Cabellos Dorados V

Johana Andrea Rodríguez

Johanna Andrea Rodríguez
Cabellos Dorados V | Cuento por Johanna Rodríguez Clic para tuitear

 

La mujer de la cabellera dorada, (similar a ricitos de oro escrita por Robert Southey) no salió invicta, había entrado a la casa y comido, había hecho lo que había querido, pero como buena moraleja de la vida, esta le cobraría su ánimo prepotente de siempre buscar más, teniéndolo todo.

V


Las analizo por un largo periodo de 3 meses, las vio cómo eran; mujeres llenas de miedo e incapaces de pensar, las vio ignorantes y brutas, presa fácil para alguien medianamente inteligente como él. Sosteniendo la tasa de café en la mano derecha, y con la izquierda frotándose la barbilla. No dejaba de ver por la ventana tras la cortina blanca.

Afuera eran las siluetas de Emperatriz y su hija Adelaida, contoneándose por todo el sector como mujeres aun deseables. Cuando salían eran la cesación de una sociedad poco pensante. Al no tener más referencias de lo que en verdad era la belleza, se apegan a la primera que veían endiosándolas y dándoles un papel en la sociedad para nada existente en personas tan desproporcionadas.

Él era más astuto, alto, delgado, de cabellos largos y claros, de nariz arqueada y piel rojiza, su rostro hasta su cuello lleno de erupciones, y de lengua larga con la que batía una larga cizaña. Estaba parado aun detrás de la cortina casi imperceptible para los transeúntes. Con la camisa blanca de cuello molido, de pantalón de traje y zapatos de remedo. Entendió que esa era la gran oportunidad, y si esta fallaba estaba más que muerto.

Al verla hizo la típica escena para encantarle, se paralizo por completo en la mitad de calle, dando a entender con este gesto que estaba impresionado por su peculiar belleza. Al verlo, la joven dejo salir una sonrisa, aun que le parecía caricaturesco su nuevo vecino no le incomodaba que se paralizara cada vez que la viera.

Así que caminando y acentuando sus caderas ingreso a la casa donde veía todo la gran Emperatriz.

El nuevo vecino te mira hija- decía mientras ingresaba Adelaida.

Si mamá, decía esta mientras tomaba puesto en el comedor.

Es bien querido, y además tengo entendido de que es estudiado decía Emperatriz mientras tomaba puesto junto con su hija.

Al escuchar las palabras de su madre de inmediato entendió el mensaje, y con sus ojos grandes y de pestañas largar los abrió como platos. Pues ella era demasiado bella para alguien con el rostro rojo y con su malformación en la piel, sabía cosas de su madre y deseaban escapar con el dinero producto del trabajo clandestino de Emperatriz. Ya que todo el dinero que ella había recaudado con su prodigioso cuerpo quedó en las manos de la mujer sumisa de la plaza. Ahora Heraldo sería padre y no tenía con que pagarle su esfuerzo. Y aunque Adelaida sabía esto, deseaba poseer más fortuna para escapar con el hombre de la cicla, con ese que le había enseñado como era la vida en la casa lote del barrio.

Me gustaría invitarlo para conocerlo mejor- insistía Emperatriz


Tiene algo en la piel. ¿No se la has visto madre? Decía Adelaida haciéndole ver a su confidente su descontento.

Pero aun así fue en vano, la reunión se dio a la próxima semana, al llegar Adelaida lo vio sentado en el la mesa larga de mantel blanco del solar, con su pantalón de traje y camisa blanca, de corbata negra y zapato vino tinto, como todo un oficinista, al ver el rostro de Emperatriz, lo vio radiante. Se sentía a gusto atendiendo a un hombre que mostraba seguridad de sí mismo, carismático, salido de la universidad le daba la alternativa de hablar en otro idioma según Emperatriz, ya que por su astucia usaba palabras que ella nunca había escuchado, ni siquiera en las novelas.

¿Y qué estudio? Preguntaba la indocta mujer vieja mientras le ponía más café a la tasa.

