Estudiantes no hay que engañarse, es preciso ir al grano

Martin E. Botero

@boteroitaly

Estudiantes no hay que engañarse, es preciso ir al grano Columna de Martin Eduardo Botero Clic para tuitear

Señores Estudiantes no hay que engañarse, el quid de la cuestión, el meollo del problema está en una educación superior de baja calidad, un estilo de administración descuidado, hermético y no transparente. Las protestas no deberían ir dirigidas contra el Gobierno, pero contra la calidad del sistema educativo universitario absurdo e incompatible y no transparente, que no prepara adecuadamente a los jóvenes para afrontar los cambios y hacer frente a los problemas de la transformación social y a los requisitos cambiantes del mundo laboral. Ustedes tienen derecho a protestar en público, pero tendrán más credibilidad si el motivo de sus protestas es real. Por lo tanto, es preciso ir al grano ¿acaso el motivo real de sus protestas no es el hecho de que la gestión del sector educativo se mueve en un contexto carente de ética? ¿acaso el motivo real de sus protestas no es el hecho de la malversación de los fondos públicos usados con propósitos políticos y las prácticas corruptas en las mismas universidades? ¿acaso el motivo real de sus protestas no es el hecho de una educación universitaria, profesional y técnica de baja calidad y de la ausencia del control previo de las solicitudes de financiación de las universidades para prevenir irregularidades, el fraude y la corrupción?

Nuestros estudiantes emiten su grito de guerra en las calles, intimidando a todos a su alrededor, pero sin exigir pacíficamente, pero con firmeza, su derecho a que las propias universidades mejoren de manera transparente la calidad de su gestión, optimicen la enseñanza superior y la igualdad de acceso a la educación en beneficio de los usuarios de los servicios y que cumplan con todas las leyes aplicables y con las políticas y directivas anticorrupción, con miras a crear sociedades del conocimiento equitativas y respetuosas de la diversidad cultural. Lamentablemente el motivo de las protestas es conocido. El motivo de las protestas no es la lucha por los derechos o adquirir conciencia de su problema a fin de emancipar el pensamiento y alentar la innovación y las reformas para alcanzar un nivel elevado de calidad de la enseñanza, la investigación y los servicios, y es probable que no tenga nada que ver con las finanzas, el buen gobierno o acelerar los procesos de cambio y reforma sino una batalla política contra el gobierno, y las utilizan indebidamente para promover la inestabilidad  y sacar provecho de ellas para sembrar el caos en el país, obstaculizando el funcionamiento normal de los servicios públicos, las escuelas, los mercados, etc.

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Señores Estudiantes

  • Por su propio interés, así como por el interés de sus familias y de la sociedad, Ustedes deberían situar esta acción coordinada para reconstruir un sistema de enseñanza pública superior propicio al futuro, especialmente en la lucha contra la reglamentación excesiva, la carencia o exceso de profesores y formadores cualificados, el abandono precoz de los estudios y el desempleo de los titulados, incluida la duración excesiva de los estudios y los bajos niveles de los conocimientos, los elevados costos de matriculación y el progresivo aumento de las tasas de admisión; podrán exigir asimismo la mejora de la calidad “interna” y una garantía de la calidad “externa” para aproximar la enseñanza y el aprendizaje a las necesidades de la sociedad y del mercado de trabajo, también que se reduzcan las diferencias en los niveles de competencias de los titulados universitarios entre las distintas universidades y, mantener y mejorar la calidad de la enseñanza superior en beneficio de los usuarios. Por otra parte, hay que exigir la supervisión y el control gubernamental de financiación de las universidades; y la gestión transparente y eficaz de los presupuestos públicos a fin de garantizar el uso eficaz del dinero de los contribuyentes y, que se ponga freno a la mercadotecnia de la educación superior (tal como la define la UNESCO), asegurando la calidad de los programas, la calidad y excelencia de nuevos títulos prestigiosos, necesariamente más caros y que estos “centros de excelencia” en la enseñanza superior tengan reconocimiento internacional; si bien solo una parte de los centros de enseñanza superior en el mundo pueden ser centros de excelencia a nivel internacional.

