Cómo perder las elecciones de forma digna y pacífica

Martin E. Botero

@boteroitaly

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Dar consejos sobre cómo ganar las elecciones y vivir feliz habría sido demasiado fácil para ambas partes: políticos y votantes. Sin embargo, se ha preferido suscitar un debate prospectivo sobre sobre cómo deberían actuar los políticos y los votantes a fin de perder las elecciones en forma digna y pacífica. Pese a lo extraño que pueda sonar, me gustaría dejar sentada y sometida a la consideración del lector una afirmación provocativa. Te damos todo lo que necesitas para que aprendas cómo perder las elecciones y qué es lo mejor para cada uno, especialmente en la perspectiva de las próximas elecciones de octubre. ¡Perdedores a separar su cupo! Soy consciente de que no todos suscribirán mi análisis. Una preparación excelente no garantiza que se pasará el examen, ya que pueden ocurrir factores externos como internos que afectan los resultados, pero son muchas más las que lo impiden. Así, por ejemplo, por un lado “la política se ha vuelto tan costosa que se necesita mucho dinero, aunque solo sea para perder”, mientras por el otro lado los que votan no eligen a los mejores candidatos, a los futuros ciudadanos, capaces, honestos y ordenados, sino a personas que se parecen a ellos. Además, hay muchos que se prestan a la corrupción y a la compra de votos o al desarrollo de estrategias concebidas para intimidar a las comunidades mediante amenazas de fuerza y el uso de la violencia incluso el fraude electoral (los votantes y los políticos). Aunque puedan existir muchas otras vías, dichas plagas están fuera del ámbito del presente análisis, relativa a las normas mínimas para no resultar vencedor en las próximas elecciones y de cualquier nueva elección.

De todos modos, sin más preámbulos, pasemos al tema que nos ocupa. Hablemos primero de los muchos votantes que hacen un uso incorrecto (según el punto de vista que se tenga) de las elecciones enfocándolas como una posibilidad de castigar a los políticos y a los partidos nacionales gobernantes, o van a votar en contra de sus propias convicciones. Esto se percibe, en general, como un gesto singular de rebelión del electorado. Si uno está convencido por ejemplo de que las cosas funcionan bien, o no hay ningún motivo para cambiarlas, para perder las elecciones no puedes hacer otra cosa que votar en contra o votar por cualquier candidato o partido que prometa servir sus intereses. Hay quienes votan por un partido porque hay tantos, porque tal vez ganen, porque conozco a alguien, porque tengo una gran admiración por el líder: cuando los votantes no piensan en la aptitud y experiencia de un candidato, cuando no piensan en la futura función que desempeñará en la sociedad, tal vez esa sea la forma más segura de perder. Para perder las elecciones es suficiente optar por soluciones fáciles que no garanticen seguridad y un futuro digno, no solo para usted, sino también para sus conocidos o sus hijos, porque cuando votas (en las elecciones) con otro propósito que no sea exclusivamente el de la prosperidad económica, el bienestar social y la calidad de vida en un modelo de desarrollo sostenible: ¡todo permanecerá como antes! Tal vez no lo lamentes ahora, pero te arrepentirás en el futuro. Si nos hemos abstenido en lugar de votar, esto va en contra de sus propios intereses, porque la abstención en la votación, incluso si es masiva, no se tiene en cuenta en las cifras globales: aunque si el número total de votantes, por más absurdo que sea, fue de solo tres personas, los partidos se dividirían el número total de votos para establecer ganadores y perdedores (Marco Travaglio), más aún los votos nulos y en blanco se tendrán en cuenta a efectos del recuento de los votos emitidos, luego no podremos ser los primeros en quejarnos cuando todo vaya mal en el futuro. El hecho de que sea así es para nosotros otra razón para ir votar, la mejor forma de perder.

Y ahora pasaremos revista muy brevemente a los candidatos. Para no ganar las próximas elecciones y sin complicaciones, ustedes deberán seguir detenidamente estas instrucciones. Por favor recuerden que durante la campaña electoral los ataques personales o prácticas poco éticas contra el candidato a la delantera pueden ser una explicación de su desesperación al no poder atraer a los votantes para que favorezcan su candidatura. Es una forma de enmascarar su propia capitulación. Esto será muy positivo, porque les hace perder aceptación entre el electorado y se harían más mal que bien, lo que terminará restándoles muchos votos. Además, los grandes perdedores de las elecciones no respetan las reglas ni el espíritu del juego democrático, creyendo como creen que se pueden valer por sí solos.

