No es Pachito el Che, sino uno que aparenta ser un tanto desfachado, aunque son infaltables los zapatos ferragamo y los blue jeans más caros del mercado. Y en su equipaje nunca faltan unos fajos enormes de billetes Clic para tuitear

¡Buenavida el hombre! Está pasando unas vacaciones de lujo en España. El año anterior fue en este mismo país y en Italia. Full hoteles y full restaurantes. Sabe para qué es el dinero. Y además sabe dónde está. Si alguien ignora sobre quién hablo, como en la vieja canción, «Ya lo voy a decir, ya lo voy a decir …» Solo que no es Pachito el Che, sino uno que aparenta ser un tanto desfachado, aunque son infaltables los zapatos ferragamo y los blue jeans más caros del mercado. Y en su equipaje nunca faltan unos fajos enormes de billetes de alta denominación.

¿Será que es posible que aun ahora alguien no sepa de quién se trata?

Como se ve, es un burgués de alto coturno. Pero encontró la forma de hacer populismo barato y planteó con Chávez una revolución con la palabra, después de haberlo intentado con las armas y haber conformado una guerrilla de asesinos terribles y secuestradores, al estilo de los italianos que secuestraron a Aldo Moro. Aquí asesinaron además a José Raquel Mercado, un líder sindical; y llegaron al Palacio de Justicia y mataron a los magistrados. Y después de esto, con una ley de amnistía y acuerdo de paz, llegó al congreso y fue parlamentario ágil de buena parla y palabra. Sí, allí sigue después de haber sido alcalde de Bogotá -tal vez el peor- y haber importado a muy altos costos unas chatarras desechadas por el uso, dizque para el aseo de la capital. ¡Remember!, que todos lo vimos.

Sí, es Gustavo Petro Urrego, iniciador de una oposición al gobierno de un joven idealista, dinámico y preparado, Iván Duque Márquez, desde el mismo día en que éste tomó posesión. Él convocó el «paro nacional» y lo financió con otras ayudas. En Cali decomisaron dinero grande en efectivo para los vándalos. Hizo levantar a muchos jóvenes que luego se llamaron «la primera línea», ansiosos de causar daño grande a la sociedad y de matar a policías que llegaron a quemarlos, como pasó en el hotel La Luna. Pero Petro se lava las manos y miente con destreza y los policías son los malos y él y su primera línea son los buenos.

Odio de clase, donde no existía. Y odio a los oponentes, Uribe el primer blanco de sus habilidades; y miedo de quienes no pertenezcan a sus iniciativas, una de las cuales es parar la búsqueda de petróleo, no obstante que suba la gasolina y el gas y se arruine la industria y el país.

Ahora cantan victoria anticipada y arreglan encuestas y medios de comunicación que acomodan las cosas y hablan del gran cambio, que no es otra cosa que un mamertismo como el de Venezuela, Cuba y Nicaragua. Hoy Perú y Chile. Dios nos libre del hambre y del silencio impuesto por la fuerza de la dictadura del proletariado.

Ahora, ¿cuál cambio? Este es un país de corte socialista democrático. La legislación más avanzada laboral, la medicina, la educación, la vivienda popular. ¿Acaso no lo ven?

Desde Madrid dice campante y ufano: “El presidente tiene que haber demostrado que no se roba un peso, en primer lugar. Y yo lo demuestro”. Por supuesto se le olvidó descaradamente la bolsa que le entregó con los “fajos” el señor Montes en su casa.

Miremos cuánto tenemos y las libertades que nos alumbran. Y veamos con la dictadura de Petro cuanto podemos perder irremediablemente. ¡Ojo vivo! Y que no nos repitan después la frase dicha por su madre Aixa al perder Granada a Boabdil: “Llora como mujer lo que no pudiste defender como hombre”.

Armando Barona Mesa
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Abogado, escritor, periodista, historiador, excongresista, exembajador

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