Crianza diferente, jóvenes distintos.

Jorge Luis Calle Alemán.

Crianza diferente, jóvenes distintos. Columna de Jorge Luis Calle Alemán. Clic para tuitear

La semana pasada, mientras asistía a un evento público en el que sus asistentes debíamos permanecer en silencio, fui testigo de un suceso que llamó la atención de todos y despertó en mí algunas reflexiones que quisiera compartir en los siguientes párrafos.

Una niña de unos cuatro años de edad, empezó a llorar de forma desconsolada ante la sorpresa de quienes allí estábamos, y en especial de su madre. Como los gritos si intensificaban con el correr de los segundos, la madre cogió a su niña en brazos para sacarla de aquel lugar y permitir el normal desarrollo de lo que allí acontecía. Pasaron junto a mí, escuché a la señora pedirle en tono suave que se calmara y centré mi mirada en el rostro de la pequeña para no perderme su reacción. Pareció no importarle lo que dijo su madre, estaba iracunda, roja, con algunas lágrimas en sus mejillas y seguía dando alaridos que retumbaban en todas las paredes del recinto. Afuera del mismo, a unos 100 metros de distancia, continuó aquel espectáculo por algo más de 10 minutos, durante los cuales, no hubo por parte de la desesperada mamá, un tono serio, ni un pellizco, ni un llamado de atención fuerte y contundente, ni mucho menos una pela, que no es más que una palmada, extinta en la actualidad, que solía dar alguno de los padres de antaño, a su hijo cuando este último se comportaba mal.

El berrinche terminó finalmente, cuando la señora permitió a su hija sentarse en el lugar que ella quería y jugar con una muñeca, que hasta entonces, permanecía guardada en un bolso. Es decir, la rabia y el llanto acabaron, cuando la madre cedió a las pretensiones de su pequeña niña.

Sin ánimo de juzgar el caso particular, deseando no generalizar, a riesgo de ser duramente cuestionado por la psicología moderna, y aclarando que no tengo hijos y que no pretendo recomendar a los padres cómo deben criar a los suyos, me atrevo a relacionar lo relatado, con el comportamiento que hoy observó en muchos de nuestros jóvenes.

Hombres y mujeres que no respetaron la autoridad de sus padres, y hoy no respetan ninguna. Hombres y mujeres a los que se les dijo que lo merecían todo, y hoy no saben cómo lidiar con los fracasos propios de la vida. Hombres y mujeres que vieron cumplir rápidamente todos sus deseos de niños, y hoy no aceptan negativas y no tienen paciencia. Hombres y mujeres a los que siempre les hablaron de derechos, y hoy olvidan sus deberes. Hombres y mujeres que priorizaron su contacto con herramientas tecnológicas, y hoy son sumamente hábiles pero les cuesta establecer vínculos reales con otras personas. Hombres y mujeres cuyos problemas eran resueltos por sus padres, y hoy no aceptan responsabilidades y prefieren culpar siempre a los demás por cualquier mal que los aqueje. Hombres y mujeres a los que se les dijo que eran los mejores, y hoy no tienen problema en pasar por encima del otro en su afán de serlo. Hombres y mujeres a los que se les dio todo, y hoy nada los satisface.

Hombres y mujeres que vieron cumplir rápidamente todos sus deseos de niños, y hoy no aceptan negativas y no tienen paciencia. Clic para tuitear

En definitiva, hombres y mujeres buenos que crecieron en un mundo creado por sus padres, y que hoy encuentran enormes dificultades para adaptarse al real.

No dejemos de pensar en qué planeta le vamos a dejar a nuestros hijos, pero empecemos a preguntarnos qué hijos le vamos a dejar a nuestro planeta.

Jorge Luis Calle
Acerca de Jorge Luis Calle 8 Articles
Administrador de Negocios, especialista en Mercadeo y en Comunicación Política. Opinador de temas de país.