Para perder la confianza de la mayoría de la población y, por ende, perder adeptos entre la opinión pública y las elecciones cómodamente, sin dificultad, nuestro candidato no debe avergonzarse, más bien debería responder al llamamiento de prometer un aumento sustancial de la presión fiscal o aumentar el gasto público (cuyos beneficios revela una propensión a favorecer a los grupos más ricos Unicef) y los impuestos a combustibles. Importante: es altamente recomendable nunca estar en primera fila en el combate contra la mafia y la corrupción, así como no apoyar la asistencia médica completa. Prometer es fácil, pero errar y olvidar es humano. Al mismo tiempo, se recomienda, decir toda la verdad, no mentir y decir cosas contradictorias, no encubrir y anunciar las malas noticias. Nunca seducir a electores necesitados con regalos de campaña o abiertamente para la compra de votos, es decir no dar credibilidad a la lógica predadora de la compra de votos. También deberías tener presente que “la falsedad y la incoherencia en las democracias maduras son castigadas por los votantes”.

Otros requisitos previos importantes a la jornada de votación para la consecución de sus objetivos son: no registrar las percepciones y opiniones de la gente para su posterior evaluación y su incorporación, no recurrir al diálogo permanente y activo con los ciudadanos, así como nunca controlar los medios y descuidar internet, es decir no desplegar esta herramienta de comunicación y usarla para hacer más eficaz el diálogo con los ciudadanos. Por lo tanto, podían descuidar la política medioambiental y proponer la despenalización de las drogas o restar importancia a los riesgos relacionados con las drogas y al daño que provocan. Los candidatos perdedores suelen mostrar desprecio hacia los votantes, hacia los ciudadanos, desacreditan la clase política, no solo ridiculizan o desprecian las doctrinas religiosas, sino también demuestran autoconfianza con arrogancia: ese es el peligro de arrogancia femenina en la política; no escuchan a sus electores ni impulsan el empadronamiento de votantes y a miembros de comunidades remotas, particularmente mujeres y jóvenes. Por encima de todo, esto entraña la adhesión a una conducta ética estricta, por ejemplo, no deben sacar provecho político del miedo ante lo ajeno, ni usar la posición para sacar beneficio electoral de la desgracia humana o intentar sacar el máximo partido electoral de un acontecimiento muy triste, así como tampoco se debería practicar la política que consiste en sacar provecho de lo malo o intentar sacar partido de las debilidades administrativas existentes y de los problemas financieros, hablando pestes del gobierno local. Está claro que el resultado será de naufragio seguro.

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Además, los perdedores triunfalistas no se preocupan demasiado de los intereses de sus habitantes ni de reformar los servicios públicos. Estos candidatos ni siquiera se preocupan o muestran preocupación por su propia población o por los asuntos como la pobreza, transporte, condiciones de vida y de trabajo, ni mucho menos en términos de la percepción de los ciudadanos sobre la seguridad pública. Esto significa que solo se interesan por sí mismos, son narcisistas ciento por ciento. En muchos casos, avanzan sin objetivos claros y con una buena cantidad de retórica muy positiva: hacen muchas promesas a las personas más pobres a sabiendas de que son imposibles de cumplir y declaraciones políticas a la comunidad engañando al público con la idea de que la gente pobre es ignorante. Fácilmente la gente pobre se puede volver como tigres y es mejor crear bestias así. Los pobres son pobres, pero no son idiotas. Ello deteriora aún más su imagen, lo que lleva a la pérdida de elecciones. Con todos estos instrumentos en la mano, no puede no perder, él y su partido, las elecciones. La corrupción y los escándalos y la presión pública es una influencia clave en cómo los electores votan a favor de alguien o en contra. Esto también tiene otras motivaciones ideológicas que ahora no comentaré.

La corrupción y los escándalos y la presión pública es una influencia clave en cómo los electores votan a favor de alguien o en contra. Esto también tiene otras motivaciones ideológicas que ahora no comentaré. Clic para tuitear

Aun así, existen otras opciones importantes durante todo el desarrollo de la campaña, como, por ejemplo, no consolidar el voto duro o de quienes todavía dudan o no se han convencido y, sobre todo, no ganar votantes de la ideología “moderada” o centrista que se considera abarca a la mayoría de los votantes. Pero también, no ganar el corazón y la mente de la población. Por tanto, deben ser objetivamente incapaces de ocuparse en serio de los retos que enfrenta la ciudad y de aportar un elemento de estabilidad, así como llevar adelante un modelo de vida inmoral. Ellos deben también dar muestra de altanería o incluso de arrogancia. Por ejemplo, al responder a los ataques no demostrar respeto por la dignidad humana y aplastar a los adversarios, utilizar la comunicación verbal y no verbal para demostrar su superioridad e intercambiar insultos o ataques personales para socavar la credibilidad de los adversarios ideológicos ganando la antipatía o rechazo de una parte de la opinión pública. El hecho de que nuestro candidato pueda comportarse de otro modo no es excusa para incumplir los requisitos de estas directrices. Le rogamos que lea todas estas instrucciones para conocer todas las posibilidades que le ofrece perder las elecciones con entusiasmo y alegría. Amén.

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