Libre desarrollo del abuso a la comunidad

Fabian Mendoza A.

Libre desarrollo del abuso a la comunidad

@fabianmendoza

Libre desarrollo del abuso a la comunidad Columna de Fabian Mendoza A. Clic para tuitear

Esa gente que aparece en medios apoyando el “libre desarrollo de la personalidad”, rasgándose las vestiduras en protesta por las normas de protección a la niñez recientemente implementadas por parte del gobierno, y que defienden su posición de consumidor recreativo, no son la norma, todo lo contrario, son la excepción a la regla.

Son lo que en el fenómeno de la prostitución serían las prepago VIP, que cobran US$200, US$300 por el rato o US$1.500 por la compañía “allinclude” del fin de semana, permitiéndoles obtener prácticamente sueldo de vicepresidente de multinacional y de esa forma darse los lujos del mundo. Por supuesto esas tarifas pueden ser relativas, pero claramente existe una “élite” de la prostitución que cobra cifras similares, con lo que terminan viviendo en una burbuja de lujos y banalidades, que les impide discernir que su realidad, ventajosa para ellas, así no sea permanente en el transcurso de su existencia, no es la realidad de la inmensa mayoría de sus colegas de ocupación. La norma, es que la prostituta que predomina en ese duro mundo es la que escasamente gana para pagar la pieza donde ofrece sus servicios, y come tal vez un par de veces al día. Eso, si no tienen ya uno o dos hijos. Ahí la ecuación de supervivencia se complica. No habría que soportarse en cifras oficiales, para reconocer que así funcionan las cosas en ese mundo.

En el campo del consumo de drogas, se presenta una situación similar. Por lo general los consumidores de droga no lo hacen como un acto recreativo. O mejor dicho sí, pero ese acto de recreación no es el que defienden los intelectuales y líderes de opinión que vemos en los medios que, al individualizarlo con su experiencia personal, lo relacionan más con una tertuliaintelectual de fin de semana, acompañada de vino, chimenea, lomo al trapo y las ideas más recurrentes. Ese acto de recreación, para otrostiene más un entorno oscuro, deprimente, triste. En buena medida es más probable la norma en la que el consumidor está hundiéndose en un mundo degradante, en el que la pobreza y la desesperanza de no tener un futuro, tienen como salida el consumo de drogas.

Para ese consumidor, por lo general de extracción humilde, pero no exclusivamente, el consumo de droga es un acto “recreativo” que lo excluye imaginariamente de esa realidad dura que le ha tocado, pero cuando regresa de su viaje, encontrará que no sólo no ha salido de su duro azar, sino que, por el contrario, estará unos pasos más, dentro de ese túnel de perdición. Lo otro es que ese consumidor humilde, fácilmente inicia el consumo a muy temprana edad, y eso no le permite tener ni el criterio, ni la madurez, ni la voluntad para controlar su vicio,además que mientras más temprano se inicie, más fácil le resultará ceder ante la curiosidad de probar drogas más fuertes, por eso es un error trivializar el consumo de marihuana con el pretexto de que el bareto es inofensivo, cuando en realidad es la puerta de entrada de algo peor.

Es así que, aunque pareciera muy loable (seguro así lo creen muchos), ese debate del “libre desarrollo de la personalidad” defendiendo el consumo de drogas, lo cierto es que el contexto de quienes lo defienden en los medios es muy diferente al del consumidor promedio.

El tema en realidad raya en el cinismo. Las personas que se indignan cuando escuchan esas historias de abusos de empresas tecnológicas que esclavizan trabajadores en Asia, sometiéndolos a condiciones infrahumanas, o les parecen horrorosas esas historias de la industria de la moda con tratos similares para sus empleados o que realizan procesos industriales que son un atentado criminal a la naturaleza y el medio ambiente, pero al tiempo compran esos productos, son muchas veces las mismas que defienden el “libre desarrollo de la personalidad” y su derecho a moldearlo a punta de perico, popper, MDMA, bazuco, etc. Son solapados e hipócritas éticos.

¿O será que creen que la “industria” de la droga si tiene estandarizados con certificación ISO 9001 2015 o 14001 sus procesos “industriales”? ¿Será que creen que esa industria tiene un robusto Sistema Integrado de Gestión, que les permite ofrecer sus servicios con los más altos estándares de calidad, tanto para sus “trabajadores, como para sus “clientes”, “proveedores” y consumidores, al tiempo que son amigables con el medio ambiente?

