A nadie le gusta pagar la cuenta

Julián Buitrago

Julián Buitrago

Para explicar un poco mejor el tema de los impuestos vamos a suponer que somos unos amigos que decidimos irnos de fiesta. El sitio escogido no es el mejor, pero todos tenemos una especie de apego emocional que nos impide irnos para otro lugar. Al momento de pagar la cuenta el grupo se divide más o menos así:

-Los conchudos. Esos que no trabajan, pero siempre creen que tienen derecho a pegarse a todas las salidas sin poner un peso y cada vez consumen más. Ejemplo claro los mamertos que quieren educación, salud, renta básica, pero creen que la plata crece en los árboles, mejor aún, son partidarios de la idea de Petro de imprimir billetes.

-Los hipócritas. Esos que son los más ricos, los que más comen y toman, pero todo lo critican y nunca llevan la billetera, toca invitarlos siempre, como el comediante Alejandro Riaño, beneficiario de las políticas de la economía naranja y a la vez su mayor detractor.

-Los pegados. Estaban en el sitio antes que llegáramos, no tuvieron la gentileza de invitarnos, pero se quedaron con nosotros, eso sí, no liquidaron su cuenta cuando llegamos, hábilmente se la pegaron a la nuestra.

Los santistas Vargas Lleras y Mauricio Cárdenas, protagonistas del mayor festín de gasto público de la historia, que ahora quieren dar clases de finanzas públicas.

-Los llorones. Siempre se quejan, dicen que va a ser la última salida porque ya no aguantan más, insisten en dividir la cuenta por partes iguales, así haya algunos que no consumieron nada. Ahí están todos los que se conocen el estatuto tributario, eluden millones y cada vez son más ricos.

-Los demalas. Los que estaban tomando algún medicamento que les impedía mezclarla con licor, los que tienen que madrugar a trabajar o los que llegaron al final, que no alcanzaron a consumir nada y sin embargo tuvieron que pagar. Esos que apenas están consiguiendo capital y tienen que asumir la mayor parte del costo de la reforma. Mayor retención en la fuente, impuesto al patrimonio.

-Los marranos. Son los que organizan la salida, no se enfiestan porque están pendientes que todo esté bien, recogen la cuenta y terminan poniendo la plata que falta porque siempre hay un vivo que pone menos. Ahí están los empresarios formales, esos que siempre hacen todo al derecho y son los que terminan más clavados en cada reforma.

Todos queremos estar en la fiesta, comer y tomar, pero muy pocos estamos dispuestos a meternos la mano al bolsillo para pagar su costo.

Dicen que es un crimen tocar los ingresos de la clase media o de los pensionados, pero olvidan contar que esas pensiones las pagamos todos. ¿Que trabajaron toda la vida? De acuerdo, pero eso no nos obliga a pagarles mesadas irreales. Los trabajadores de ingresos bajos siempre tienen plata para el celular más moderno, los tenis de moda, las cervezas, la camiseta del equipo de fútbol, pero vaya y dígales que les van a hacer una retención en la fuente para cobrarles una parte de la salud y la educación que reciben. Amenazan con paro indefinido.

Estamos en medio de una pandemia que ha exigido esfuerzos inmensos del gobierno para llevarle recursos a los menos favorecidos. El año pasado tuvimos una contracción sin precedentes de la economía, que afecta los ingresos del Estado. Claro que la administración debe hacer de su parte y recortar gasto público. También es una realidad que los subsidios no se pueden volver permanentes. Nada más perverso que un sistema que privilegie al perezoso y castigue al emprendedor. Pero esta crisis la debemos superar entre todos. Sí, es muy aburridor pagar la cuenta, pero nos toca si queremos que el bar que tanto queremos siga funcionando, si dejamos que solo paguen los “marranos” llega un momento en que se cansan y se van. Y por favor, no salgan con el cuento de que no pagan impuestos porque se los roban, los primeros en robar son ustedes, cuando piden que les cobren algo en efectivo para que les descuenten el IVA o cuando compran artículos de contrabando.

La administración debe hacer de su parte y recortar gasto público. También es una realidad que los subsidios no se pueden volver permanentes. Nada más perverso que un sistema que privilegie al perezoso y castigue al emprendedor Clic para tuitear

Acerca de Julián Buitrago 33 Articles
Administrador de Negocios, economista.