La muy volátil política colombiana, el hecho de que los liberales y el partido de la U se hayan declarado de gobierno y de que los conservadores no hayan escogido hacer parte de la oposición al gobierno del cambio, son la mejor muestra de que líderes como César Gaviria, Dilian Francisca Toro, Carlos Andrés Trujillo y sus congresistas, a diferencia de ciertos miembros de su militancia, no soportan estar alejados del poder, de los contratos, de la mermelada, de la corrupción; esa es su razón de ser, su principal motivo para existir.

 

Este nuevo contexto político, con una extrema izquierda que llegará al ejecutivo para repetir las andanzas de sus gestas en la Alcaldía de Bogotá -carrusel de la contratación, emergencia sanitaria por inadecuado manejo de las basuras, contratación de camiones recolectores de basura que se oxidaron en Buenaventura, compra de motocicletas eléctricas para la policía, cero gestión para construcción del metro, entre muchos otros- exige a gritos que el Centro Democrático asuma las banderas de una oposición que recoja el sentir de medio país. Congresistas como María Fernanda Cabal, Paloma Valencia y Miguel Uribe tienen todo nuestro apoyo para seguir trabajando por una Colombia diferente. Fernando Londoño Hoyos y Rafael Nieto Loaiza desde los micrófonos de RCN, deben seguir siendo claros y directos. Nos informaremos con La FM de Luis Carlos Vélez y estaremos ansiosos de los argumentos del Presidente Uribe para contrarrestar lo que se nos viene.

 

Los recientes sucesos durante la posesión del nuevo Congreso muestran que la guachafita ya empezó. Fue vergonzoso ver el actuar de personajes como Inti Asprilla, Iván Cepeda y el mismo guerrillero Lozada, que dice que las víctimas del conflicto deben ser reparadas con recursos públicos porque las FARC ya no existen. Cantinflas debe estar retorciéndose de la risa al oír hablar a este señor, acusado de los peores vejámenes sexuales dentro de las muy vivitas FARC.

 

Quienes estamos del otro lado, el medio país que no votó por el Cacas, debemos prepararnos para 1460 días de folclorismo, de malas maneras, 1460 días de desorden moral y ético. Debemos prepararnos para dejar de ver noticieros para no sucumbir a noticias producidas por la Casa de Nariño, bajo la línea ética del señor Guanumen. El sólo hecho de que Gustavo Bolívar, el libretista del mal, manifieste su profundo descontento con lo que está pasando, es muestra de que las cosas se le salieron de control a Petro desde antes de posesionarse; se repite el pobre balance de su paso por la Alcaldía de Bogotá. Cero gestión, cero ejecución, sólo visibilización para quienes sueñan con que el estado los mantenga y con una “nueva normalidad” ajustada a sus deseos y necesidades. Sodoma y Gomorra llegaron al gobierno, esta inconformidad e incomodidad que sentimos algunos nos tiene mirando destinos lejanos como posibles lugares para desarrollar proyectos de vida futuros.

 

El mismo Roy habla de por lo menos 12 años de gobierno, de proceso constituyente para perpetuarse y parcelar a Colombia a su manera. Los líderes que hemos nombrado antes son los llamados a organizarnos para salir a marchar, para protestar, para expresarle al mundo los atropellos, que al igual que en otros países del continente, han producido  -que sí existe- y el Socialismo del Siglo XXI. Destinaremos hasta el alma a este empeño.

 

Estoy seguro de representar el pensamiento de millones de compatriotas que, al igual que yo, sentimos asco, desesperanza, dolor de patria. Estas líneas se destinarán, como siempre, a defender el orden y las libertades en democracia, apegados a la ley y la Constitución de 1991. No nos cansaremos de escribir en contra de una propuesta política agresiva, que propone el resentimiento y la venganza como ejes de su plan macabro.

 

Llenémonos de valor, paciencia pero especialmente de templanza; los vamos a necesitar ahora que empezó una guachafita a la que no hemos sido invitados.

 

Quienes estamos del otro lado, el medio país que no votó por el Cacas, debemos prepararnos para 1460 días de folclorismo, de malas maneras, 1460 días de desorden moral y ético. | Jorge Eduardo Avila Clic para tuitear
Jorge Eduardo Avila
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Jorge Eduardo Avila Urrea
Abogado - Universidad del Rosario, Bogotá. Especialización en Pedagogía Bilingüe - Universidad Colombo Americana, Bogotá. Máster en Dirección de Centros Educativos - Universidad Villanueva, Madrid, España.
Rector | Gerente Educativo | Directivo Docente | Educador | Catedrático | Columnista | Speaker