34 AÑOS

Orlando Abello Martínez-Aparicio

@orlandoabello 

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Mientras el mundo civilizado conmemoró alborozado los treinta años de la caída del muro de Berlín y su enorme significado en el restablecimiento democrático de Alemania y Europa; en Colombia recordamos con dolor de patria los 34 años de la ocurrencia del acto de barbarie más brutal cometido contra la institucionalidad de la patria: “El holocausto del Palacio de Justicia”. 

El comando guerrillero pretendía someter a un juicio político al presidente Belisario Betancur -erguidos en corte marcial por “autoridad del narcotráfico”- para procesarlo por el “delito” de gobernar el país que lo eligió libre y democráticamente. ¡Demencial!

Tan solo tres días antes (4 de noviembre de 1985) el suscrito había presentado cartas credenciales como Embajador de Colombia en Canadá. En el discurso de aceptación de las mismas, la Gobernadora General de Canadá Madame Jeane Sauve, había manifestado la admiración de su gobierno por la solidez democrática de Colombia y la fortaleza de sus instituciones, al tiempo que reiteró sus votos por el éxito del gobierno del presidente Belisario Betancur.

El comando guerrillero pretendía someter a un juicio político al presidente Belisario Betancur -erguidos en corte marcial por “autoridad del narcotráfico”- para procesarlo por el “delito” de gobernar Clic para tuitear

Podrán imaginar el impacto que me produjo -transcurridas escasas 72 horas- la magnitud de la noticia. No alcanzaba a comprender, y mucho menos a explicar a los representantes del mundo acreditados en ese país y a los propios dignatarios de las ramas del poder de ese país el alcance y los motivos de esta tragedia. ¿Y quién podría hacerlo razonablemente?

Mientras recibía instrucciones de nuestro canciller, Augusto Ramírez Ocampo, observaba atónito las imágenes reproducidas en todos los canales televisivos que mostraban el Palacio de Justicia en llamas y la valiente retoma del mismo por nuestras gloriosas fuerzas militares. 

El trauma de la violencia salvaje impregnado en mi memoria y en mis retinas, solo logró gratificarse por la figura heroica del coronel Luis Alfonso Plazas Vega, salvando la democracia. Sin que él -ni nadie- pudiese sospechar en ese momento que poco tiempo después la distorsión histórica lo colocaría en el banquillo de los acusados y a los criminales en las curules del congreso. ¡Qué horror y cuanta infamia!

Las manifestaciones de solidaridad de las autoridades canadienses y del cuerpo diplomático no se hicieron esperar. Pero a la vez todos -aunados a los requerimientos de medios de comunicación- esperaban una explicación razonable a un hecho irrazonable. 

Notas de condolencia -que yo debía reenviar al gobierno nacional- fueron remitidas por el Primer Ministro Jean Pierre Trudeau (padre del actual Primer Ministro Justin Trudeau), la Gobernadora General y la totalidad del Cuerpo Diplomático acreditado en ese país. Pero en realidad me quedaba una perturbable sensación de impotencia por la imposibilidad de ofrecer a los medios y a las altas autoridades canadienses una versión lógica de algo carente de toda lógica.

Tal vez el único extranjero con capacidad de aproximarse a la triste realidad de lo sucedido fue el Nuncio Apostólico, Ángelo Palma. Dada la casual circunstancia de que había ocupado la misma dignidad en Colombia en 1970, justamente cuando fue elegido Presidente de la República Misael Pastrana Borrero, quien ganó por estrecho margen a su contrincante el General Gustavo Rojas Pinilla.

 Precisamente en la sede de la Nunciatura en Bogotá con la mediación del Nuncio Apóstolico Ángelo Palma y con la participación del presidente saliente Carlos Lleras Restrepo y del propio General Rojas Pinilla, este último decidió patrióticamente aceptar los resultados electorales que le fueron adversos.

En esas horas aciagas recuerdo con dolor al Juez Presidente (Chief Justice) de la Corte Suprema Justicia de Canadá indagando por la suerte su homólogo colombiano, el inmolado magistrado Alfonso Reyes Echandía. Mi respuesta daba cuenta de lo inenarrable: éste y los cuerpos de sus colegas yacían convertidos en cenizas entre las ruinas de la sede incendiada de la Corte Suprema de Justicia Colombiana. 

Ayer como hoy surgen los disidentes que optaron y optan por justificar la creación de estructuras militares delincuenciales para seguir lucrándose con el crimen del narcotráfico y el terrorismo:  Ayer fue el M-19 y hoy las FARC-Segunda Marquetalia.

Ayer sentaron en el banquillo de los acusados al heroico Coronel Luis Alfonso Plazas Vega por salvar la democracia, mientras los victimarios de los jueces de las altas cortes se sentaron en sus curules de congresistas.

Hoy defenestraron al Ministro de la Defensa, Guillermo Botero, por cumplir con su deber, mientras sus detractores fungen como brazo político de los reclutadores de menores dolorosamente sacrificados al haber sido utilizados inescrupulosamente como escudos humanos de peligrosos criminales.

 Mucho ojo con lo que hoy sucede en Colombia. No podemos permitir que se repitan los hechos de 1985. Detrás de aquellos estuvo, alias “Comandante Aureliano”, el mismo que hoy funge como  senador y jefe de oposición.

No exageramos cuando advertimos que algo torcido se cocina en la olla podrida del anunciado paro del próximo 21 de noviembre. Una cosa es el derecho a la protesta y otra la incitación a la insurgencia. 

El Presidente de la República y nuestras gloriosas Fuerzas Militares y de Policía conocen sus legítimos deberes y saben que cuentan con el apoyo ciudadano y de la comunidad internacional. 

Mucho ojo con lo que hoy sucede en Colombia. No podemos permitir que se repitan los hechos de 1985. Detrás de aquellos estuvo, alias “Comandante Aureliano”, el mismo que hoy funge como senador Clic para tuitear

¡Ni un paso atrás en la defensa del orden y de nuestra institucionalidad!

Orlando Abello Martinez-Aparicio
Acerca de Orlando Abello Martinez-Aparicio 26 Articles
Doctor en Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Cartagena. Especialista en Derecho de Sociedades de la Universidad Javeriana. Ex Embajador de Colombia en Canadá. Ex Registrador Nacional del Estado Civil. Ex Congresista. Miembro de la Academia de Historia de Bogotá y de la Sociedad Bolivariana. Abogado asociado en la firma De La Espriella Lawyers Enterprise. Árbitro en las Cámaras de Comercio de Bogotá y de Barranquilla.