Cabellos Dorados III

Johana Andrea Rodríguez

Johanna Andrea Rodríguez
Cabellos Dorados III | Cuento por Johanna Rodríguez Clic para tuitear

 

Era una oficina espaciosa, de paredes de madera al igual que el piso, con una ventana grande dando hacía la calle, ella parada en el gran escritorio, bailaba como una mujer sin ningún tipo de vergüenza, ataviada con un vestido de cuerpo entero negro y hasta la rodilla. Se movía al ritmo de la música que su cliente le había puesto, saliendo de los zapatos, quedo descalza sobre la papelería regada. Se movía con toda la experiencia que tenía, mientras él hombre de cejas pobladas y de tez morena la miraba mientras yacía sentado en la silla grande que había puesto enfrente de ella.
Se queda hipnotizado cuando veía como esta mujer se agachaba de forma sexual con su vestido corto mostrándole las tangas plateadas que llevaba debajo. De vuelta arriba se subió el vestido hasta lograr salir de el quedando completamente en ropa interior. Él hombre estaba en un estado de éxtasis al verla con su tanga plateada y el sosten morado, aunque su descomunal figura se salía por los lados Adelaida lo hacía con confianza ya que era cliente viejo. Moviéndose como toda una profesional la mujer seguía bajando y subiendo, moviéndose, botando su melena dorada hacía todos lados al ritmo de la música.
Lentamente se quita su sosten lanzándolo a la cara del hombre que la miraba, apretando sus enormes pechos entre sus manos, al soltarlos estos caen con toda fuerza provocando palabras de halagos de quien la observaba:
Adelaida como esta de buena- decía el hombre que estaba sentado y con la mano en la bragueta ya casi a punto de estallarle.
Al verlo así se sintió en su espacio, era ese tipo de halagos los que le gustaba escuchar, que era una mujer bella, que era una mujer descomunal, al escuchar todo esto se sentía grande, no podía creer que le pagaran por algo tan fácil que era quitarse la ropa, así que volvió su ego, este la hacía perder el control. Quitándose las bragas y con las mano hacia arriba le mostraba todo y de frente, sin aguantar más se levanta este hombre rápidamente, incapaz de sostener más la presión de sus pantalones de traje que llevaba puestos ese día. Así que bajándola para que quedara sentada sobre el escritorio. Abre su bragueta dejando caer los pantalones al suelo, pero aun con sus piernas dentro, le abre las piernas gruesas a la joven mujer y la tumba de espaldas hasta quedar completamente abierta para él.
Al verla como se veía su cuerpo bañando por la luz de la chimenea artificial la vio deliciosa, aunque era una mujer robusta, le hacía lo que le gustaba a él, le vio ese vello púbico perfectamente delineado, así que sumergió su nariz hasta llegar al ombligo. A momentos la miraba a la cara y la veía contenta de placer, se vio perdido con ese mundo de carne tendida sobre su escritorio, al verla en su rostro se reflejaba la actitud de un niño hambriento que acaba de encontrar comida, y mucha.
Así que sin control tomó sus pechos entre sus manos y los amasaba con gran experiencia, y sin aguantar bajo sus calzoncillos y logro penetrarla, veía su rostro de dicha mientras entraba y salía de ella con toda la fuerza de sus caderas, estaba envilecido con esa mujer que se había abierto como una flor para él. Mientras sus caderas se movían con fuerza, con sus dos manos le sujetaba los cabellos arrastrándolos por el escritorio haciéndole ver la gran ventana. Adelaida estaba ida en un revuelto de drogas y alcohol, así que alucinada desconocía lo que sucedería esa noche.
Solo veía esa luz de fuera que le iluminaba el rostro, se sentía bien ya que tenía a un hombre apuesto entre sus piernas, y abajo otro esperándola, terminando y alistándose, el hombre volvía a su puesto para ver cómo se ponía la ropa Adelaida, le producía placer cuan intentaba ponerse esa pequeña tanga, las subía lentamente por sus muslos y ya llegando a sus caderas hacía todas la fuerza para que lograra encajar en su trasero. Se ponía el sosten y mientras se sentí observada se portaba como una niña mala girándose a momentos, y mandarle besos a quien la observaba, ya lista para marcharse se sentó en las piernas delgadas del hombre de cejas pobladas. Le rodeo el cuellos con sus brazos y le dio un beso de despedida en los labios, este apasionado.
Al mirarlo vio como este busco en sus pantalones y sacó una buena suma de dinero colocándola como lo dicta la profesión, entre sus pechos, y le dijo:
Adelaida, me gusta que vengas, tú haces todo lo que yo te pido, eso no me lo hace mi esposa. Le decía mientras le pasaba la mano por las mejillas de la cándida mujer.
Yo te hago todo lo que tú esposa no te hace, así que ya sabes, cuando me necesites me llamas. Y levantándose se marchó dejando el espacio impregnado de ella.
