A propósito de las convocatorias a marchar

Julio Mario Salazar Restrepo

Julio Mario Salazar

@JulioMSalazarR

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En estos días estuve viendo un par de vídeos en YouTube, bastante viejos por cierto, de cuando en 1986 por primera vez en Colombia se televisaba un debate presidencial. Luis Carlos Galán y Álvaro Gómez protagonizaron dos debates sobre varios temas de la realidad nacional de aquella época, que me parecieron una increíble bocanada de aire fresco. ¡Qué manera tan elegante de hacer política! Los dos candidatos mostraron un nivel de respeto absoluto por su contraparte, y muy especialmente, por la audiencia en general. Con una sola excepción; en la que Galán le saca en cara a Álvaro Gómez ser heredero de Laureano; los comentarios personales o pullas descalificadoras que buscasen exacerbar emociones en la audiencia, brillaron por su ausencia. Las intervenciones de cada uno se enfocaban en argumentos y explicaban las razones detrás de las posiciones de cada uno, con un nivel de caballerosidad, que francamente se me había olvidado era posible entre políticos. Vi muchas diferencias ideológicas y uno que otro acuerdo. Cuando existían discrepancias, cada uno daba una explicación racional y civilizada que con toda la decencia del caso apelaba a la capacidad de los colombianos de entender de verdad y de tomar posición sobre cómo enfrentar los retos de la nación. Cuando había acuerdos, respetuosamente se lo decían sin temor a ensalzar al contrincante… simplemente se estaba de acuerdo y se percibía un genuino interés por darle prioridad a lo que para Colombia era lo más conveniente. Al final del primer debate, Álvaro Gómez describe el escenario como un ejercicio de contribución a la democracia, y agradece a Galán por el espacio, con una reverencia y humildad, que francamente, mientras recordaba su asesinato, me puso la piel de gallina.

Me puse a pensar cómo percibirían los votantes este debate en aquella época en que yo era solo un niño que poco podía apreciar estas vicisitudes. Bastante aburridos supuse; hasta de pronto desilusionantes; porque lo que se esperaba es que cada uno diera golpes bajos para emocionar a sus seguidores. ¡Pero no!… el objetivo era otro. Lo que se quería era educar al electorado sobre diferentes formas de ver el mundo sin que eso significara que “el otro” es un bandido o un corrupto, que aunque lo fuese, el debate político debía estar centrado en ideología y en esbozar diferentes formas de solventar los retos de una nación. Determinar si el otro es un bandido o un corrupto es relevante en los estrados judiciales, no en los micrófonos del escenario político… entre otras muchas razones, por puro respeto a quienes ven el mundo acorde con las posiciones ideológicas de cada candidato.  

Seguramente no todos los colombianos podían realmente discernir con propiedad si lo que Gómez o Galán explicaban, efectivamente estaba alineado con sus intereses. Otros menos; habrán entendido las reales implicaciones de cada posición. Pero al final, después de un debate como estos, cada uno de los votantes que lo veía sabría un poquito más sobre la forma de pensar de los candidatos. Sin duda, los elementos de juicio del electorado estarían un poco más fundamentados en un razonamiento basado en las elocuentes explicaciones de cada candidato, y no en la rabia que le producían las acusaciones y señalamientos de unos y otros.  

Me pregunto qué sabe hoy en día un votante promedio sobre su candidato (o sobre sus contendores) más allá de ciertos cuentos que clasifican a uno como el bueno y al otro como el corrupto; o la frágil percepción de que uno es, “el cabrón que nos quiere joder”, mientras el otro, “el que sí nos va a defender”.  A eso se redujo el ejercicio político hoy en día: a usar lo mejor posible las redes sociales para difundir versiones dañinas y convencer a los segmentos más manipulables con chismes y verdades a medias sacadas de contexto. Al final, cuando la cosa se sale de control; simplemente con viles mentiras que, al repetirlas mil veces, se vuelven verdades. 

Ahora que veo a los que hace poco fueron candidatos (e inclusive algunos alcaldes en ejercicio) felices convocando marchas que les convienen electoralmente, apelando al hígado de la gente y no a su capacidad de razonamiento; tengo un guayabo horroroso mientras vuelvo a poner el video y veo a este par de “lords” que cayeron en el combate de las ideas, asesinados por los cafres poderosos de este país. Qué bonito sería volver a elevar el debate político al nivel que Álvaro Gómez y Luis Carlos Galán pusieron en aquel lejano 1986 para no tener que oír más a estos políticos histéricos y populistas que hoy en día controlan la realidad nacional…  ¡Y al que le caiga el guante que se lo chante! Ellos saben quiénes son. 

Julio Mario Salazar
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Vivir muchas y diversas experiencias con algo de hedonismo, enriquecerse con lecturas de todo tipo. Estimular la mente y compartir… porque la existencia es una aventura totalmente interior e individual, pero el significado de la misma lo encuentras en tu relación con los demás. Ingeniero Industrial de La Universidad de los Andes y MBA del Instituto de Empresa, pero Economista Político por pasión. Desde VP de multinacional grande, cabeza de empresas tecnológicas pequeñas, hasta funcionario público por puro amor al servicio. He vivido en Estados Unidos, España y Alemania solo por experimentar, ¡pero siempre vuelvo queriendo más a Colombia!