“Conversación Nacional”

Orlando Abello Martínez-Aparicio

Bienvenido el diálogo convocado por el presidente Duque con los titulares del mandato fresco regional. En efecto, los gobernadores y alcaldes que iniciarán sus respectivas administraciones el próximo 1º. de enero de 2020, son -sin lugar a duda- interlocutores válidos para reconstruir las bases de una nueva gobernabilidad para país, propendiendo por articular adecuadamente los programas del gobierno nacional con las necesidades básicas e insatisfechas de las regiones. 

Treinta y dos (32) gobernadores departamentales y mil ciento uno (1.101) alcaldes distritales y municipales, elegidos democráticamente, representan un nuevo mapa político, ideológicamente pluralista, comprometidos con un mandato nuevo con quienes habitan sus respectivos distritos, municipios y departamentos. 

Juntos son -ni más ni menos- la sumatoria de lo que se define como nación: el estado jurídicamente organizado. 

Los que marcharon, y los que no lo hicimos, deberíamos sentirnos representados en ellos, por el solo hecho de haber resultado ungidos por el voto popular para dirigir los destinos de nuestras respectivas localidades, recientemente.

En mi anterior columna (“Algo grave va a pasar en este pueblo”, Nov 19/19), invocaba, a manera de deseo, esta rogativa: “Cualquiera que sea el desenlace de este monumental enredo (el anunciado paro N21), ojalá el 22 de noviembre comience una nueva etapa positiva y constructiva para el país”.

 Hoy, al igual que entonces, sigo creyendo en la necesidad de construir sobre la confianza destruida, y nada mejor para ello que el diálogo nación-región. 

Los partidos políticos deberían ser canales de comunicación entre gobernantes y gobernados, pero su déficit de credibilidad les resta legitimidad para ello. 

Los partidos políticos deberían ser canales de comunicación entre gobernantes y gobernados, pero su déficit de credibilidad les resta legitimidad para ello. Clic para tuitear

Quizá les quede un escenario de reivindicación en el congreso de la república. Pero para ello deben someterse a una reingeniería interna que los comprometa a actuar correctamente, sirviendo los intereses de la patria sin esperar nada a cambio diferente a la satisfacción del deber cumplido.

A raíz de mi regreso a Barranquilla -hace 8 años-, después de vivir más de 20 en Bogotá, me declaro creyente y convencido de que el desarrollo y la prosperidad nacional depende más del buen gobierno de las ciudades y entes departamentales, que del propio gobierno nacional. El gobierno central debería actuar como un macro gerente del bienestar del país, articulando y fortaleciendo tejido social con las provincias y distribuyendo equitativamente los recursos; premiando de alguna manera a quienes se destaquen por su buena ejecución. 

El 17 de septiembre de 2019, en otra columna (igualmente publicada en este portal) titulada: “Barranquilla ¿ciudad-estado?”, me referí a la grata impresión que me dejó el saliente alcalde de Barranquilla, Alejandro Char, al término de una convincente disertación en la que conversó informalmente con un grupo de ciudadanos, sobre lo que ya el país conoce como “el milagro barranquillero”. 

Se refirió, el burgomaestre, al progreso de la ciudad durante los últimos 12 años durante los gobiernos consecutivos administrados por él, Elsa Noguera, y posteriormente de nuevo bajo su mando; y es de esperar que así continúe durante los próximos 4 años en cabeza del alcalde electo Jaime Pumarejo.

Debo recalcar algo que señaló y que a mi me impactó -lo cual valdría la pena compartir con todos los mandatarios seccionales que fueron invitados por el presidente Duque al diálogo nacional- ; y es que mientras la mayoría de los alcaldes de provincia se la pasan mendigando partidas presupuestales al gobierno nacional -y culpando al centralismo de sus fracasos-; en Barranquilla -después de recibir una ciudad quebrada en ley 550 y con sus tributos empeñados a un intermediario que percibía altos márgenes por el recaudo de los mismos-, se recobró la soberanía tributaria, se pagaron las acreencias, y se construyeron obras monumentales que jamás antes pudieron acometerse, tales como la canalización de los arroyos, los parques, la malla vial, los escenarios deportivos, el gran malecón del río, etc., lo cual mejoró notablemente la calidad de vida de sus habitantes.

De otra manera no hubiera sido explicable que en Barranquilla, la gente el N21 marchara alegre y civilizadamente. Y fueron los protestantes los primeros en cuidar los bienes públicos, inspirados quizá en el sentido de pertenencia generado por una nueva cultura ciudadana que no es ajena a la buena marcha de las administraciones departamental y distrital. 

Ciertamente nuestra idiosincrasia y nuestro espíritu pacífico es diferente al resto del país, ¡pero no lo es todo!… hay consciencia de que los nuevos bienes públicos -que según  nos dijo el Alcalde fueron concertados previamente con las comunidades-, generase ese sentido de pertenencia y de protección a que hicimos referencia.

Bienvenido sea dicho de nuevo el diálogo nacional convocado por el Presidente Duque. Siempre y cuando se desarrolle con interlocutores válidos. Si se equivoca en la escogencia de los mismos el remedio podría ser peor que la enfermedad. Terminarían tratando de imponerle una agenda pública distinta y opuesta a la que apoyamos en las urnas más de 11 millones de colombianos que votamos por su elección presidencial.

En la gran mesa de reconciliación nacional no tienen cabida los anarquistas ni los vándalos. La patria requiere en estas horas y en ese escenario de mentes claras, sanas, constructivas, representativas y legitimadas. 

En la gran mesa de reconciliación nacional no tienen cabida los anarquistas ni los vándalos. La patria requiere en estas horas y en ese escenario de mentes claras, sanas, constructivas, representativas y legitimadas. Clic para tuitear

No nos dejemos engañar de nuevo -como sucedió en la mesa de la Habana-. Como dice el refrán popular: ¡al perro no lo capan dos veces!

Orlando Abello Martinez-Aparicio
Acerca de Orlando Abello Martinez-Aparicio 26 Articles
Doctor en Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Cartagena. Especialista en Derecho de Sociedades de la Universidad Javeriana. Ex Embajador de Colombia en Canadá. Ex Registrador Nacional del Estado Civil. Ex Congresista. Miembro de la Academia de Historia de Bogotá y de la Sociedad Bolivariana. Abogado asociado en la firma De La Espriella Lawyers Enterprise. Árbitro en las Cámaras de Comercio de Bogotá y de Barranquilla.