Colombia y el selectivo síndrome del ladrón

Robert Posada Rosero

Robert Posada Rosero
Colombia y el selectivo síndrome del ladrón. Columna de Robert Posada R. Clic para tuitear
Robert Posada

Algo no anda bien en el sentir y pensar de los colombianos para que ante delitos de diferente calaña siempre se armen polémicas interminables sobre la adecuada aplicación de las leyes, cuando en una sociedad moderna y democrática la justicia es una sola y debe aplicarse por igual y sin reparos de ninguna índole.

La reciente votación en el Congreso de la ley que contempla penas de cadena perpetua para violadores de niños y la noticia de la violación de una niña indígena de 13 años por parte de siete militares en el departamento de Risaralda, volvieron a encender al país. 

Quienes se oponían con puños y dientes a la cadena perpetua pidieron a rabiar esta pena para los soldados, pese al simple anuncio de la denuncia y sin que se conocieran detalles del desarrollo de la investigación, actitud que contrastó con la asumida ante otros criminales que actuaron con igual o más saña. 

Es difícil no descreer o sospechar de una justicia que ha dado muestras de tener un doble racero ideológico, pues personajes como Gustavo Petro, Ángela Robledo, Angélica Lozano y su compañera Claudia López, y el mismísimo Antanas Mockus, siguen activos en política a pesar de cometer acciones que a otros les habría costado su cargo y la inhabilidad.   

El congresista por el partido Verde, León Fredy Muñoz, detenido en el aeropuerto de Rionegro con cocaína continúa legislando y opinando como faro moral del país, y el ex candidato al concejo de Bogotá por el mismo partido, Sergio David Torres, quien tenía medida de aseguramiento por acceso carnal abusivo contra un menor de 13 años, quedó en libertad por vencimiento de términos.

Ahondar en las andanzas del senador Iván Cepeda Castro y Piedad Córdoba y sus relaciones non sanctas con grupos armados al margen de la ley es estrellarse contra un manto de impunidad que sobrepasa cualquier grado de racionalidad, y que solo es comprensible si se acepta que tenemos unos fiscales, jueces y cortes permeados por un pensamiento ideológico de izquierda. 

Asimismo, pululan por todo el país las estructuras de corrupción política y administrativa, lejos del alcance de una justicia cada vez más ciega con los poderosos pero implacable con los de ruana, convirtiéndose en el verdadero cáncer que carcome a la nación ante el asco e impotencia de los ciudadanos. 

Le asiste mucha razón al contralor general de la República, Felipe Córdoba, al hacer la observación que los colombianos caen muy seguido en el síndrome del ladrón, “cójanlo, cójanlo, y después, suéltenlo, suéltenlo, porque pobrecito”, empero, la problemática planteada por el funcionario es mucho más grave. 

Porque ese síndrome del ladrón no es universal, sino que convenientemente es aplicado dependiendo de la corriente ideológica a la que pertenezca el infractor o el criminal, en un doble rasero inaceptable y detestable, de quienes quieren imponernos una falsa superioridad moral y ética. 

Para estos oportunistas condenar a las instituciones del Estado siempre dará réditos políticos, máxime en una sociedad en la que se ha exacerbado el odio por la institucionalidad, la legalidad, los empresarios y los “ricos”, en una dañina estrategia populista de dividir a la población entre ricos y pobres con claros fines electoreros. 

Alebrestar al pueblo ante el “verdugo opresor” es una manera rápida de sumar apoyos, y ahora like, con el agregado que todo aquel que ose ir en contra de esta corriente es tachado de facho, godo, retrogrado, paraco y más recientemente  matarife, porque la izquierda se convirtió en una moda que llegó para quedarse entre intelectuales desubicados, miembros de la farándula en decadencia, jóvenes iletrados, y por supuesto, populistas de la peor calaña.      

En todas las familias, instituciones y sociedades hay la posibilidad de que algunos de sus miembros se desvíen del camino de la legalidad, situaciones ante las que por afinidad filial o respeto se muestre solidaridad, la cual en ningún caso debe ser entendida como complicidad, por ello tampoco es aceptable condenar a toda una institución por las acciones personales o de un pequeño grupo.  

Ni son todos los militares unos violadores porque siete soldados regulares cometieron este crimen, ni lo son todos los docentes porque en el 2019 casi 300 de los suyos fueron investigados por actos sexuales con sus estudiantes; si vamos a medir el viaje del fiscal Barbosa con rigurosidad se debe hacer lo propio con la escapada de Petro a Cuba.  

Los colombianos, pero sobre todo los jueces, deben superar los dobles raseros y las falsas superioridades morales y éticas, los togados en todas sus posiciones deben recuperar su lugar en la historia y actuar de manera justa y equilibrada, la política y la ideología déjenla al resto de mortales, si no lo pueden hacer háganse a un lado, por el bien de nuestra justicia y del país. 

 

Robert Posada Rosero
Acerca de Robert Posada Rosero 30 Articles
Comunicador Social Periodista, especialista en Derecho Constitucional.