyo amparo murieron más personas que bajo ninguna otra ideología en la historia de la humanidad.

Pues más que la muerte física de los Romanov, este siniestro hecho marcó el fin de una era, ya que murieron las tradiciones, la fe y sobre todo la libertad en el país más grande de Europa Clic para tuitear

El 17 de julio de 1918, un grupo de guardias rojos asesinó a la familia Romanov, bajo las balas comunistas cayeron el Zar Nicolás II, su esposa la zarina Alejandra Fiódorovna y sus hijos Alekséi, Olga, Tatiana y Anastasia, además del personal de la casa imperial. Este asesinato fue a sangre fría sin ningún tipo de juicio y por razones puramente políticas.

La familia Romanov había permanecido bajo arresto domiciliario, desde la renuncia del Zar en febrero de 1917, toda la familia fue recluida en Tsárskoye Seló, La Villa de los Zares en San Petersburgo.  Nadie sabía que hacer con ellos, pronto, sin embargo, la ola revolucionaria se recrudeció, entonces el gobierno de Kerenski decidió trasladarlos a todos a Siberia, a la ciudad de Tobolsk y fueron alojados en la mansión del gobernador.

Cuando los Bolcheviques llegaron al poder en octubre de 1917, se planteó someter a juicio a los Romanov y en la primavera siguiente la familia fue trasladada a Ekaterimburgo en los Urales, se les alojó en la Casa Ipátiev, una mansión donde aquella familia que había sido la más poderosa de Rusia, vivía en estrictas condiciones de cautiverio, parecía que la intención de Lenin era someter a un juicio espectáculo a los Romanov y mientras tanto, utilizarlos como fichas de cambio con las potencias occidentales; esto mientras la Guerra Civil en Rusia se intensificaba.

Esto transcurrió mientras, los rusos blancos le ganaban terreno a los rojos y el frente más activo era precisamente el de los Urales, muy rápidamente las tropas blancas en concreto la Legión Checoslovaca llegó a las cercanías de Ekaterimburgo, en ese momento los bolcheviques, decidieron deshacerse de la familia imperial.

En el verano de 1918 los rusos blancos estuvieron a punto de vencer, pero la heterogeneidad de sus fuerzas y la falta de un mando unificado hundieron sus posibilidades de triunfo, los rojos temían que si los ejércitos contrarrevolucionarios liberaban al Zar encontrarían en él, una figura unificadora. Por esto asesinaron a toda la familia, ya que no querían una figura que los aglutinara. Con este asesinato buscaban una ruptura con la Rusia tradicional y Zarista de la que ya no habría retorno; esto también enviaba un mensaje de su propio radicalismo y decisión por fuera de la Unión Soviética.

En la madrugada del 17 de julio de 1918 un grupo de milicianos comunistas al mando de Yakov Yurovsky, entraron a la casa de alojamiento mediante engaños, hicieron salir a la familia haciéndoles creer que querían protegerlos del inminente choque bélico con las fuerzas blancas.  La familia fue llevada a un sótano, allí fueron ultimados a balazos y rematados a golpes y bayoneta; después sacaron los cadáveres de la casa, los llevaron a un bosque, les rociaron ácido para dificultar su reconocimiento y los dejaron en ese lugar secreto para evitar peregrinaciones a su tumba.

La Casa Ipátiev sería unos años más tarde arrasada por completo para ocultar los detalles más morbosos de este asesinato. Después de la caída de la Unión Soviética en el gobierno de Borís Yeltsin, se construiría la Iglesia de la Sangre en inmediaciones de la antigua Casa Ipátiev, para que la gente pudiera ir en peregrinación a rendirle homenaje a la familia Romanov por haber muerto en defensa de la fe cristiana; la iglesia ortodoxa canonizó a la familia por oponerse al comunismo y a sus oscuras fuerzas ateas.

La responsabilidad de los crímenes recae sobre Lenin y el señor Yakov Sverdlov, este último era un revolucionario de la vieja guardia y muy cercano a Lenin, así lo aseguró Trotski; aunque nunca se ha encontrado un documento que lo ratifique, el gobierno Soviético confirmó oficialmente los asesinatos dos días después de los hechos. Aquel crimen conmocionó al mundo, produjo un pánico generalizado en Europa y un sentimiento anticomunista continental.

Este macabro asesinato deja en evidencia los alcances a los que es capaz de llegar la despiadada ideología comunista; en nuestra querida Patria nos pretenden imponer este sistema cuyos pilares principales son la destrucción de la nacionalidad, de la familia, de las tradiciones, de todos los valores de la filosofía judeocristiana a cuyo amparo se formó la civilización occidental. Sus resultados más notables son la esclavitud de los pueblos, la muerte y el reparto equitativo de la miseria.

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Para evitar que este siniestro sistema que ya obtuvo ocho millones de votos llegue a gobernarnos se necesita un gobierno claro, contundente y sin lugar a duda de derecha; desafortunadamente nuestro actual mandatario se enorgullece diciendo que es de centro mientras trata de congraciarse con la izquierda, abandonando a la mayoría de sus votantes. Si el Gobierno Nacional no corrige su rumbo, el 2022 podría ser el final de nuestra libertad.

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