Ayer fue un día genial para Gabriel. Ayer descubrió que los adultos no son infalibles ni mucho menos omnicientes. Si has tenido un día genial con tus hijos escríbeme para gozarlo juntos. Clic para tuitear

 

¿Alguna vez se han preguntado si tuvieron un día fatal o un día genial? Si nunca lo han hecho les pido que lo hagan de vez en cuando. Para fortuna mía ayer tuve un día genial. Mi nombre es Gabriel tengo 10 años y soy hijo de Gerardo. Si están leyendo estas líneas fue porque acepté escribir este texto a cuatro manos con mi padre luego de negociar unas cláusulas sencillas que él describirá en el siguiente párrafo.

 

Mi nombre es Gerardo tengo 44 años y soy el papá de Gabriel. En este párrafo les describiré lo que negocié con mi hijo, pero antes voy a contarles lo que provocó la negociación. En compañía con la mamá de Gabriel ayer tarde fuimos a recoger el niño a su escuela. Yo era el conductor y ella se acercó a recibirlo en la puerta del edificio. De lejos percibí que conversaban cordialmente, pero ambos dejaban ver en sus caras una rara mezcla de tristeza, decepción y desazón. Lo que sucedió después fue una de las experiencias más significativas de mi vida y en especial el momento sublime de mi paternidad. Tengo la convicción que entre padres podemos ayudarnos intercambiando las mejores experiencias y prácticas, por eso quise compartir con todo aquel que tenga la disposición de aprender y crecer. Volviendo a la negociación que hice con mi hijo, consistió en dos sencillas cláusulas: la primera, escribir un texto sobre la experiencia, intercalando párrafos escritos por cada uno, guardando la unidad de sentido; y la segunda, yo editaría el texto completo y antes de ser divulgado debería contar con su consentimiento. Los dejo entonces con el siguiente párrafo de Gabriel.

 

Tuve dos conflictos ayer. Fue muy injusto lo que pasó en clase de castellano. No me alcanzó el tiempo para terminar una tarea asignada, la entregué incompleta y me colocaron 3 sobre 5. Manejé muy mal la situación y por causa de mi enojo la coordinación de disciplina tuvo que intervenir. Cuando mamá me recibió en la escuela todavía me encontraba muy enojado, empecé a contarle lo sucedido, logré contagiarla de mi tristeza y noté su profunda decepción. Nos acercamos al automóvil, de lejos noté que papá nos espiaba. Una vez dentro del auto, papá disparó un sonriente “hola” seguido de un serio “¿qué pasó?”. Empecé a contar de nuevo mi trágica historia mientras papá conducía atravesando la ciudad. Papá parecía estar capturado en mi relato, intercalaba su concentración entre el tráfico urbano con fugaces miradas por el retrovisor que acompañaba con preguntas o comentarios que provocaban que mi relato se fuera convirtiendo en una historia sin fin. De un momento a otro fui consciente que hacía rato había dejado de estar molesto, de hecho, estaba sonriendo mientras contaba cómo se había desarrollado el segundo conflicto al que el destino me arrojó. Durante la pausa en la escuela me acerqué a la cafetería a comprar un sándwich y un jugo de mora. Era plenamente consciente que el sándwich tenía un costo de $ 2.500, para mi sorpresa me cobraron $ 3.000. Hice el respectivo reclamo y un señor con muchas canas y arrugas me indicó toscamente que yo estaba equivocado. Casi caigo en el prejuicio que muchos niños tenemos y que plantea que todos los adultos son infinitamente sabios y siempre tienen la razón. Fue entonces cuando recordé que días atrás, cuando elaboraba un informe de gastos diarios que he acordado entregar diariamente a Papá y en el cual debía consignar el valor de un artículo que había comprado y que había olvidado por completo. La solución de aquel olvido fue la clave para resolver el conflicto en el que ahora me encontraba: la cartelera de precios de la cafetería. Inmediatamente fui a buscar al señor canoso y arrugado y le pedí que me acompañara. Allí pudimos constatar que yo tenía la razón con el precio del sándwich. La actitud del señor canoso se tornó en amable casi en vergüenza y accedió rápidamente a reponerme los $500 que yo ya daba por perdidos. En este momento Papá soltó una carcajada que instantáneamente nos contagió a mamá y a mí. Ya nadie dentro del auto estaba molesto ni triste. Justo allí papá dijo que él estaba seguro de que yo había tenido un día genial. En ese momento yo no lo entendía y él me lo tuvo que explicar, yo todavía no lo tengo del todo claro así que es mejor que en el próximo párrafo papá se los explique.

