Alcaldesa su amada Bogotá se ha convertido en un templo de la delincuencia y la criminalidad

Martín Eduardo Botero

Martín Botero

¡Despiértense y sean responsables, la casa está en llamas!

Alcaldesa su amada Bogotá se ha convertido en un templo de la delincuencia y la criminalidad. ¡Despiértense y sean responsables, la casa está en llamas! Clic para tuitear
Martín Botero

El distrito capital de Bogotá sin un liderazgo político visionario y resuelto, voluntad política y un firme apoyo de la sociedad civil, se ha convertido en un terrible y sobrecargado monstruo burocrático-tecnocrático cada vez más alejado de las preocupaciones legítimas de la ciudadanía y, sobre todo, un templo de la violencia callejera, la delincuencia y la criminalidad. Muy al contrario, a la necesidad de garantizar el buen gobierno, continúa vigente un sistema de gestión deslavazado absolutamente incapaz de dar respuestas de gobierno y de adaptarse al dinamismo, cuyas promesas de todo tipo se cumplen demasiado tarde, si es que llegan a cumplirse. Esta espléndida ciudad pasa un momento difícil, política y financieramente, sigue reinando un sentimiento generalizado de incertidumbre y preocupación, todo ello unido a una mezcla de escepticismo y rabia entre la gente, acompañada de un claro desinterés de los votantes, y a veces incluso con hostilidad hacia la política. La actual administración lenta e ineficiente con un puñado de ideólogos ciegos que se han negado a reconocer la realidad que tenemos delante, con toda su problemática, es un fracaso democrático, en el que el funcionamiento de las instituciones queda totalmente al margen de las preocupaciones y del control de los ciudadanos: una distancia y una grandísima incomprensión de los habitantes frente a los poderes, unida a la manipulación de la democracia formal. Durante mucho tiempo, hemos sabido adónde íbamos, ya no lo sabemos. Dicho esto, vayamos al grano.

Los problemas del distrito capital son de índole muy diversa y se presentan con distintos grados de gravedad: elevado desempleo, tráfico excesivo, centro histórico degradado, drogas, prostitución, crisis económica, viviendas de escasa calidad, inmigración clandestina, estancamiento económico, deterioro de los transportes y del medio ambiente, etc. Además de esto, la ciudad sigue siendo víctima de los niveles más altos de desigualdad y de inseguridad ciudadana en el mundo en donde muchas pandillas criminales organizadas se han diversificado y delincuentes y criminales tienden a especializarse, y que no dudan en matar a las fuerzas del orden y a los ciudadanos indefensos. La Bogotá moderna sigue siendo una ciudad enormemente insegura. En estos últimos meses decenas de personas han sido asesinadas o robadas mediante el uso de la violencia, centenares han resultado heridas y miles de familias han quedado destruidas. ¿Es que no preocupa a nadie esta situación? Lo cierto es que, en la actualidad, estamos sufriendo esta situación ingobernable. Esta triste realidad nos sacude y exige que seamos más solidarios y vayamos eliminando barreras y asumiendo las responsabilidades inherentes a los derechos que todos compartimos. El crecimiento sin precedentes de los niveles de criminalidad, expresado sobre todo en robos y en robos con violencia, pero también de atracos, robos con allanamiento de morada y un camino progresivo a una mayor inseguridad ciudadana es preocupante y no hacen más que aumentar. Nadie puede negar que durante los últimos meses se ha producido un aumento considerable de la delincuencia de los jóvenes, la delincuencia urbana y la delincuencia vinculada a la droga, lo que genera graves tensiones y un sentimiento de miedo e impotencia entre los ciudadanos – y lo que es peor, en depresiones, en la desilusión, el desamparo y, concretamente más desconfianza para con sus líderes, que está hundiendo la economía y desalientan el turismo, que es una fuente importante de divisas. No creo exagerar al hablar de crisis de confianza de un buen número de ciudadanos con esta administración pública y la política, o por lo menos de malestar y de búsqueda de una nueva identidad común y un sentido de unidad nacional.

¡Vamos!, ¡Despiértense y sean responsables, la casa está en llamas! Las víctimas de la criminalidad en la capital no se salvarán ni resucitarán llorando ni contándolas: lo que hay que hacer, es conseguir que una persona no se convierta en víctima y, para ello, hay que crear los medios necesarios para garantizar su seguridad. Señores administradores públicos aprendan primero a asumir sus responsabilidades, aprendan a gobernar. Nada es políticamente correcto si es moralmente incorrecto. Es hora de que tengamos el valor de hacer las cosas que son correctas desde el punto de vista moral, político, económico y normativo. ¡Ojo con la retórica! La inseguridad ciudadana es un problema social con graves consecuencias para la gobernabilidad. No es el momento propicio para las batallas campales políticas internas, la mentalidad de victoria a todo costo y la persistente desconfianza y me parece totalmente inoportuno solo comprometen la credibilidad, confianza y buen nombre de las instituciones. La necesidad de un actuar ético no es solamente una exigencia moral frente a los ciudadanos, sino que forma parte también del interés fundamental de Colombia, es una exigencia del mismo sistema democrático. No estoy convencido de que vayamos en esta dirección, ni siquiera con las más bellas palabras del mundo. Comparto, por descontado, la idea de que esta Capital debe en primer lugar y ante todo ser la de los ciudadanos. Debemos responder a las preocupaciones que son las de la vida cotidiana. Para el pueblo, estas exigencias están por encima del debate político. Creo que los bogotanos, que piden a gritos la seguridad, la ley y el orden, el progreso y una vida decente, merecen mucho más. La nave de la alcaldesa iba muy cargada y deseamos en concreto, con las respuestas de ella, que llegue a buen puerto, dentro de tres años. Hoy en día, la alcaldía de Bogotá tiene una obligación de resultado, y creo que los proyectos para mañana y para pasado mañana no deben ocultar la exigencia de hoy. En consecuencia, es necesaria una voluntad política más fuerte, hace falta una inmediata elevación del nivel político. Los ciudadanos de Bogotá no sólo han perdido la confianza en la alcaldía, sino también sus esperanzas y entusiasmos.

