Los Males de lo Relativo

Juan Camilo Vargas

Los Males de lo Relativo

@JuanCVargas98 

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Es imposible leer a Platón, ver el juicio contra Sócrates, su determinación por aferrarse a un conjunto de valores que terminarían por acarrearle la muerte, y no pensar ¿qué nos pasó? Al emprender nuestro viaje revolucionario en Francia, cuestionando las maneras monárquicas de opresión y homicidios sistemáticos y arbitrarios, pero emulándolas para poner la cereza en el pastel y llamarle a ese logro «liberalismo», en ese instante morirían secuencialmente los vestigios de nobleza y virtud pura que Ortega y Gasset llamase «nobleza». No me refiero aquí a un titulo nobiliario ni a la defensa o sustentabilidad de estos, sino a la imposición de obligaciones y responsabilidades superiores que caracterizaron a los hombres virtuosos de antaño. Con la Revolución Francesa ganamos la libertad, la igualdad y la fraternidad a cambio del sacrificio de la filosofía caballeresca y el ideal de la superioridad moral.

A partir de entonces la excepción ha sido la confirmación de la regla, el ideario colectivo de unos principios fuertemente marcados e inamovibles ha sido reemplazado por la relatividad y la coyuntura. No existen ya generaciones, naciones y hombres que posean en conjunto una moral definida e inalterable, sólo ejemplos de individuos destacables que se han batido contra la modernidad para rescatar las ideas y los postulados de una conciencia tranquila que no se somete al libertinaje. Es esto lamentable, pues compone la base de la decadencia occidental, afectando profundamente las raíces de una Colombia que surgió con los ideales más puros de la solidaridad y el apoyo mutuo a pesar de que en la práctica nunca haya podido lograr su cometido.

No existen ya generaciones, naciones y hombres que posean en conjunto una moral definida e inalterable Clic para tuitear

La crisis de valores que vive Colombia no es una novedad, no es algo que haya surgido en la última década de la mano con la música, los prospectos de literatura, la expansión materialista o la poca convicción en los principios de las personas. A nuestro País lo aquejan varios males que contribuyen a la expansión de esta crisis y que, de no cambiar el rumbo, precipitarán el cataclismo moral de una sociedad que ya lleva décadas en un declive presuroso y aberrante.

Los colombianos premiamos al que roba, al que mata, al que viola y al que se alza contra el Estado. El acuerdo con las FARC es sólo el reflejo de una sociedad en la que por unos miles de pesos se le pone precio a una vida, que aplaude a los que delinquen y salen impunes, una sociedad que alaba «al vivo» y menosprecia al que sigue las reglas. Estamos en un País en el que todos buscan meterse adelante en las filas, sacar ventajas de las situaciones que afectan a los demás y procurar el éxito y el triunfo individual, aunque haya que pisotear a los demás. Pero tan pronto como se pone un pie en el exterior, inmediatamente el colombiano actualiza su manual de urbanidad y buenas maneras para convertirse en el más educado ciudadano global, aunque tan solo unas horas atrás le vociferaba a quienes en el aeropuerto de Bogotá lo atendían, diciendo «¿Usted no sabe quién soy yo»?

Hacer de nuestros principios algo relativo y maleable se ha convertido en algo tan común que ya no existen el honor y la palabra. La consecuencia la vivimos día a día con una serie de insípidos personajes políticos, empresarios y hombres que buscan salvaguardar sus intereses antes de consentir el deber con la Patria y la firmeza en unas ideas claras e inamovibles.

Si Colombia se haya inmersa en una crisis de todo tipo, se debe a las personas y no a los gobernantes. Si faltan la moral, la convicción y los principios, no puede esperarse de una sociedad más que su decadencia. La necesidad apremiante de retomar las buenas costumbres y no descuidar la formación de las nuevas generaciones es apenas fundamental para garantizar un futuro exitoso que nos pertenezca y nos permita llenar de glorias a este País que tanto amamos.

Si Colombia se haya inmersa en una crisis de todo tipo, se debe a las personas y no a los gobernantes. Si faltan la moral, la convicción y los principios, no puede esperarse de una sociedad más que su decadencia. Clic para tuitear

Nos pasó que nos olvidamos de lo básico, que dimos rienda suelta a nuestras pasiones y anhelos sin tener el suficiente coraje para ser nuestros propios dueños y regular nuestras acciones. Nos pasó que antepusimos el beneficio individual al colectivo y optamos por hacer a un lado nuestros principios. Mientras no se recomponga el camino de la fidelidad y la lealtad en el ideario de la cultura colombiana, estaremos condenados a enfrascarnos en las mismas crisis que nos han desposeído de muchos triunfos durante décadas.

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