Claramente saben que no es así. Normalmente los que están en contra de la medida implementada por el presidente Iván Duque, tienen muy claro cuál es el trasfondo de ese mundo. Tienen muy claro lo que está detrás de cada dosis que se meten el fin de semana. Saben que posiblemente, en la cadena que lleva, a que una mata de coca se convierta en esa papeleta que le compra al jíbaro de confianza, uno o varios murieron por llevársela del campo a su nariz. Clic para tuitear Lo saben, pero no les importa, se hacenlos locos ante esa realidad, porque tienen derecho al libre desarrollo de su personalidad drogodependiente, porque la droga es parte fundamental de su esencia, de su visión del mundo, es más, alimenta esa visión, y tal vez creen, que eso los blinda de la responsabilidad moral y ética que implica, el hecho de financiar esa cadena de muerte y destrucción, que tanto daño le ha hecho a nuestro país.

Son personas funcionales. Consumen droga en la noche de un jueves, y en la mañana del viernes están en sus trabajos como si nada, o preparando con su unidad legislativa el próximo proyecto a radicar en el Congreso. Y el hecho de ser funcionales les da derecho a desconocer que otros, metidos en ese mundo, no han contado con la misma suerte, y que pueden estar en algún punto de una espiral degradante que los ha llevado o llevará a perder su familia, su trabajo, sus amigos, y no sabrán si la siguiente cosa que pierdan, con su próximo pase, sea su vida.

Peor aún. Esos consumidores recreativos, creen que tienen derecho a poner en riesgo el futuro de un niño que no conocen, pero que, en cualquier parque, de cualquier municipio del país, está a punto de recibir su primera dosis de perico, su primer plon de marihuana, o su primer brownie cargado, en virtud de que cualquier distribuidor de droga tiene la posibilidad de repartir a diestra y siniestra sus muestras gratis de “libre desarrollo de la personalidad”, como lo venían haciendo antes, sin Dios ni ley. Para ellos la situación de ese niño en contraposición a su derecho amerita un “de malas”.

Y omiten en su mente, que las personas reaccionan diferente al consumo de drogas, y que no hay forma de saber si ese niño o adolescente se convertirá en un adulto “consumidor recreativo” funcional, si rechazará la droga, por cuenta de una primera pésima experiencia y no volverá a consumirla, o será el próximo habitante de la calle que tendrá como hogar un caño o puente de su ciudad. No importará el nivel socio económico, esas serán las posibilidades para ese niño, para ese adolescente. Pero saber cual le tocará será una completa lotería.

Entonces ¿por qué no evitar con esta y otras medidas que se implementarán próximamente, conotros enfoques de protección como la salud, la educación y la prevención, que los jóvenes accedan a la droga fácilmente y a temprana edad?

Lo que se busca con estas medidas es que el acceso a la droga sea cada vez más difícil, en especial para los más vulnerables. Porqué hoy las cosas son muy diferentes.

Recientemente la Fiscalía lanzó una campaña a nivel nacional en contra del tráfico de drogas en las universidades, dando como resultado la captura de más de 160 distribuidores de droga.

Las redes de distribuidores estaban infiltradas al interior de las universidades, y así mismo, la Fiscalía infiltró sus propios agentes encubiertos en las instituciones, los cuales al mejor estilo de esa serie de los 90’s, “21 Jumpstreet”, se hicieron pasar por estudiantes adictos, para comprar droga. Los pedidos se hacían normalmente vía WhatsApp.

Al estilo de un restaurante de comidas rápidas, los jíbaros tenían incluso estrategias de mercadeo con promociones por la entrega a domicilio del tipo: “si su pedido no llega en 30 minutos es gratis”.

Las grabaciones que se filtraron a los medios personalmente me dejaron perplejo.Me costaba trabajo pensar que las personas que se escuchaban hablar en esos audios eran universitarios (Porque tanto el jíbaro como el comprador lo eran), y no indigentes del ex Bronx.

Según lo trascendido en medios, parte de los capturados también distribuían drogas a niños en los colegios. Es que al parecer en estos momentos el mejor negocio para los carteles de la droga se llama “Narcomenudeo”.

Ya no somos únicamente un país productor de droga. Ahora también somos un país consumidor. La explosión de drogas como la coca, gracias a las más de 200.000 hectáreas sembradas de la mata, tiene la consecuencia obvia de la producción exponencial del producto final. Y eso tiene como resultado también, la invasión en nuestras calles de esa droga, la que ahora no solo se exporta, sino que resulta más rentable si se comercializa al consumidor local. Si se suma a esa explosión la de las drogas sintéticas, la situación empeora exponencialmente.