Economía en una de las mejores universidades- decía mirándola a los ojos.

Al escuchar esto Adelaida no hizo más que sentarse a la mesa y compartir con el invitado, que aun que era de apariencia tosca, le resulto por el habla interesante. Ya a las 5 de la tarde las tenía presas de su encanto, lo había logrado, se había vendido bien y con las que eran. Mientras lo despedían en la puerta para que cruzara la calle y fuera a su casa, las dos mujeres ilusas no hacían más que pensar en un mismo ánimo.

Nos llegó algo bueno.

Lo que desconocían era que él y su madre se tuvieron que mudar al barrio por que donde Vivian les habían hecho lanzamiento, era estudiado, pero de esos de la otra cara de la moneda, de los que no alcanzan grandes logros y se quedan con salarios de mínima cuantía, de esos que nadie emplea, y si lo hacen es por un gran pesar, en una ocasión habían intentado cazar a una mujer de buena familia, la idea era llegarle con su vocabulario diferente, solo que encontró que la mujer a quien iba a atrapar tenía más estudio que él, y jamás sería presa fácil de alguien astuto con la boca.

Con su plan fallido y entrado en años, donde su madre se volvía cada vez más vieja y sin fuerzas, necesitaba actuar rápido, así que ya era incapaz de exigir gusto, estilo, educación, había analizado a Emperatriz y su hija, las tenía como vulgares, pero con comodidad, y eso ultimo era lo que necesitaba.

Emperatriz ya estaba enamorada de él, lo veía como el hombre ideal para su hija, era educado, compasivo con su madre, y creyó que por su educación amasaba una gran fortuna, la suerte ya estaba echada, y Emperatriz deforma inocente se había colocado el cuchillo en la garganta.

Al aceptarlo más en la casa, y metiéndoselo por los ojos a su hija había desarrollado el plan b. mientras este entraba con su espléndida sonrisa a la casa, donde por cuestiones de buenos modales le ponían el plato en la mesa y compartían con él hombre de buenas crianzas. Este ya estaba dando saltos más altos para que su plan no fallara.

Sabía que se había ganado a Emperatriz y a Elías, el dulce ángel no era más que un ser que desconocía su entorno, pero para Adelaida no era más que un advenedizo. Así que con ella debía jugar rudo y ponerse de su parte.

Te he visto hablando con él hombre de la cicla, he visto como lo buscas-decía Jaime Monsalve, mientras la miraba fijamente en la mesa del comedor a escondidas de sus padres.

Al sentirse descubierta le devolvió la mirada, trago saliva y asustándose lo llevo a la sala, haciendo que le enseñaba música lo podía confrontar más. Mientras abría el CD del trio los panchos le dijo de forma muy discreta:

No le digas a mi madre, ella creer que lo deje-


Al verla mirada de miedo a Jaime le quedo claro, la joven vulgar y rebelde se pegaba sus escapadas a escondidas de su madre, la tenía en sus manos, así que se mostró dócil como buen engañador, amistoso, de fiar. Logro hacerse amigo de Adelaida, logro hacerle entender que la entendía, tanto que con su astucia había logrado lo imposible por Emperatriz, sacar a Heraldo del camino.

Todo esto al saber por boca de Adelaida que su madre poseía dos cuentas bancarias a escondidas de Elías, cuentas que contenían una suma grande de dinero, suma que sería entregada si ella le mostraba responsabilidad. Al saberlo entendió lo cerca que estaba de terminar con su parálisis económica.

Era fácil al parecer, sabía todo acerca de los planes de emperatriz, sabía los gustos de Adelaida, sabía la desunión que existía entre ellas, que aun que se veían caminado las dos tomadas del brazo por las calles, guardaban cierta rivalidad una por la otra. Emperatriz deseando la juventud de Adelaida para seguir viviendo, y Adelaida deseando el dinero de Emperatriz para fugarse con su amado de barrio y formar una vida.

