El narciso comunista

Luisa Gómez Grisales

El narciso comunista

@Lupeins

El narciso comunista Columna de Luisa Gómez Grisales Clic para tuitear

El tiempo nos da la razón a quienes advertimos que Gustavo Petro no debía llegar a la presidencia, por representar un peligro inminente para Colombia. Más allá de su pasado en las filas del M-19 y las secuelas de la subversión en su personalidad, es un narciso comunista. Y no hay nada más peligroso que un convencido con discípulos, dispuesto a aplastar al contrario para imponer sus ideas. Ejemplos nos sobran en Latinoamérica, ejemplos a borbotón tenemos en la historia universal.

El narciso tiene un patrón que se deja ver fácilmente. Habla de él mismo en tercera persona: “Gustavo Petro tal cosa, Gustavo Petro tal otra”. Desarrolla gran habilidad para victimizarse, pretendiendo ser un “hijo del pueblo”, como dice Nicolás Maduro de sí mismo, un “proletario”, que no vive como el proletariado y un salvador de aquellos a quienes en realidad aborrece. El narciso comunista se cree pobre y convence a sus seguidores de ello. Habla de desigualdad en todas las plazas, como si su billetera estuviera igual de vacía que la de su auditorio. Como si nunca se hubiera robado un centavo en la alcaldía. Como si su casa estuviera situada en un barrio popular, se movilizara en bus y comprara la leche y el pan diario con la ganancia del día.

Habla de desigualdad en todas las plazas, como si su billetera estuviera igual de vacía que la de su auditorio. Como si nunca se hubiera robado un centavo en la alcaldía. Clic para tuitear

No es bobo como muchos lo subestiman. Al contrario, combina su habilidad para la oratoria con un discurso populista, convenciendo al auditorio de que la historia le debe una posición de poder, cuando en realidad el único que le debe a la nación es él, por haber capado cárcel, a pesar de la ilegalidad que supone ser miembro de una guerrilla. Es como el flautista de Hamelín, cuyo instrumento noble en apariencia, emite una melodía que conduce a la muerte.

Como buen narciso, se vale de maquillajes para aparentar lo que no es frente al espejo. Quiso pasar por demócrata respetuoso para ganar la presidencia, pero no le funcionó. Después de eso,  ardiendo en la cólera de no ser el favorito, se quitó la máscara y siguió escupiendo veneno a sus contrarios. El discurso de paz y unión se transformó en cicuta de odio, revuelto con la alucinación de creerse el verdadero presidente y pretender llamar al caos que ha nombrado “resistencia”.

El discurso de paz y unión se transformó en cicuta de odio, revuelto con la alucinación de creerse el verdadero presidente y pretender llamar al caos que ha nombrado “resistencia”. Clic para tuitear

Siguiendo el ejemplo del narciso dictador de Venezuela, estigmatiza a sus contrarios, hombres y mujeres, fomentando la lucha de clases. Como cualquier comunista que ha tomado las armas para conseguir sus ideales al costo de cualquier vida, justifica su pasado con la desigualdad social, como si un ideal fuera motivo para asesinar a alguien.

Ay, narciso.

¿Dónde quedó el tal anhelo de paz y ese corazón multicolor que adornó la “Colombia Humana?

El narciso comunista, como buen enredador, hace alarde en todas partes de su espíritu orador. Llama a otros “oligargas”, “ricos”, “paras” y “feudales”, pero en realidad anhela navegar por esos mares. Su complejo de ser menos no le deja superarse, con el odio se envenena mientras agita las calles. La verdad, narciso progre, es sólo una y la negaste: que sí eres comunista, populista hasta la madre.

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