Estupidez tradicional

Andrés Rosales U.

Estupidez tradicional

@ARosalesU

Estupidez tradicional Columna de Andrés Rosales U. Clic para tuitear

Con la elección del nuevo contralor puede que empiece  a desenrollarse  la alfombra roja para Gustavo Petro hacia a la presidencia de la república en el año 2022. Y la artífice de esta hazaña será la clase política tradicional. Sin  el menor disimulo se ha abalanzado como buitre sobre el cargo de contralor demostrando su muy particular  concepción del estado al que entienden como  una torta que se reparte por porciones. Sigue así  regalándole  estúpidamente argumentos a la izquierda para justificarse  como redentora ninguneada, ávida  de una oportunidad para demostrar ser la única capaz de cambiar el estado de cosas. A esa misma izquierda  que ha  probado  ser tan o más corrupta que la clase política tradicional. Lo demostraron en Bogotá, primero con Samuel Moreno, protagonista del mayor escándalo de corrupción en la historia de la cuidad, y después con Gustavo Petro, un suscriptor compulsivo de contratos ilegales.

Lo demostraron en Bogotá, primero con Samuel Moreno, protagonista del mayor escándalo de corrupción en la historia de la cuidad, y después con Gustavo Petro, un suscriptor compulsivo de contratos ilegales. Clic para tuitear

Pienso, y así lo he manifestado anteriormente desde esta tribuna, que sobre el futuro del país  se cierne una gran  borrasca, una terrible  amenaza  que anuncia una tragedia  que todavía puede evitarse. Es la nube negra de la izquierda, que en doscientos años de historia no ha podido llegar a la presidencia de  Colombia, que este sentido viene a ser una rara excepción en latinoamérica,  azotada en varios momentos de su historia por  esa verdadera plaga, una ideología estruendosamente fracasada, especialista en multiplicar  pobreza y devastar países enteros. Aunque lo sucedido en Bogotá con la izquierda, otro fracaso más que se suma a la lista,   habría sido más que suficiente para sepultarla, un salvavidas  le fue arrojado por quien menos  se esperaba. Paradójicamente Juan Manuel Santos, ejemplar prototípico de lo mas odiado por  la izquierda radical,  resultó quizá su mayor benefactor en la historia política del país. A Santos le debe su fortalecimiento sin precedentes en los últimos ocho años, de dos maneras: por su pésimo gobierno, corrupto a más no poder, y por todo el espacio y  las concesiones  que debió hacerle para propiciar la firma del acuerdo de paz.

De manera que Petro y los grupúsculos  de izquierda deben estar contemplando  embelesados cómo los más conspicuos representantes de la política tradicional celebran conciliábulos para sellar  el pacto de la elección de  contralor. Son ellos Pastrana, Gaviria, Vargas Lleras, los jefes del  partido conservador (reducido desde hace varios años al triste papel de la prostituta más codiciada del país). Pero también  Álvaro Uribe, lo cual  es realmente decepcionante, por mas acuerdos de gobernabilidad que quieran alegarse. Ahora bien, nadie vería  inconveniente en que todos estos se aliaran  para elegir contralor, sino fuera porque  el casi seguro resultado de ese pacto vaya a ser la elección del  señor Carlos Felipe Córdoba, un personaje francamente deplorable.

Fernando Londoño Hoyos, en su programa radial del viernes último, y la  ex contralora Sandra Morelli, entrevistada por Londoño ese mismo día, se explayaron generosamente sobre este personaje y por conducto de ellos nos enteramos de sus credenciales. Su carta  de presentación  es nada menos que una estrecha amistad con el ex fiscal Luis Alfonso Montealegre, uno de los individuos mas abominables que haya ocupado un alto cargo en el país.  También es muy cercano al  ex fiscal Moreno y al ex magistrado Ricaurte, de trayectoria criminal ampliamente conocida. Y la cereza del pastel es que  también   fue en su momento muy cercano a Juan Manuel Santos…

Su carta de presentación es nada menos que una estrecha amistad con el ex fiscal Luis Alfonso Montealegre, uno de los individuos mas abominables que haya ocupado un alto cargo en el país. Clic para tuitear

Criticaba Londoño que siendo Córdoba el actual director de la Federación Nacional de Departamentos pase, como contralor, a fiscalizar la gestión de sus actuales jefes, los gobernadores del país. Lo dice todo que el contralor en cierne  no tenga inconveniente en dejarse elegir  a sabiendas del catedralicio conflicto de intereses que esto le genera. Pero eso no importa. Ya se volvió costumbre, y no es casualidad, que personajes de  dudosa reputación sean precisamente los elegidos para ocupar  los cargos de fiscalización y control.

Cumplido  el sueño de ver a Juan Manuel Santos fuera del poder, la felicidad  duró muy poco. Menos de quince días después de la posesión del nuevo presidente asistimos  estupefactos al  espectáculo decadente de la elección del nuevo contralor. Garantía plena de  que contralor  habrá, así sea nominalmente, de que va a seguir el festín  de  los fondos públicos   y de que el camino de la izquierda hacia la presidencia de la república se hace cada vez más expedito gracias a la estupidez de los partidos tradicionales.

Articulos Relacionados