Él hombre quedo en la silla mirando hacía un punto perdido de tanto placer, la mujer de vestido negro y enterizo hasta la rodilla bajó contenta, su rostro radiaba alegría, se había convertido en una mujer deseada y pagada por ello. Cuando ya se encontraba en la calle logro divisar a Heraldo al otro lado de la esquina, este la esperaba con la cicla para asegurarse de que no trabajara sin él, camuflando este estado con el sentimiento de preocupación, haciéndole creer que ella era importante. Adelaida se convencía ya que era un joven carente de un buen mundo, si era cierto que tenía un recorrido vasto en la vida pero este era malo, el bueno no lo había vivido y no lo iba a vivir.
Pasó la cera peatonal lentamente llevando con ella una gran sonrisa, al verla Heraldo arrojo la colilla de cigarrillo, abrió sus brazos y le rodeo la cintura que acababan de usar, ante tal gesto Adelaida intento darle un beso en la boca, cosa que fue negada ya que delante de la clientela no era apropiado.
¿Qué pasa? Preguntaba Adelaida pasándole la mano por la descomunal barbilla.
Nada, solo que no delante de los clientes. Súbase y la dejo en la casa.
Al verlo en esa actitud medio fría, obedeció de mala gana, no aceptaba desplantes de su hombre, de su macho alfa, de ese que necesitaba con toda la urgencia para sentirse una mujer completa, se había convertido en dama de compañía, en prostituta, haciendo los actos que satisficieran a los clientes. Los visitaba en casas, oficinas y reuniones importantes si deseaban algo en grupo, ahora Adelaida era más irreconocible que nunca, ya decidió llevar su vida desorganizada gozando de esta con la excusa de su frustración. Si su madre era una puta y mentirosa, ¿ella por qué no?
Todo esto en un acto de rebeldía con el afán de acabar con su propia vida y de quienes la rodeaban, se convertía en un acto egoísta, dejándola en la casa Heraldo se fue a buscar a quien si le interesaba, era la hija de doña Carmenza, la que se paraba en la esquina de la plaza en horas de la mañana a vender fritanga. A esta la veía como alguien a quien quería en su vida, era la mujer prometedora para formar un hogar en la clase baja sumisa, con resistencia al maltrato, y completamente ingenua, que sería capaz de lavar la ropa interior de la amante de Heraldo sin darse cuenta.
Al adentrarse a la casa estaba su madre la señora Emperatriz sentada en la mesa larga del comedor, alimentando a quien menos le interesaba que era su hija recién nacida, al verla llegar vestida como una puta, entro en cólera, tenía ganas de golpearla pero no estaba Elías para que le sostuviera la bebe mientras lo hacía, y más al darse cuenta de lo que había acabado de descubrir. Era una agenda que estaba en el cuarto de su hija de bajo del colcho, agenda que contenía varios números telefónicos, direcciones, y nombre de solo hombres. Como buena mujer de la nocturna que era y sabía disimular, entendía de qué se trataba el nuevo empleo de su hija con Heraldo.
Así que la dejó pasar a su cuarto sin decir nada, solo la miro de reojo, respondiendo de igual manera Adelaida. Había llegado cansada, la noche había sido larga y el día siguiente no tendría citas, ese era su día de descanso ya que Heraldo la había convencido de que debía descansar, esto con el propósito de pasar tiempo con su verdadera novia. Era la relación más rara y extraña, era la mujer cuyo cuerpo salía a vender por todos lados para llevarle dinero a su hombre, esto con el propósito de algún día marcharse con él lejos de su familia, ella se convertía en un producto y él en la persona encargada de llevarla a la clientela. Era incapaz de ver la realidad, la que era diferente a sus sueños, en la que no era más que una mujer sujeta a las peticiones de un hombre que trabajaba solo para él Acercándose a la forma de ser de su madre Emperatriz su madre. La odiaba pero cada día era más parecida a ella, ahora estaba igual, las dos putas y desconsoladas. Viviendo en la eterna mentira, y en la vida de antojos que parecían no terminar.
Ven para acá- le decía Emperatriz a Elías apenas lo vio legar, llevándolo a su alcoba.
Ahí le mostro la agenda que descubrió en el cuarto de su hija.
¿Qué es eso?- preguntaba Elías tomando el pequeño libro en sus manos y dándole la ojeada.
Al verlo presentía lo que era, y antes de que saliera de su boca prefería decirle una mentira a Emperatriz para que no generara un disgusto a esas horas de la noche. Estaba cansado por su jornada laboral.
Puede ser de amigos. ¿No? Le decía mirándola y sin darle esa importancia.
Pero no sucedió así, ya que los ojos de la mujer estaban abiertos como platos, de inmediato le rapo la agenda de las manos para enseñársela ella de manera detenida y con la explicación.
Esto no es normal Elías, esta niña Adelaida se ha convertido en una puta, le decía mientras pasaba las hojas casi en la cara del hombre.
