Felipe IV, Colombia y los Males del Estado

Juan Camilo Vargas

Felipe IV, Colombia y los Males del Estado

@JuanCVargas98 

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No soy partidario de esa corriente que afirma que la historia es sólo una secuencial repetición de acontecimientos y que estamos condenados a repetir las formas de antaño, pero con un contenido diferente. Considero que a pesar de los vínculos que existen entre los sucesos históricos y algunos hechos del presente, la historia es completamente modificable y está sometida a las acciones que algunos valientes emprenden para redirigirla hacia otras direcciones. Sin embargo, debo resaltar también la estrecha relación que hay entre los acontecimientos del Reino de España y su rebelde e independiente ex-virreinato, la República de Colombia. El curso de la historia entre estas dos naciones ha actuado de manera homogénea con la única diferencia de los tiempos y los protagonistas, pues el contenido se ha mantenido casi inmodificable.

Considero que a pesar de los vínculos que existen entre los sucesos históricos y algunos hechos del presente, la historia es completamente modificable y está sometida a las acciones que algunos valientes emprenden para redirigirla Clic para tuitear

Es así como paso de narrar acontecimientos del 2018 para regresar al siglo XVII y contar la historia de un polémico personaje que tuvo la fortuna de dirigir el, por aquel entonces, Imperio Español. Corría el año de 1621 cuando asumió el trono de la corona española, destacando aquí el hecho de que era ya el Siglo de Oro Español, el monarca Felipe IV, penúltimo entre los Austria y llamado «El Grande» recibía un Imperio consolidado, de enorme extensión, con problemas, pero de fácil solución. Iba y venía el oro desde los virreinatos en la América española, fluía responsablemente la economía (aunque duraría poco esa responsabilidad) y todo parecía apuntar a que España lograría enfilar su empeño para imponerse nuevamente como la mayor potencia en el mundo conocido.

Sin embargo, es curiosa la historia del monarca, quien durante gran parte de su reinado no manejó los asuntos por su propia cuenta sino bajo la influencia del Duque de Olivares, invirtiendo su capital en guerras inútiles, gravando cada vez más a la ciudadanía para costear sus causas bélicas y despilfarrando en obras, representaciones y pomposos desfiles por las calles y plazuelas de la ciudad real. La burocracia de la corte, esa que todavía se mantiene en los países herederos de España, era de dimensiones absurdas, creando nuevos puestos y eligiendo nuevos miembros a costa de la altísima carga tributaria que soportaban los súbditos del rey. Mientras todos los fondos se desperdiciaban inútilmente en campañas, tercios y sinsentidos del monarca, los puestos crecían y crecían, creando un Estado lleno de cargos y agencias que al final del día no lograban nada.

Paralelamente, cuatro siglos después, una República que lleva más de 200 años tratando de organizarse y experimentando con modelos para encontrar el orden interno refleja en todos los aspectos a la corte del rey Austria. Un hueco en el fisco motiva al dirigente y su gabinete a gravar más productos, a crear nuevas cargas, pero los que desangran el Estado desde UTL´s improductivas, asesorías y agencias que sólo sirven para arrebatarle los recursos al Estado, el desfile de funcionarios que viajan por doquier simplemente para tomarse la foto y presumir de una labor social que nunca han cumplido, siguen ahí. La promesa de «adelgazar» el Estado no aparece como algo viable y el Gobierno de turno no busca alternativas solidarias y responsables que puedan evitar gravar aún más a un pueblo que de por sí ya no sabe cómo sobrevive con un salario mínimo.

Cuatro siglos después, una República que lleva más de 200 años tratando de organizarse y experimentando con modelos para encontrar el orden interno refleja en todos los aspectos a la corte del rey Austria. Clic para tuitear

Todos sabemos cómo terminó el reinado de Felipe IV, caído en la desgracia y con un heredero al que llamarían «El Hechizado», del que sobra la explicación. Cuando se pensaba que llegaba a la Corte el que restauraría el poder de España sobreponiéndose a los obstáculos, un estadista de talla mundial, terminó el Imperio peor que antes. En eso consistía esa España del «sálvese quien pueda», donde los veteranos espadachines y soldados de los tercios de Flandes se veían obligados a alquilarse por un par de maravedís, los versos y las coplas eran más valoradas que el trabajo y mientras que un famélico pueblo luchaba por mantenerse en pie, el rey cambiaba de jubón cada día para ir a cazar u organizar festines tan extravagantes como aquellos bien conocidos en Madrid cuando el Duque de Buckingham y Carlos Estuardo se aparecieron de la nada en la casa del embajador Inglés.

He ahí la reflexión, la lección de historia para poner a trabajar la mente y ponderar el futuro que nos depara en Colombia con el actual Presidente y sus decisiones. No estoy prediciendo nuestra historia, tampoco aseguro lo que pueda o no pasar, simplemente evoco paralelos que expliquen acciones estatales y comportamientos gubernamentales en esta República nuestra. Que sea el tiempo el que nos deje saber cuál será el camino que recorrerá esta Patria.

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