La autonomía universitaria es una condición necesaria para el desarrollo de la ciencia, la libertad en su producción y la enseñanza. La autonomía universitaria, fomenta espacios de pluralismo y tolerancia en el mundo científico, libera al investigador y a las investigaciones de las garras del poder, de los gobiernos y los partidos políticos. Hace libre a la ciencia. Es un asunto de alta política de estado constitucional y, la sociedad democrática y sus instituciones deben garantizarla a plenitud.

 

La autonomía universitaria no puede ser reconocida a medias, o son libres como entes autónomos, responsables ante la sociedad o no son libres. ¿Autonomía frente a quién? Sencillo, frente al poder político. Las universidades deben ser autónomas, con autogobierno en los asuntos académicos y administrativos, a fin de impedir que el poder estatal interfiera, como interfiere en la actualidad en la producción de la ciencia y en el desarrollo y transmisión de los conocimientos científicos. Esto es vital en una sociedad democrática, no lo hemos entendido.

 

La Universidad, templo de la ciencia, debe estar por fuera de la disputa y ejercicio del poder político. Esto no se ha entendido con claridad en nuestra república. En una carta al ministro italiano Rocco, Albert Einstein le dice: “Lejos de mis propósitos está discutir con usted las intromisiones en la libertad por parte de hombres que pueden justificarse por razones de Estado. Pero la búsqueda de la verdad científica surgida de los intereses prácticos de la vida cotidiana tendría que ser sagrada para el poder estatal, y es de gran interés para todos el que los servidores de la verdad no sean molestados”.

 

La realidad de que el Estado colombiano no ha reconocido la necesidad de la autonomía de la Universidad, ni siquiera la entendió el gran López Pumarejo, citado por el liberal Gerardo Molina: “Los liberales tenemos muchas razones para no propugnar por la autonomía universitaria hoy, que somos gobierno, a pesar de haberla pedido cuando estábamos en oposición. Ayer la requeríamos para conseguir la reforma contra un gobierno que la rechazaba. Hoy ese medio es el gobierno y la autonomía debe seguir como remate de la reforma”.

 

El derecho de la titularidad del poder manifiesto en la autonomía universitaria, no es un asunto de política que pueda ser tratado en forma circunstancial, es de la esencia de la búsqueda de la verdad y de la creación y aplicación de conocimientos. Sin libertad, pluralismo y tolerancia no es posible la investigación creadora de conocimientos con libre crítica y práctica científica. La autonomía universitaria es la base de un mundo libre a escala institucional y está delineada en nuestra constitución.

 

Se concibe como una barrera protectora al espíritu científico y cultural de la sociedad libre. La autonomía como respeto y garantía de la ciencia y el arte, es un freno a los abusos del poder. En otras palabras, su ausencia no es cosa distinta que la supervivencia de poderes salvajes de los estados absolutistas y someten al pensamiento y a la creación científica y artística a los dictados de la arbitrariedad.

 

La autonomía universitaria es la barrera a la arbitrariedad, pero igual es el motor que impulsa el movimiento cultural de una república .Ella debe ser responsable de la creación científica. Nos quejamos de que faltan investigadores e investigaciones, lo que nos torna débiles, pero todo lo queremos resolver desde los centros de poderes. La alternativa es institucionalizar la autonomía universitaria. No vaya a ocurrir que un dictador se tome la ciencia.

 

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Eduardo Verano de la Rosa
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Administrador de empresas de la Universidad del Norte, con especialización en Desarrollo regional urbano Universidad del Norte, Master Business Administration de la University.

  • Ministro de Medio Ambiente 1997 - 1998
  • Gobernador del Atlántico 2008 - 2011 y 2016 - 2019.
  • Subgerente Lubritec S.A. 2003
  • Secretario General del Partido Liberal Colombiano 1999 - 2003
  • Constituyente 1991