¿Y tú como sabes eso? Le preguntaba Elías intuyendo algo.
Como sabía que era una agenda de una puta si su esposa no era una puta, solo alguien que perteneciera a la profesión sabría de qué se trataba ese tipo de documentos.
Se sintió descubierta, pero rápidamente opto por hacerse en el umbral de la puerta y decirle:
Así me creas o no, mañana voy a ir a estas direcciones para averiguarlo, y se fue a alimentar a su bebe que había dejado sola en el solar.
A la mañana siguiente Elías decide acompañarla por la travesía de la verdad, con la agenda en mano se dispusieron a ir a cada dirección, a las que alcanzaron, y se encontraron con lo que buscaba y Emperatriz ya presentía, su hija si era una puta, a los cinco lugares que habían visitado con Elías, descubrieron que hacía los servicios completos, eran abogados, médicos, y quienes pudieran pagar.
La última parada era esa oficina de venta hacía la calle, cuando llegaron vieron al guarda de seguridad tras la puerta de vidrio dirigiéndose a ellos.
¿A quién necesitan?-preguntaba
Venimos para una consulta- decía Emperatriz rápidamente.
Al llegar a la oficina tomó puesto y observaba el lugar, su compañero se sentó a su lado, era el hombre que tenía en su agenda. A verlo Elías lo vio enfermo, era corpulento, de tez morena y con entradas en la frente, a simple vista se podía ver su edad de más de 50 años. Con ojos indagadores empezó a buscar por la oficina, y vio, vio la prueba, una moña que le había comprado a su hija hacía tres mesas atrás, ahora estaba en un escritorio ajeno de un lugar desconocido.
¿Esto es de su hija? Le preguntaba Emperatriz mirándolo a los ojos y con la banda en la mano.
El hombre estaba asustado y respondió:
Yo no tengo hijas, tengo dos hijos- decía mirándola de forma nerviosa.
Entonces es de mi hija, decía Emperatriz con mirada igual de penetrante.
Ante este gesto el hombre nervioso empezó a hablar,
¡Yo no sé de qué me está hablando!
¡Pues yo sí!, ¡mi hija viene acá y se acuesta con usted decía ella!
¡Responda por favor, es nuestra hija y queremos saber!- decía Elías buscando que el hombre soltara la lengua para después mandarlo a la mierda.
¡Ustedes no vienen para consulta!, afirmaba el hombre.
Y viéndose perdido empezó:
Su hija viene por qué la trae Heraldo, ella ha venido, y sí, tenemos momentos pero yo no me he acostado con ella.
Era obvio que eso ultimo era mentira, el hombre sabía que si hablaba se metía en un gran problema, los padres de la mujer que la noche anterior había poseído en su oficina estaban delante suyo buscando respuesta. Era abogado y debía evadir el problema. Resultó que era cierto, su hija era una prostituta a domicilio, al salir del edificio emperatriz se ponía las manos en la cara y lloraba, tomándola por los hombros Elías no hacía más que consolarla, la hija mayor de los Casas había tomado el camino equivocado, y ahora debían afrontar el problema de raíz.
Al llegar a la casa estaba Adelaida en la cocina sirviéndose el almuerzo, lo primero que hizo Emperatriz fue desgonzarse en la larga mesa del solar ahogada en llanto, mientras Elías la dejaba a que sentara se llenó de cólera, así que de manera fría se fue hasta donde estaba Adelaida, y esta vez sería él quien la tomara del cabello.
Enroscado por completo su larga cabellera amarilla en su antebrazo, la lanzo al suelo y la envistió de punta pies, la joven mujer no hacía más que gritar pidiendo ayuda, la cara se le transformo a Elías, la golpeaba sacando toda su ira, descargando en cada golpe los años de frustración por aceptar una hija ajena y educarla, a una mujer que solo tenía problemas y que deseaba dejar pero ya no podía.
Mientras descargaba los golpes se vio atrapado, ahora era él, una hija puta, una mujer problemática que era incapaz de dar solución a un problema, y una hija recién parida, si no fuera por esta última ya las hubiera sacado a las dos. Pero era tarde, así que dejándola tendida en el suelo se fue a su almacén, se fue a buscar quizás en los brazos de una cajera lo que no tenía en casa, eso que llaman tranquilidad.

Johanna Andrea Rodriguez Pico
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Escritora, emprendedora. Enamorada de Colombia, tengo 35 años, andariega de profesión, también cursando el ámbito jurídico donde se llevó a cabo varias investigaciones de tierras, diseñadora de calzado en crochet, bolsos y trajes de baño. Y trabajando en un nuevo proyecto que muy pronto se les contara. Colombia es de todos: Porque no sólo la corrupción está en las altas esferas como nos han contados. También está en eso pequeño que permites, y se engrandece por la forma en que lo alimentas, está en eso que enseñas a tus hijos el odio por su padre o su madre. En eso cuando engañas, en eso cuando robas. En esas pequeñas zorras que dañan la sociedad.