Señores Estudiantes

  • Dado que las universidades no son inmunes a la corrupción ni al clientelismo y la manipulación, especialmente si están vinculados a conglomerados que reciben de ellos gran parte de su financiación. Ustedes deberían exigir que las universidades que operan con recursos financieros del Estado deberán garantizar el uso eficaz del dinero de los contribuyentes, como el caso de los gastos de capital, de los gastos de funcionamiento y de los gastos corrientes. Además, que se establezcan controles de las actividades y comportamientos de alto riesgo que constituyen amenazas para la calidad de los bienes y servicios educativos, en particular sobre la inadecuada rendición de cuentas, el predominio de grupos de intereses creados y las elites tradicionales demasiado tecnocrática y alejada (que protegen sus ventajas y aseguran sus altos estipendios, premios para viajes, comisiones por equipo e inclusive el pago para un auto lujoso, etc. lo que supone un considerable despilfarro que le cuesta a la sociedad), incluida la falta de información, los sindicatos de profesores, el fraude académico y la limitada difusión de los conocimientos. La suma de todo ello puede ser la incapacidad de preparar a los estudiantes para el mercado de trabajo, sin tener en cuenta sus propios puntos fuertes y sus propias prioridades, “mientras que las intenciones y los objetivos son frecuentemente borrosos”. Otro factor determinante por considerar, Señores Estudiantes, son los controles ineficaces o insuficientes, tanto cualitativa como cuantitativamente, sobre los sobornos y las comisiones en la contratación y promoción de profesores e investigadores, muchas veces sin cumplir íntegramente procedimientos abiertos, transparentes y competitivos o sin establecer un código de conducta básico o un conjunto de criterios de calidad accesible al público para la contratación, por no hablar de la normativa laboral por la que se rige el personal académico.

Señores Estudiantes

La universidad por su carácter social y cultural —basado en el conocimiento en favor de la educación, de la formación y de la investigación, de cuyos frutos se beneficia toda la sociedad y contribuye a la calidad de vida de los ciudadanos— se debe considerar como un “bien público”, universal y un derecho humano fundamental. Al ser un bien público, universal y un derecho humano fundamental, y por su carácter social y cultural, debe primar la gestión transparente, sobre todo porque la principal fuente de financiación de las universidades en materia de investigación y enseñanza son los fondos públicos, y los fondos públicos son “sagrados”. Las universidades que operan con recursos financieros del Estado deben garantizar el uso eficaz del dinero de los contribuyentes, como el caso de los gastos de capital, de los gastos de funcionamiento y de los gastos corrientes. Prevenir y reducir la corrupción en la enseñanza superior tiene como objetivo no solo mejorar la calidad y aproximar la enseñanza y el aprendizaje a las necesidades de la sociedad y del mercado de trabajo, sino también reducir las diferencias en los niveles de competencias de los titulados universitarios entre las distintas universidades.

Señores Estudiantes

Ustedes tienen el derecho de exigir la excelencia o el aseguramiento de la calidad de los servicios prestados, incluidos los métodos de enseñanza, por ejemplo en una determinada facultad o en lo relativo a lenguas ( que se garantizan sistemas transparentes de garantía de la calidad más allá de sus fronteras o un sello de calidad extranjero en una disciplina determinada para los niveles de máster y doctorado o evaluaciones o acreditaciones conjuntas con otras agencias) o en la contratación pública del sector educativo, por ejemplo, en la construcción y el mantenimiento de centros superiores. También pueden demandar a las universidades o mejor a las personas que toman decisiones, que planifican y administran, no solo un comportamiento ético y responsable en todas sus actuaciones e iniciativas sino también a cumplir con todas las leyes aplicables y con las políticas y directivas anticorrupción. Por ejemplo, en los mecanismos de financiamiento, la gestión del profesorado, las contrataciones públicas, la producción y distribución de libros de texto y comidas escolares, el fraude académico y la corrupción derivada de las clases particulares. Las universidades han de hacer gala ante todo de una utilización eficaz de los recursos existentes para poder acceder a una nueva financiación. Ello solo puede lograrse con un nuevo planteamiento basado en la responsabilidad de las universidades ante la sociedad en su conjunto, manteniendo su orientación hacia una educación orientada a la competencia y relacionada con los resultados y la introducción de sistemas internos de garantía de la calidad que sean válidos en todos los sectores y aplicables a todas las titulaciones, por un lado y, por el otro, la tendencia hacia una buena gobernanza de la educación, la transparencia y un comportamiento ético y honesto, y, por último, la necesidad de medidas específicas para prevenir y reducir el número de situaciones que generan corrupción y las capacidades de supervisión (auditorías financieras y encuestas de seguimiento del gasto público, reglamentos financieros claros, un reparto transparente de las responsabilidades, sistemas limpios de contabilidad y mecanismos de control y auditoría, es decir un diagnóstico eficaz).

Los estudiantes deben ayudar a transformar la sociedad del conocimiento para imprimir impulso al proceso de elaboración de contenidos y transparencia y las universidades deberían estar al servicio del interés público y del objetivo del bienestar social.

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El nuevo Gobierno se enfrenta ahora al reto de modernizar su “industria del conocimiento”, en particular sus universidades. Invertir más y mejor en la modernización y la calidad de las universidades para hacer frente a la competencia internacional en materia de talento, prestigio o recursos en un entorno abierto, competitivo y cambiante e implementar estrategias orientadas a obtener resultados para reducir la corrupción (o estos comportamientos no éticos). Incrementar la transparencia y responsabilidad en la gobernabilidad significa invertir directamente en el futuro de Colombia y de los colombianos: conseguir un nivel de calidad regional, mejorar la gobernanza e incrementar y diversificar la financiación (véase Comunicación de la Comisión Europea titulada, El papel de las universidades en la Europa del conocimiento).

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