Cali y su remedo de alcalde

Rafael Rodríguez - Jaraba
Cali merece tener un alcalde capaz, que infunda respeto y autoridad, y no un remedo de gobernante como el que padece la ciudad. Clic para tuitear

Nunca he querido contaminar mis columnas de opinión como tampoco mis publicaciones en las redes sociales, con el nombre del sujeto que está de alcalde de Cali; repito, que está de alcalde, porque no es alcalde de nada, salvo de su propia chabacanería, incapacidad, indelicadeza y perversidad. Pero ante los graves hechos ocurridos en la ciudad, siento la obligación de hacerlo, para denunciar sus deliberados despropósitos y desvaríos.

Y es que el único responsable del vandalismo criminal que durante más de un mes ha padecido y sigue padeciendo Cali, es el señor Jorge Iván Ospina, quién, violentando el orden constitucional, ordenó a la fuerza pública no estar presente en algunas marchas supuestamente pacíficas que terminaron como era previsible, en actos planificados de vandalismo, barbarie y terror; y ahora, después de ocurridos, crímenes, saqueos y destrucción, y cuando la ciudadanía está promoviendo su revocatoria, el remedo de burgomaestre, tratando de despistar a ingenuos e incautos, dice que sí debe actuar la fuerza pública frente a los bloqueos y el vandalismo.

Por su deliberada negligencia, Ospina es el responsable de la ruina económica de la ciudad, de la destrucción de su sistema de transporte masivo y de su amoblamiento urbano, del asalto y saqueo de miles de establecimientos de comercio y de la muerte y lesiones de ciudadanos y agentes de la fuerza pública.

No siendo poca su tolerancia con la destrucción, Ospina acogió una minga de comunidades indígenas del Cauca, desnaturalizadas, invasoras y complacientes con los cultivos ilícitos y el narcotráfico, que durante una semana intimidaron la ciudad, destruyeron parte de su patrimonio histórico y la sometieron a su antojo y control.

Para no dejar duda de su perfidia con la democracia y de su desacato al orden constitucional y a la autoridad del Gobierno Nacional, Ospina promulgó un espurio decreto mediante el cual intentó legitimar los bloqueos y las vías de hecho, así como reconocer personería y vocería a un puñado de criminales remunerados y de jóvenes desorientados que siguen asolando la ciudad y alterando la tranquilidad ciudadana.

Que nadie se equivoque, Ospina es un solapado corifeo de Gustavo Petro, y amigo vergonzante de las NarcoFarc y de los espurios Acuerdos de La Habana. No se debe olvidar que Ospina es hijo de Iván Marino Ospina, quien fue dirigente de la banda criminal del M-19, como tampoco, que Petro avaló su candidatura a la Alcaldía de Cali.

Sobrecoge que la ciudad soporte a este ordinario y oscuro personaje, tan seriamente cuestionado e investigado por varios negociados de su anterior administración, y que hoy, contra el querer mayoritario de los ciudadanos y el más elemental sentido de la lógica y la coherencia, haya embaucado la ciudad en el multimillonario pago de una iluminación móvil, una feria virtual y en la instalación de estrafalarias materas en las precarias vías de la ciudad, probablemente, para «pagar favores» o «ayudar» a sus obsecuentes seguidores.

Siempre he tenido profunda reserva y desconfianza por este destemplado personaje, así como por algunos de sus colaboradores y pomposos asesores, que solapados no desaprovechan oportunidad para cometer costosos adefesios, mientras que la ciudad se mantiene asediada por criminales, sus vías destruidas, su infraestructura abandonada y las Unidades de Cuidados Intensivos copadas.

La Contraloría, la Procuraduría, la Fiscalía, la Sociedad de Mejoras Públicas, la Unidad de Acción Vallecaucana y los Gremios de la Producción, deberían estar atentos a las contrataciones que viene realizando este sujeto, así como algunos de sus subalternos y asesores.

No sorprendería que luego de tanta violencia y destrucción, de la sospechosa feria de contratos, del derroche de su gasto indelicado y del peligroso endeudamiento al que ha sometido la ciudad, de nuevo seamos sorprendidos con otros de sus escándalos, como el de las mal llamadas Megaobras o el del tablero del Estadio Pascual Guerrero para no mencionar más.

Cali merece tener un alcalde capaz, que infunda respeto y autoridad, y no un remedo de gobernante como el que padece la ciudad.

P.D. El señor Ospina me agredió en diciembre pasado, cuando cívicamente cuestioné el irresponsable endeudamiento a que estaba sometiendo la ciudad, su iluminación móvil, su feria virtual, su festival de contratos, así como la torpe instalación de materas en sus vías. No me extrañaría que de nuevo lo vuelva hacer.

Acerca de RAFAEL RODRÍGUEZ-JARABA 53 Articles
Abogado consultor, asesor y litigante. Especializado en Derecho Comercial de la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá. Maestría en Derecho Empresarial de la Pontificia Universidad Javeriana de Cali y del Centro de Estudios Garrigues de Madrid, España. Diplomado en Arbitraje, Litigio Arbitral y Conciliación. Certificado como Mediador de Conflictos de Gobierno Corporativo por Global Corporate Governance Forum, IFC y World Bank. Conjuez. Árbitro. Conciliador. Profesor de la Pontificia Universidad Javeriana, Universidad del Valle, Universidad Icesi y Universidad Pontificia Bolivariana. Miembro de la Academia Colombiana de Jurisprudencia. Autor de artículos investigativos y científicos publicados en revistas indexadas. Analista y Consultor jurídico, corporativo y financiero. Ex columnista de El Pueblo, Occidente, El País y Semana.