Los tres Mosqueteros

Jaime Hernández

Los tres Mosqueteros

@JimHernandezG

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El exgobernador del Atlántico y exSenador Eduardo Marino, tenia una frase para todo. Una que mantendrá vigencia es: “No hay notables sino notorios”. Uno de esos notables fue el fallecido exministro Humberto Salcedo, cuya familia hace unos días cumplió con una voluntad que el había postergado. Entregarle  a la campeona de Ajedrez Nacional Isolina Majul, la muy completa biblioteca del juego ciencia que este había reunido a lo largo de su vida.

Humberto Salcedo Collante no solo fue un brillante Alcalde de Barranquilla y  controvertido Ministro de Obras Públicas. Además fue ávido lector, polemista, enterado columnista, empresario, principal socio y gerente de su prestigiosa firma de Ingenieros y sobresaliente jugador de Ajedrez.

Con Eduardo Marino y Humberto Salcedo  y  otros destacados dirigentes barranquilleros mantuvimos una Tertulia por algo mas de doce años. De esta hicieron parte también, durante breve tiempo, desde su retorno del exterior, el exministro y exgobernador Francisco Posada de la Peña; el prestigioso abogado, jefe político, exrepresentante a la Cámara y miembro de la Asamblea Constituyente de 1.991 Carlos Daniel Abello; el exitoso empresario Alfredo de Castro, asiduo asistente a las entretenidas reuniones; y el exgobernador, exministro, y exSenador Próspero Carbonell McAusland.

Este último junto a Pacho Posada y Eduardo Marino, integraron el pequeño grupo de tres  jóvenes y brillantes dirigentes nacionales, que en el ámbito local fue conocido, por su papel independiente y confrontacional a la dictadura de Rojas Pinilla, como: Los tres Mosqueteros.

Esa dictadura interrumpió nuestra historia democrática, cuyo único quebrantamiento en 200 años fue el golpe de Estado que el General encabezó contra el gobierno conservador de Laureano Gómez, elegido en 1.950.

Para la fecha del golpe, Próspero Carbonell, era gobernador del departamento del Atlántico. Con tan solo 28 años había sido designado por el Presidente Gómez, de quien era Secretario privado, con el encargo de resolver una disputa política en el departamento.

“Señor Carbonell: Cuenteme una cosa, cuanto le mandan a usted para su manutención?” Así inquirió el indiscutido jefe conservador al joven estudiante. Respuesta: “Cinco pesos Dr. Gómez”. A lo que Laureano Gómez respondió: “Diga en su casa que de ahora en adelante le manden 2.50 pesos, que le voy a pagar los otros 2.50 porque va a ser mi secretario”.  Esa cercanía con la familia Gómez provenía de su amistad de estudiante con Rafael Gómez, malogrado hijo de Laureano Gómez, tempranamente desaparecido en accidente aéreo. Carbonell se había convertido en allegado a la familia del jefe conservador. Esa cercanía y su capacidad lo convirtieron, no obstante su juventud, en hombre de confianza del ilustre jefe.

En las aciagas horas posteriores al golpe que derribó el gobierno el 13 de Junio de 1.953, el Ministro de Gobierno de Gómez, Lucio PabonNuñez, habia optado por respaldar la dictadura. Y una vez instalada esta, le ofreció a Carbonell, en nombre del general golpista, continuar en la gobernación. Propuesta que fue rechazada por el gobernador.

Luego de cinco años de dictadura del General,  previa una breve transición encabezada por una Junta Militar, gobierno en el cual Carbonell se desempeñó como Ministro de Educación, el país retornó  a la lucha partidista, tras el Pactode Sitges y Benidorm que precedió a la restauración democrática y al sistema de alternancia de los partidos conocido como el “Frente Nacional”.

Durante ese período el indiscutible liderazgo de Prospero Carbonell en el Partido Conservador del Atlántico se consolidó . Producto de esa importancia personal, Laureano Gómez lo nominó con otros ilustres hombres del Partido Conservador a la Presidencia de la República para el periodo 1.962-66, en una lista de cuarenta nombres, que luego redujo a cuatro, integrada además por: Guillermo León Valencia; Jorge Leyva y Belisario Betancur.

Durante el tercer gobierno del Frente Nacional, el Presidente Lleras Restrepo lo designó gobernador del departamento del Atlántico. Más tarde en su periplo vital sufrió sucesivas derrotas electorales en la disputa por alcanzar un lugar en el Senado. Para entonces, había aparecido en el conservatismo del Atlántico la joven figura de Roberto Gerlein. Tras las derrotas, en una nueva elección consigue ser elegido a la Cámara de Representantes.

Quienes lo conocimos y muchos autorizados personajes de la política destacan su liderazgo y su postura apolinea. Para algunos, hacía gala de una cierta sansfacon, que traducimos como actitud flemática; con algo de incomprensible indiferencia. Se distinguía por cierta delicada impostura, tras la cual había un fuerte carácter, una moral recia, un don de mando y sentido del Poder y la política. Un sentido imperial del Poder! como definió su prosapia otro jefe conservador, Clemente Salazar.

Esta breve semblanza es un reconocimiento a ese grupo de hombres extraordinarios. Todos de un brillo personal que los hace irrepetibles. Todos de esta aldea local: Barranquilla o la Costa. Merecedores del calificativo de la primera parte de la frase de Eduardo Marino: Notables!

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