Teología de la liberación, doncella del comunismo Columna de Luisa Gómez Grisales @Lupeins

Luisa Gómez Grisales

Teología de la liberación, doncella del comunismo

@Lupeins

(Recomiendo leer estas líneas, despojados de todo fanatismo y con la objetividad de quien tiene una fe madura en Dios.)

Muchos católicos se han sorprendido con la postura de la iglesia colombiana, frente al acuerdo con las Farc y su protección a criminales de lesa humanidad como ‘Santrich’. Sin embargo, no hay por qué sorprendernos. ¿Tan pronto olvidamos a Monseñor Rubén Salazar poniéndose las botas pantaneras de los milicianos? Rebobinemos la película y tomemos una píldora para la memoria, que antes de la amnesia no todo está perdido.

La iglesia tomó partido hace muchos años. En 1965, durante el Concilio Vaticano II, se firmó el Pacto de las Catacumbas. Un documento en el que participaron varios obispos latinoamericanos, acordando vivir la pobreza y luchar por los desvalidos. Un propósito que suena lindo, pero basaron en lucha de clases. En 1968, el Consejo Episcopal Latinoamericano CELAM se reunió en Medellín, para tratar temas similares y empezar a trazar las líneas de un engendro histórico. Una rara amalgama entre el marxismo – leninismo y la teología, cuyos precursores fueron los primeros curas guerrilleros.

¿Blasfemia?

¡No, señor!

Fueron 10 los sacerdotes españoles que llegaron a Colombia en 1967. A muchos los hemos oído en las noticias cuando mencionan un frente del Eln. Entre ellos, Manuel Pérez y Domingo Laín, a quienes se unieron 19 curas colombianos encabezados por Camilo Torres. A finales de la década fundaron el Grupo Golconda del que participó Monseñor Gerardo Valencia Cano. Este grupillo llevaría la teología de la liberación por todo el país y pronto se alzaron en armas, repartiéndose entre el M-19, el Eln, el Epl y las Farc. Hicieron de la sotana un camuflado y justificaron toda clase de crímenes en su tergiversación del Nuevo Testamento.

Lejos de acabarse cuando los curas cayeron en combate, la doctrina ha mutado según el oportunismo de la época. En la actualidad, el gobierno no usó a los obispos para inculcar el acuerdo a través de la fe. El actuar de algunos es deliberado, coartando a la feligresía que diviniza a los jerarcas de la iglesia, equiparándolos a Dios, el único irrefutable. Monseñores como Monsalve, Urbina y curas como Francisco de Roux, han sido próximos a la guerrilla y pretenden limpiar los crímenes de lesa humanidad invirtiendo la palabra de Cristo.

Han manipulado a través del perdón, con un discursillo en el que los feligreses somos objeto de infierno y condenación, si no perdonamos ciegamente las atrocidades de los cabecillas de las Farc. No importa si no se arrepienten, para ellos, el pobrecito es el narcoasesino. Los verdugos, quienes pedimos justicia. Olvidaron muy pronto los mandamientos. Hicieron de la Palabra de Dios, interpretación de avispados.

Han manipulado a través del perdón, con un discursillo en el que los feligreses somos objeto de infierno y condenación, si no perdonamos ciegamente las atrocidades de los cabecillas de las Farc. Clic para tuitear

Contradicen la caridad que predicó Jesucristo, justificado en el Mandamiento Nuevo años de secuestros, extorsiones, masacres, reclutamiento y violaciones. A la vez, los desplazados por la guerrilla mendigan en la puerta de cada iglesia, sin que la prédica se ajuste a ellos. Bien les vendría a esos pastores repasar los frutos de la obediencia (Deuteronimio 28) y quitarle el parche camuflado a la sotana. Que no se recogen uvas de los espinos, ni higos de los abrojos.

Más vale recordar el sermón del monte. Palabra de Dios por encima de la de los hombres: “También guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros vestidos de ovejas, mas dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis.”

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