Es urgente que Claudia Nayibe López Hernández (exsenadora de Colombia por el partido Alianza Verde) la primera mujer en llegar a la alcaldía de Bogotá con espíritu de humildad y servicio asuma sus responsabilidades y se comprometa de inmediato y con seriedad a buscar un acuerdo político en esta lucha para derrotar el aumento de la inseguridad ciudadana que sigue siendo un peligro claro e inminente, cuyas consecuencias son devastadoras tanto desde el punto de vista económico como social y cultural, y que se proteja a las personas en todos los aspectos de su vida cotidiana y les dé un futuro de esperanza, en particular en lo que respecta al comercio. Lo mínimo que puede hacer por Bogotá Claudia Nayibe López Hernández, tras haber garantizado la paz y la salud, la educación y la seguridad laboral, es hacer todo lo posible por asegurar la más básicas de las seguridades y un sinnúmero de derechos más: el derecho a la vida y el derecho a la libertad, el derecho a la integridad física y la seguridad personal de los miembros de la comunidad. El desafío histórico de la alcaldesa de Bogotá, porque desde mi punto de vista hay un desafío histórico, es ante todo y sobre todo abrir por fin la vía para la construcción de la Bogotá de todos los bogotanos, alcanzar un acuerdo sobre la agenda social, reducir el sentimiento de miedo e inseguridad de los ciudadanos frente al crimen y para combatirlo en todos sus aspectos, mejorar la calidad de vida y ahorrar recursos. Es un desafío que ya no podemos seguir rehuyendo. Esto exige un compromiso decidido y claro al más alto nivel político y una nueva visión para poner fin a la inseguridad, o, por lo menos, invertir su tendencia. No obstante, todavía son pocas las iniciativas concretas desarrolladas; como por ejemplo apoyar una serie de acciones ejemplares para demostrar que, incluso en los barrios considerados habitualmente en crisis y violentos, es posible relanzar la esperanza de los habitantes y la reactivación económica, atraer la actividad económica y crear un clima de confianza y seguridad entre los habitantes de las localidades en cuestión, integrándolos al mismo tiempo en la vida económica y social habitual y, mediante este planteamiento, no trata solamente los síntomas, pretendiendo, por el contrario, atacar las causas del desamparo de los habitantes. Sin embargo, las iniciativas, acciones y propuestas formuladas se inclinan más por las respuestas demagógicas y populistas y parecen más un catálogo de buenas intenciones que un intento de elaborar una lista de los aspectos concretos y exhaustivos de las situaciones de mayor riesgo. He dicho lo que pienso de una Bogotá herida y desgarrada, pero al mismo tiempo llena de esperanza y de bondad. Amen 

Nota final

Los bogotanos no deberían pagar el precio de sus malos líderes. Los pueblos pagan caro la locura de sus gobiernos y pagan un caro precio cuando no supervisan a los líderes políticos o dan el apoyo a malos gobiernos, sin denunciarlos. Los ciudadanos – contribuyentes deben ser conscientes de que esta incapacidad para reaccionar con mayor prontitud, reclamar responsabilidad política o ejercer su derecho a destituir los líderes electos o a no reelegirlos, incluido su alcalde hace tambalear seriamente el funcionamiento de todas las instituciones democráticas, y el pueblo será quien pague el pato. Al final será el ciudadano quien pague la factura, y eso es antidemocrático, injusto y totalmente absurdo. Así pues, todos los ciudadanos adultos tienen derecho a votar y a elegir a sus representantes, y ejercer su derecho a destituir los líderes electos o a no reelegirlos si pierden la confianza en él o ella o en la élite que gobierna o en las instituciones responsables.

Martín Eduardo Botero
Acerca de Martín Eduardo Botero 88 Articles
Abogado Europeo inscrito en el Conseil des Barreaux Europèens Brussels. Titular de Botero & Asociados, Bufete Legal Europeo e Internacional con sede en Italia y España. Letrado del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid. Presidente y fundador de European Center for Transitional justice y vicepresidente en la Unión Europea de la Organización Mundial de Abogados. Graduado en Jurisprudencia por la Universidad de Siena (Italia) con Beca de Honor y Licenciado en Derecho por la Universidad Católica de Ávila (España). PhD en Derecho Constitucional Europeo por la Universidad de Bolonia con Beca de estudio del Ministerio de Exteriores italiano y la Unión Europea. Colabora con universidades, institutos de investigación especializados y organismos de la sociedad civil en los programas de cooperación jurídica y judicial internacional. Consultor Jurídico independiente especializado en anticorrupción. Su último libro lleva por título “Manual para la Lucha contra la Corrupción: Estrategia Global: Ejemplos y Buenas prácticas”.