Colombia y la OCDE Columna de Francisco Bernate Ochoa. @fbernate

Francisco Bernate Ochoa

Colombia y la OCDE

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Finalmente, Colombia forma parte de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico OCDE, un foro en el que diferentes países trabajan de manera conjunta con miras a encontrar respuestas a problemas comunes, identificar buenas prácticas y coordinar políticas locales e internacionales. En últimas, es un escenario en el que se buscan incentivar las buenas prácticas en materia económica para replicarlas en los diferentes países, con miras a incentivar el desarrollo y la prosperidad. Sin lugar a dudas, esta es una noticia extraordinaria que, creemos, debe generar un impacto en el

Lo primero, es que debe revisarse la cultura de la tramitomanía, tan frecuente en nuestro medio, que ciertamente afecta el desarrollo de la economía y hace de la vida del ciudadano un verdadero tormento. Prácticas como la exigencia de autenticaciones, certificados de supervivencia, fotocopias de la cédula, el abuso del papel, deben dar paso al empleo de la tecnología y la erradicación de la cultura de la copia ampliada al 150%.

Lo primero, es que debe revisarse la cultura de la tramitomanía, tan frecuente en nuestro medio, que ciertamente afecta el desarrollo de la economía y hace de la vida del ciudadano un verdadero tormento. Clic para tuitear

En segundo lugar, deben facilitarse los medios para la creación de empresas, asunto en el que abundan igualmente los trámites, requisitos, papeles, sellos, constancias, certificados y radicados. Es necesario simplificar estos procedimientos e incentivar la economía formal y la creación de empresas, así como el acceso a la financiación, tanto a nivel bancario, como a través de la inversión privada para lo cual habrá de robustecerse el funcionamiento del mercado bursátil.

En tercer lugar, es necesario emprender una reforma tributaria que haga –increíble- comprensible el sistema impositivo en Colombia, en el que igualmente abundan los incisos, excepciones, exenciones, evasión, elusión, entre otros padecimientos. A hoy, el sistema tributario colombiano es un verdadero laberinto, lleno de vericuetos y complejidades, que dificultan la inversión, y hacen verdaderamente insufrible el hecho de pagar los impuestos, naturalmente, en detrimento del recaudo necesario para la satisfacción del bien común.

A hoy, el sistema tributario colombiano es un verdadero laberinto, lleno de vericuetos y complejidades, que dificultan la inversión, y hacen verdaderamente insufrible el hecho de pagar los impuestos, naturalmente, en… Clic para tuitear

En cuarto lugar, se hace necesario emprender una política pública tendiente a reforzar y respetar un mínimo de estabilidad normativa. El sistema jurídico colombiano cuenta con más normas de las que necesita, año a año se expiden cantidades de leyes, decretos, resoluciones, circulares, muchas de las cuales son inaplicables, y, en su gran mayoría, innecesarias e incomprensibles. Es imperativo, para que un agente económico pueda tomar cualquier decisión, que pueda anticiparse a los riesgos que está asumiendo, lo cual, en Colombia, el país con más altas cortes de las que necesita, todas opinando de cualquier tema, lleno de Doctores en cada esquina, donde los procesos judiciales no tienen nunca una última palabra, es realmente imposible.

En quinto lugar, se hace necesario emprender el camino hacia la formalización laboral, para lo cual el primer llamado a dar ejemplo, es el propio Estado Colombiano, plagado de provisionalidades, contratistas, entre otras prácticas que, por supuesto, se replican en el sector privado, donde reina la informalidad, y en el que el trabajo, más que un derecho de todos los ciudadanos, es visto como un favor o un acto de caridad. Esta formalización, igualmente requiere simplificar los trámites, y facilitar la vinculación de personas, hoy en día asuntos plagados de papeleos y formularios.

En últimas, nuestro país puede quedarse o, con la noticia y la foto del ingreso a la OCDE, o estar a la altura de este reto y emprender una seria reforma estructural, no solo normativa, sino en las prácticas, siendo el propio Estado el primer llamado a dar ejemplo. Las esperanzas son pocas, pero confiamos en que estaremos a la altura del desafío.

 

 

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