Como lo explicó el concejal de Bogotá por el Centro Democrático, Daniel Palacios, en días pasados al programa “La Noche”, el microtráfico es un “negociazo” dadas sus cifras.

Producir 1 kilo de coca cuesta: COP $2’500.000.

Vendido para al mercado internacional le representa al narco local COP $95’000.000.

Sin embargo, usando ese mismo kilo para narcomenudeo en Colombia, el cual es convertido en 4 kilos, gracias a que se rebaja su “calidad”, representará unos COP $225’000.000.

Los ingresos para los carteles de la droga, por concepto del narcomenudeo ascienden a 6 billones de pesos según se reveló semanas atrás, en el especial “Lluvia de coca” del programa Séptimo día.

Es un abuso desconocer que esta sobre oferta de droga en las calles del país hace que el consumo se dispare, pero esto ya no es un problema de las grandes ciudades. De hecho, es en los municipios más pequeños en los que el control estatal es más precario, donde ese narcomenudeo hace su agosto. El consumo de droga ya es básicamente una epidemia nacional, presente en el más recóndito lugar del país y amenaza como ya lo adviertenalgunos con provocar la pérdida de una generación de jóvenes.

El problema es absolutamente preocupante y las medidas que se implementen para salirle al paso serán pocas. En lo único que coincido con estos consumidores recreativos, es en que esta medida no soluciona el problema. Por supuesto, pero es que nadie dijo que lo hiciera. La Ministra de Justicia ha sido enfática en decir que esta no es una política de salud pública y que el Ministerio de Salud será el encargado de presentar las propuestas específicas para combatir en ese frente. Lo que se ha dicho es que la medida en realidad lo que busca es dar un procedimiento concreto a lo estipulado actualmente, en el código de Policía que de hecho ya prohíbe el consumo de alcohol y drogas en espacios públicos.

El tema es tan sencillo como que, si a la gente le parece normal que se prohíba que alguien consuma alcohol en el espacio público, o que incluso tenga sexo en público, ¿por qué entonces ahora el consumo de droga debe tener un tratamiento preferencial, diferente al que se le da a otro tipo de conductas reprochables?

Cada uno es libre de desarrollar su personalidad como quiera, siempre que no incomode o se atraviese con los derechos de otras personas, especialmente si se trata de niños jugando en un parque. Clic para tuitear El problema es cuando la defensa de ese derecho desconoce la tragedia que implica para un adicto y su familia, no importa el estrato, pero particularmente los más humildes. La desdicha de la drogadicción acaba con una familia, con su honra, con su alegría. Un adicto crónico en una familia debe ser como un mal, hermano menor del secuestro.Debe ser insoportable lazozobraconstante de no saber cuándo se le irá la mano con una sobredosis. Lo indignante es que los consumidores recreativos funcionales siempre que no les toque esa realidad de la droga, de sus consecuencias, les parezca lo más normal del mundo patrocinar un cartel de las drogas y se crean con el derecho de practicar su libre desarrollo del abuso a la comunidad.

Eso sí, algo muy importante es que la medida debe ser un primer paso que ponga un palo en la rueda al narcomenudeo, y por ende a la expansión del consumo local, pero como lo denunció José Manuel Acevedo en su última columna de la Revista Semana, el segundo paso tiene que ser la regulación de la peligrosa ambigüedad en la jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia, en virtud de la cual los jíbaros hoy pueden alegar ante un juez, como ya lo hicieron en el pasado que esos kilos de marihuana y/o de coca, son en realidad su dosis de aprovisionamiento, y con esta excusa quedar en libertad, de manera sistemática, como el ejemplo de Acevedo en donde un par de jíbaros, quedaron libres más de 40 veces con el mismo pretexto. Increíble.

Seguramente Duque sabe esto, pero prefirió avanzar con este decreto mientras se prepara para dar esa otra batalla, que debería ser fácil ante toda lógica y sensatez ética, pero que, dados los últimos acontecimientos en las entidades de justicia del país, que ofrecen prebendas a los violadores y traficantes reincidentes insultando tanto las víctimas,como la inteligencia del ciudadano honesto, parece que será otro desgaste político-institucional al que su gobierno deberá hacer frente.

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