Covid 19: un problema de salud mental

Santiago Pérez Solano

Santiago Pérez Solano

Es como si el virus no solo hubiese dejado al descubierto algo que de antemano conocemos, como lo es la fragilidad del ser humano, sino que, además, sacó a relucir lo más oscuro de los pecados capitales. Clic para tuitearEl mundo atraviesa por una de las crisis más profundas de los últimos ciento veinte años.

La pandemia por coronavirus, si bien trajo consigo un impacto negativo en la economía del país y en pérdida de vidas humanas, no es menos cierto que también desnudó los sentimientos, las pasiones y las falencias más recónditas en los corazones de quienes habitamos este suelo patrio.

Hace un año, cuando empezó la tragedia, tuve la osadía de cavilar con exagerado optimismo que el orbe transitaba hacia un cambio de paradigmas, que nos convertiríamos en una civilización avanzada, en una raza respetuosa de los demás y del medio ambiente, como quien dice, alcancé a ver el mundo nuevo y la tierra nueva vislumbrada por el evangelista Juan en su Apocalipsis, último libro del nuevo pacto.

¡Cuán equivocado estuve!

A medida que transcurrían los días con sus cuarentenas, confinamientos y limitaciones, me fui dando cuenta de lo acertado que estuvo el profesor Jaime Jaramillo Uribe en su obra “El Pensamiento Colombiano en el Siglo XIX”, cuando señaló que los colombianos heredamos los genes de esa caterva de desalmados que llegaron en la Niña, la Pinta y la Santamaría en 1492 a tierras americanas.

Ni siquiera en los actuales momentos, cuando el virus cumplió su primer año, hemos dado muestras de empatía, solidaridad y responsabilidad frente al dolor de los demás; como diría el papa Francisco, mientras no se trate de mí o de los míos, no es de mi incumbencia, lo que va en contravía de la filosofía cristiana, explicaba el pontífice romano.

A mediados de marzo de 2020, una vez encendidas las alarmas sobre la llegada del virus al país, y con las medidas subsiguientes adoptadas por el Gobierno Nacional en lo que respecta a las cuarentenas totales y obligatorias, observé con detenimiento el comportamiento de la sociedad colombiana.

Como si se tratara del Armagedón, el pueblo colombiano se volcó hacia los supermercados, con infundado paroxismo, a comprar cientos de rollos de papel higiénico y a vaciar los estantes donde se encontraban los productos esenciales de la canasta familiar, lo que trajo consigo el abuso por parte de las pequeñas, medianas y grandes superficies en el incremento de los precios de las ventas.

Era increíble llegar a un establecimiento de comercio y no encontrar absolutamente nada para llevar, o lo poco que había, a precios exorbitantes.

Por otra parte, las tarifas de los tiquetes aéreos se encumbraron al mismo nivel de los aviones, ni hablar de los servicios públicos domiciliarios, los cuales tuvieron incrementos injustificados sin control alguno por parte de las autoridades competentes.

De igual forma, en Bogotá se conocieron casos de propietarios de inmuebles que desalojaron a sus inquilinos en medio de la pandemia por falta de pago en los cánones de arrendamiento, sin tener la mínima conmiseración de que había niños en brazos, menores de edad, ancianos o enfermos.

Así mismo, cientos de hogares se convirtieron en verdaderos infiernos, toda vez que, la intolerancia estuvo a la orden del día, se incrementaron los delitos de violencia intrafamiliar, el consumo de alcohol y sustancias psicoactivas, los abusos sexuales, los feminicidios, las lesiones personales y las rupturas matrimoniales y de pareja.

Aunado a lo anterior, en plena pandemia, la zurda comunista radical siguió alimentando el odio, la anarquía y el resentimiento al interior de sus filas contra el Estado y sus servidores, lo que trajo consigo las noches septembrinas del 2020, cuyos actos de terrorismo dejaron a su paso muertos, heridos, pérdidas materiales e innumerables contagios por covid 19.

Es como si el virus no solo hubiese dejado al descubierto algo que de antemano conocemos, como lo es la fragilidad del ser humano, sino que, además, sacó a relucir lo más oscuro de los pecados capitales explicados por la fe católica.

¿Por qué estamos tan mentalmente enfermos los colombianos?

En mi concepto, desde el mismo momento en que se desvertebró la familia como núcleo fundamental de la sociedad, se resquebrajaron los valores y principios morales que la sustentaban.

Como abogado, siempre he pensado que el artículo 42 constitucional contiene una sabiduría inconmensurable, no aprovechada para la solución de los males que aquejan a nuestra sociedad.

No en vano es mi parecer que, si reconstruimos la familia, reconstruiremos al mundo.

Va siendo hora de que el Estado colombiano eche un vistazo a la familia, no a través de normas impositivas o restrictivas, sino desde un punto de vista “paternal”, humano, con el fin de detectar los graves problemas que la agobian y buscar prontas soluciones.

Para culminar, la reforma tributaria es importante, sobre todo, porque es la única forma de estabilizar las arcas públicas, pero, actualmente, debido a la desventura económica y social ocasionada por el coronavirus, la medida resultaría un tanto improcedente e impopular, por lo que es necesario que el gobierno tome cartas también, en otros asuntos, por ejemplo, la salud mental de los colombianos, teniendo en cuenta que, si observamos las estadísticas respecto de los niveles de intolerancia, violencia, robos, riñas y asesinatos, llegamos a la triste conclusión de que Colombia es un país mentalmente enfermo, lo que debe ser motivo de enorme preocupación en una nación civilizada.

Al momento de culminar estas líneas, escuché una noticia que, según estudio de una importante universidad norteamericana, las personas que desarrollaron coronavirus son más propensas a padecer trastornos neurológicos y psiquiátricos, razón por la cual, las medidas gubernamentales en este punto son cada día más urgentes.

¡Ojo con el 2022!

Santiago Alfredo Pérez Solano
Acerca de Santiago Alfredo Pérez Solano 4 Articles
Santiago Alfredo Pérez Solano, nacido en Santa Marta, bachiller del colegio franciscano San Luis Beltrán, abogado de la universidad Sergio Arboleda de Bogotá, especialista en Derecho Administrativo de la universidad del Rosario, con más de 18 años de experiencia en el sector público y privado en las áreas de contratación estatal y defensa judicial.