 

Los adultos tendemos a estar convencidos de tener la razón. Estar convencidos no necesariamente implica que tenemos la razón. No quiero entrar a juzgar ni a la profesora de castellano ni al señor canoso con arrugas, pero estoy convencido que ambos conflictos se hubieran resuelto de manera anticipada y con menos huellas emocionales para todos los implicados si se hubieran tomado más tiempo en escuchar al niño y desde un principio considerar la posibilidad que él tuviera razón. Sin embargo, como padres debemos valorar positivamente que nuestros hijos se enfrenten a las injusticias propias de nuestra civilización, eso sí, en unas condiciones controladas y dentro de unos límites que permitan expandir su resiliencia de una manera segura: si, que impriman huellas emocionales pero que no dejen heridas abiertas permanentemente. Por eso les digo con total convicción: ayer fue un día genial para Gabriel. Ayer enfrentó dos conflictos que a la mayoría de los niños les hubiera dejado al final del día con dos derrotas y profundas heridas emocionales. La gran mayoría de niños prueban los tragos amargos de la vida sin acompañamiento emocional de sus seres queridos: algunos en el extremo de la explotación mediante la mendicidad y la prostitución y otros en el extremo menos infortunado de unos padres ausentes resultado del exceso de trabajo propio de estos tiempos frenéticos. Ayer fue un día genial para Gabriel. Ayer descubrió que los adultos no son infalibles ni mucho menos omniscientes. Ayer descubrió que los adultos se equivocan y que en lo humano no cabe lo perfecto. Ayer descubrió que en los momentos de oscuridad provocados por los caprichos del ego – que siempre quiere tener la razón – podemos encender una luz que venza las tinieblas: esa luz se llama raciocinio, se origina en nuestra mente, se conecta con el corazón y activa nuestra voluntad de mejorar nuestra realidad y nuestro entorno cuando abrimos nuestra boca para iniciar el diálogo. Ayer fue un día genial para mí. Me di la oportunidad de escuchar a mi hijo su versión de cómo el mundo lo sacudió, cómo le tocó enfrentarlo sin el auxilio de sus padres y con los pocos recursos emocionales y argumentativos que hasta ahora ha adquirido. Ayer descubrí que en mi casa crecía un niño libre y con buenas costumbres. Ayer descubrí que en mi casa crecía un compañero para mi viaje, un compañero que se desviaba del camino recto, pero tenía la voluntad y la humildad necesaria para volver al camino, ayer descubrí un compañero que me veía como su maestro, ayer descubrí un compañero de viaje que quería imitar a sus maestros, en especial a mí, ayer descubrí que mi compañero de viaje no tenía un maestro perfecto. Ayer descubrí muchas cosas que como padre debo corregir. Ayer fue un día genial.

 

Si has tenido un día genial con tus hijos escríbeme para gozarlo juntos y si no también escríbeme para ver que podemos aprender.

 

Twitter: @gerardoangulo
Email: gerardo@angulo.com.co

Gerardo Angulo
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Mentor experto de emprendimiento reconocido por APPS.CO - MinTIC – Colombia, estructurador de Proyectos de CTeI validado por MINCIENCIAS e Investigador Asociado reconocido por la misma institución. Ingeniero Industrial, Magister y Doctor en Innovación y desarrollo tecnológico. Ha dirigido varios proyectos de investigación en la industria. Posee diversas publicaciones en revistas especializadas en gestión de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación. Ha sido asesor del Observatorio del Caribe, Universidad de Sucre, Corporación Universitaria del Caribe, Incubar del Caribe, Cámaras de Comercio de Barranquilla y de Cartagena, Producaribe, el Centro de Creación de Empresas de la Universidad del Atlántico, entre otras. En Unimagdalena ha desempeñado roles como: Decano de la Facultad de Ingeniería, dirigió la planeación de CTeI y junto con el Rector Pablo Vera Salazar son los cofundadores del Centro de Innovación y Emprendimiento de la universidad en el cual se desempeña como Director desde febrero de 2017.

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