Así que pensó rápido, y le dijo a Adelaida un día mientras tomaban café:

¿y Por qué no nos casamos tú y yo? Decía mientras le tocaba la mano.

Al ver ese gesto Adelaida se sintió rara, era el hombre de rostro desafortunado pero inteligente, nunca se vería con alguien como él en una cama desnuda, dejándose pasar esas manos y mucho menos esos labios. Así que, sintiendo repulsión, pero negándola, dejo que se explicara:

Nos podemos casar tú, yo y llevarnos a nuestras madres a vivir, o podía ser aparte, ya solo los dos podríamos armar nuestras vidas de forma diferente, yo podría ayudarte a administrar el dinero para que yo sea tú fachada, y puedes tener tú vida normal, con Heraldo y con los que conozcas. Le decía mientras la miraba y aun sosteniéndole la mano.

Por dentro Jaime tenía los mismos deseos de Adelaida, los mismos deseos de repulsión hacía ella, al verla con su cabello dorado hasta la cintura, de ceja bastante maquillada intentándose dar un aire a Rocio Dulcal, solo que esta era una completa desfachatez.

De igual manera no se imaginaba con ella en la cama haciendo los actos más heroicos del amor, pero la verdad era que no era exigente, pues su edad no se lo permitía, así que concluyo con las palabras claves que llegaron a convencer por completo a Adelaida:

Te tocaría solo si tú me lo permites- y mientras tanto le alzaba la barbilla con su mano para ver el rostro de Adelaida.

Esta lo miraba sorprendida con el contrato de matrimonio que le proponían, era algo así que ella quería, posibilidades para disfrutar su vida, ya que era incapaz de conocer su entorno y sus capacidades, era mentecata e incapaz de reconocerse inteligencia, la responsabilidad del dinero de su madre la hacía entrar en pánico, los planes de fugarse la hacían desvariar. Pero ese hombre de piel rojiza le estaba brindando una buena opción, no sería tocada hasta que se lo pidiera, y podría ser libre buscando su vida, su destino, y este hombre de confianza sería quien le administraría el dinero. Y siguió:

Tú madre me quiere mucho, al parecer confía en mí.

Eso era más que cierto para Adelaida, su madre veía por los ojos de ese hombre que acababa de llegar al barrio hacía ya meses, tenía a Emperatriz en el bolsillo y ahora con esas sabias palabras a Adelaida, así que no lo pensó tanto, de igual manera no era necesario.

Y confirmándolo en una reunión familiar, le dio la gran noticia a Emperatriz y Elías, estos fascinados por el gran cambio de su hija aceptaron de inmediato, había pasado de ser una mujer de vaga responsabilidad, a ser la mujer de un hombre estudiado de familia. Ese día Emperatriz no podía creer lo lejos que había llegado, y más cuando tomada del brazo y sacada aparte la pareja de novios le propusieron que la querían cerca de ellos, esto significaría para Emperatriz que los planetas se les habían alineado a sus caprichos los cuales llamaba deseos.

Era la oportunidad soñada para escapar lejos de Elías, había un hombre educado que se haría cargo de ella y su hija, un hombre de confianza y responsabilidad, un hombre que mostraba mucha seguridad. Un matrimonio perfecto con un contrato algo impuntual, todo esto desconocido por Emperatriz.

Así que ese día fue feliz, así de feliz como cuando iba camino al altar para entregársela al hombre educado, mientras iba en el carro con su hija, no dejaba de recordarle lo feliz que la hacía su compromiso.

Cosa que no sucedía con Jaime, se colocaba el traje de afán y echando desmadres:

¿Cómo no me vas a acompañar madre? – decía mientras se miraba al espejo y con la cara más roja que de costumbre.

La vieja mujer no hacía más que verlo atreves del espejo con rostro de reproche, y le decía:

¿Y aun me preguntas?

Así que deteniéndose por un momento se volteó para verla bien y recordarle: –
Soy un hombre viejo, no tengo un empleo estable, y si no conseguimos dinero perderemos este lugar.

