El tiempo pasa de prisa y pronto develará la viabilidad y sostenibilidad de las promesas de Petro y si la implementación de ellas, serán realidad u otra ilusión fallida como lo fue, su fracaso de su gestión como alcalde. Clic para tuitear

 

Preocupa que luego de más de 8 años de haber estado en campaña para llegar a la presidencia, Gustavo Petro no tenga un plan claro y definido de gobierno, y que haya sido elegido por su retórica populista y regadera de promesas, mentiras y falacias, y no por su preparación y capacidad de gestión.

Para probar lo anterior, tan solo basta recordar que, durante su campaña, Petro aseveró mentirosamente haber hecho parte de la Asamblea Nacional Constituyente que redactó la Constitución del 91. Igual mintió, sobre su lugar de nacimiento, sobre sus títulos universitarios, sobre el funcionamiento y manejo de los fondos de pensiones, sobre la emisión de dinero en otros países, así como en muchos otros temas, incluida la construcción de un tren eléctrico elevado para conectar Barranquilla con Buenaventura.

Al parecer, esas falacias y mentiras de Petro ya se le perdonaron y quedaron en el olvido, pero lo que preocupa ahora, es la sostenibilidad de sus obtusas propuestas, y más que eso, sus permanentes bandazos, contradicciones y retractaciones.

Sorprende que Petro ahora anuncie, que desistirá de suspender la exploración, la explotación y la exportación de petróleo a partir del día de su posesión tal y como lo anunció en su campaña, También, que ya no convocará a una Asamblea Nacional Constituyente una vez asuma el poder. De igual manera, que ya no “democratizará” las cesantías; no expropiará la tierra, sino que la democratizará; no asumirá el control del banco central; no adscribirá la Policía al Ministerio del Interior; no acabará con el ESMAD; y, tampoco, liquidará la Procuraduría.

Los tumbos y las oscilaciones de Petro en asuntos de tanta hondura no extrañan, pero sí sobrecogen y denotan desconocimiento, improvisación y repentismo. Ojalá que la nación no se acostumbre al vaivén de sus cambiantes ocurrencias y de sus inveteras mentiras.

Para tratar de sustentar la propuesta de acabar la Procuraduría, Petro, sin el menor asomo de pudor, apeló a la mentira y a la farsa al afirmar, que la liquidación de la Procuraduría respondía al acato y cumplimiento de una decisión de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, lo cual es falso de toda falsedad, en razón a que ese tribunal nunca ordenó su liquidación y tan solo se limitó a manifestar, que la Procuraduría no debía destituir funcionarios elegidos mediante voto popular, y que tan solo una autoridad judicial estaba legitimada para hacerlo.

Luego, cuando advirtió, que la abolición de la Procuraduría ocasionaría el despido de 4.000 funcionarios se retractó, y terminó diciendo, que la adscribiría a la Fiscalía para convertirla en una fiscalía anticorrupción y que antes que disolverla, la empoderaría, y para cerrar semejante despropósito escribió en su Twitter “voy a empoderar a la Procuraduría como toca, no a eliminarla”, cuando antes había escrito, “voy a eliminar a la Procuraduría”

Los bandazos de Petro son bruscos e intempestivos, crean justa desconfianza y evidencian falta de conocimiento, claridad y coherencia.

Pero infortunadamente, no son solo las contradicciones y retractaciones de Petro lo que preocupa, también, los anuncios de algunos de los que serán sus ministros que demuestran desconocimiento en asuntos propios y decisivos de sus carteras, como la señora Cecilia López Montaño, famosa por sus intervenciones atropelladas, deshilvanadas, vociferantes y carentes de fundamentos, quien olvida, que para hacer realidad algunos de sus enrevesados proyectos, antes es necesario realizar una reforma constitucional.

Con todo y sus incoherencias, contradicciones y retractaciones, ojalá que a Petro le vaya bien; aunque sin empezar su gobierno, ya se advierten discrepancias con sus más cercanos seguidores y con algunos miembros de su futuro gabinete.

Serias, muy serias serán las dificultades que Petro tendrá que enfrentar para hacer realidad sus absurdas promesas, las que al final, probablemente serán rechazadas por la inmensa mayoría de los colombianos, entre ellos, sus mismos electores y los mismos funcionarios de su gobierno, tal y como lo anunció el mismo Alejandro Gaviria quien, naturalmente, antes de aceptar su nombramiento como Ministro de Educación describió como sería el gobierno de Petro y dijo:

El primer año, él nombra un buen gabinete de unidad nacional; no lo logra cohesionar. Pasan 6 o 8 meses y no pasa mucho. Se le desbarata el gobierno, y Petro empieza a twittear como lo loco, y básicamente es ese conflicto que crea de manera permanente y la agenda del país girando alrededor del Twitter de Petro. Y no se hace nada. Yo dije hace poco, que me daba más miedo la inacción que la acción en el gobierno de Petro.

El tiempo pasa de prisa y pronto develará la viabilidad y sostenibilidad de las promesas de Petro y si la implementación de ellas, serán realidad u otra ilusión fallida como lo fue, el rotundo su fracaso de su gestión como alcalde de Bogotá.

Con Petro en el poder, a Colombia le esperan días difíciles, muy difíciles.

Rafael Rodriguez Jaraba
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Rafael Rodríguez Jaraba

Abogado Esp. Mg.

Consultor Jurídico & Asesor Corporativo.

Especialización en Derecho Comercial. Maestría en Derecho Empresarial.

Conjuez de la Sala Civil del Honorable Tribunal Superior del Distrito Judicial de Cali.- Arbitro y Conciliador del Centro de Conciliación y Arbitraje de la Cámara de Comercio de Cali.- Mediador en Conflictos de Gobierno Corporativo certificado y acreditado por Global Corporate Governance Forum. Banco Mundial. IFC.- Miembro de la Academia Colombiana de Jurisprudencia.- Catedrático Universitario.