Así que tomándola de los hombros y con ánimo benévolo le rogo que lo entendiera. La mujer vieja saca su mano debajo del chal y le da la bendición dejando que su hijo haga lo que tenga que hacer.

Ese día, ese día gris donde la parroquia guardaría el secreto del sector, el par de enamorados salieron tomados de la mano y con sus sonrisas bien dibujadas en el rostro, dando apariencia de una gran felicidad, de esas donde se refleja la paz donde dos almas cansadas se encontraron por el camino para unir sus vidas, de esa donde todos la percibían, pero que solo las personas más participantes reconocían ese secreto.

Después de un amargo año de casada donde había sido violentada por Jaime Adelaida volvió a la casa a visitar a su madre que yacía en la cama moribunda de una extraña enfermedad. Al parecer los planes no habían salido como los habían planeado y se habían prometido, lo único cierto era que su vientre se había llenado de vida en medio de una fuerte golpiza.

El hombre que había prometido tocarla hasta que se lo permitiera, había mentido, su plan iba mucho más allá, era medianamente inteligente y astuto, así que lográndola embarazar lograba obtener lo que él deseaba. Una compañía joven hasta que muriera, hijos, estabilidad económica ya que por forjar un destino ingenioso logro hacer que Emperatriz firmara un documento dejando como única heredera a Adelaida, y no solo esto, con su astucia logro envenenar a la joven insulsa, llenándola de paranoia al hacerle creer que si se alejaba de su lado quedaba en la calle, con Elías y criando a su media hermana.

Ahora estaba sola, y la presa más débil estaba apartada del nicho familiar, se vio ese día mientras le alistaba el vaso con agua a su madre para darle la medicina, y la odio, ese día más que nunca, mientras servía el agua y con el rostro ruborizado ahí en la cocina donde un día fue sacada del cabello por Elías, tomo la decisión, deslizo suavemente su mano hacía el escote de su pecho, y mirando de reojo para evitar ser vista por su hermanita que hacía tareas en el comedor, le dio un último vistazo a ese pequeño franco capaz de contener la muerte, lo destapo suavemente y vaciándolo en el agua lo volvió a poner entre sus grandes pechos, era imperceptible a la vista, así que confiada y tranquila porque su hija, la hija soñada de cabellera dorada la estaba atendiendo, bebió el agua, pasado 1 minuto la mujer empezó a convulsionar en los brazos de su hija entendiendo lo que había pasado.

Ahí la miraba a esos ojos grandes negros, y mientras su alma se desprendía del cuerpo vio claro por primera vez, pero ya era tarde, la única verdad que había era que no existiría para contarlo. Emperatriz la mujer astuta, la mujer que caminaba se había muerto en los brazos de su hija, había quedado atrapada en una de esas vueltas de la vida, donde no se vuelve para contarlo.

La mujer de la cabellera dorada, (similar a ricitos de oro escrita por Robert Southey) no salió invicta, había entrado a la casa y comido, había hecho lo que había querido, pero como buena moraleja de la vida, esta le cobraría su ánimo prepotente de siempre buscar más, teniéndolo todo.

Johanna Andrea Rodriguez Pico
Acerca de Johanna Andrea Rodriguez Pico 6 Articles
Escritora, emprendedora. Enamorada de Colombia, tengo 35 años, andariega de profesión, también cursando el ámbito jurídico donde se llevó a cabo varias investigaciones de tierras, diseñadora de calzado en crochet, bolsos y trajes de baño. Y trabajando en un nuevo proyecto que muy pronto se les contara. Colombia es de todos: Porque no sólo la corrupción está en las altas esferas como nos han contados. También está en eso pequeño que permites, y se engrandece por la forma en que lo alimentas, está en eso que enseñas a tus hijos el odio por su padre o su madre. En eso cuando engañas, en eso cuando robas. En esas pequeñas zorras que dañan la sociedad.