CRISTOBAL COLÓN  Y EL DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA

Coronel Luis Alfonso Plazas Vega

Coronel Alfonso Plazas Vega

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Coronel Alfonso Plazas Vega

LAS CREENCIAS SOBRE LA CONFIGURACIÓN DE LA TIERRA

En los primeros siglos de la era cristiana, la gente creía que la tierra era plana y al final estaban los abismos infernales, y por esa razón aventurarse en barco muy lejos de tierra firme era muy riesgoso.

Pero las teorías de Claudio Ptolomeo en su Geografía y su Makoraba planteaban la redondez de la tierra. De hecho, Ptolomeo además de su teoría del geocentrismo de la tierra con relación al universo, creía que las Indias (los hindúes) se hallaban mucho más cercanas de la Europa al navegar hacia el occidente.

El heliocentrismo, es decir la teoría de que la tierra y otros planetas que hoy llamamos el sistema solar, giran alrededor del sol, fue planteado por primera vez por el matemático, astrónomo y clérigo católico polaco Nicolás Copérnico, pero despreciado por la iglesia católica. Luego fue retomado en el siglo diecisiete por Galileo Galilei, quien recalcó la redondez de la tierra, y la realidad comprobada a través de sus telescopios en 1632, que la tierra gira alrededor del sol. Esto desdecía algunos pasajes del antiguo testamento de la biblia, y fue considerado una herejía. Juzgado por la Inquisición, fue confinado a su residencia por los diez años que le quedaban de vida.

El derrotero de algunos navegantes europeos a través del Océano Índico sirvió como un estímulo para otros que pensaban que se podía llegar al Asia oriental navegando hacia el oeste. Uno de ellos era Cristóbal Colón, quien defendía la hipótesis de que el diámetro de la Tierra era tan pequeño que fácilmente se podía alcanzar Asia navegando desde Europa hacia poniente (occidente).

Adicionalmente se sabía que, en países lejanos como la China, el Japón o la India, la producción de especias, y sedas, tan ambicionadas y caras para los europeos, salían muy costosas por los costos de los viajes. Se rumoraba además que en esos lugares había piedras preciosas y oro. Sin embargo, desde la época de Marco Polo el navegante veneciano, dos siglos atrás, nadie había regresado de esos lugares.

Marco Polo había escrito un libro, era su bitácora, donde narraba su viaje y describía con detalle esas tierras.

CRISTOBAL COLÓN

Cristobal (Christoforo) Colón nació en 1451 en Génova, Italia. Su padre Doménico Colombo era cardador de lana y su esposa Susana Fontanarosa, ama de casa.

Desde temprana edad Christóforo Colombo manifestó a sus padres que su interés no era la producción de lana, sino el mar, para conocer el mundo. se hizo a la mar desde cuando tenía 14 años, en 1465. Fue así como en 1470 recorrió el mar Mediterráneo. Después navegó hasta Inglaterra e Islandia. De regreso se estableció en Portugal con su hermano Bartolomé, donde aprendió a dibujar portulanos (cartas marinas), y se dedicó a venderlas para subsistir en Lisboa.

Esta actividad le obligaba a aprender elementos de latín, conocer la geografía el mundo conocido en especial los mares, y relacionarse con personas que él admiraba como los geógrafos y los navegantes que eran sus clientes.

Colon en esa tarea, se convenció no solo de que la tierra era redonda, sino de que por el camino del océano atlántico se podía llegar a las indias orientales.

Para comunicarse con los clientes de sus mapas, de otros países, Colón necesitaba el latín, así que lo estudió con juicio, y eso le permitió además la lectura de libros sobre el tema cartográfico y la geografía universal.

Entonces le resultó una comisión bien pagada a la isla de Madeira, para comprar y traer a Lisboa un cargamento de azúcar. En la isla entró en contacto con el Gobernador, y conoció a su hija Felipa Moniz de Perestrello. Se enamoraron y se casaron en 1479. Con ella tuvo un hijo, Diego, nacido en 1480, quien más tarde sería su compañero de aventuras de mar, su confidente y el futuro Virrey de las Indias.

LA LUCHA POR EL APOYO ECONÓMICO PARA EL VIAJE

Colón contaba con un ejemplar de Los Viajes de Marco Polo, en una época en que tener libros era un lujo, y no solo lo leía sino lo estudiaba.  Y su contenido lo llevó a concluir que, navegando hacia el oeste a través del Atlántico, encontraría a Japón a 4.500 kilómetros al oeste de las islas Canarias, y un poco más lejos a China e India. De todos modos, era un camino más corto y menos aventurado que el viaje por tantos países y tantos peligros que conllevaba el recorrido por el oriente.

El proyecto de Cristóbal Colón

El proyecto comprendía la financiación de una expedición a Cipango (Japón) y Catay (China), navegando al oeste de las islas Azores por el océano atlántico. Incluía la organización de tres carabelas con vituallas y mercaderías para comerciar. Aspiraba a ser nombrado caballero, almirante y gobernador de los territorios descubiertos, y adicionalmente: la adjudicación del 10% de las ganancias obtenidas en las tierras descubiertas, y un octavo de las ganancias obtenidas en cada barco que comerciase con dichos países.

El rechazo de Portugal

En 1484 Cristóbal Colón presentó su proyecto al rey, Juan II de Portugal, pero fue reprobado por una comisión de sabios designada por el Soberano luso. Ellos consideraron equivocados los cálculos. Seguían pensando en el mejoramiento de las expediciones por la ruta a Oriente bordeando África.

Poco tiempo después de rechazado el proyecto en Lisboa, doña Felipa, esposa de Colón, falleció y con esto la época portuguesa de la vida de Colón, se terminó. Corría el año 1485.

 

En Inglaterra

Al año siguiente su hermano Bartolomé ofreció el proyecto a Enrique VII de Inglaterra, quien no lo aprobó. Ni siquiera lo estudiaron.

A España.

Mientras tanto Colón llegó a España con su hijo Diego y el 20 de enero de 1486, presentó su proyecto al Gobierno de los Reyes Católicos, doña Isabel de Castilla y don Fernando de Aragón. Nuevamente allí fue analizado minuciosamente por una junta de notables (sabios y marineros). Ante ella, Colón tuvo que hacer la presentación del proyecto, varias veces, sin resultados. En cada ocasión seguían en estudio.

Cuatro años después, en 1490, la corona española rechazó la teoría de la familia Colón, por ser ajena a los preceptos geocentristas de la Biblia y por tanto inviable.

 

En Francia

En 1487, Bartolomé Colón se desplazó a Francia. Los costos de este ambicioso propósito eran grandes, pero los iban realizando, con un tesón ejemplarizante.

En Francia tampoco fue aprobado el proyecto.

 

EL PADRE MARCHENA, Y LA REINA ISABEL QUIEN APALANCA EL VIAJE CON SUS JOYAS

Desconsolado, pero no derrotado, Colón pidió apoyo económico a los padres franciscanos. Su petición solo se relacionaba con la vivienda para él y su hijo Diego en el convento de la Rábida, alimentación y facilidades para perfeccionar su proyecto. Era un tema intelectual. Pedía que le atendieran sus teorías y su proyecto.  Los franciscanos lo autorizaron y un grupo de clérigos lo recibió en el monasterio, lo alojaron y lo escucharon.

Cosas de Dios. Entre ellos había una persona especialmente interesada en el tema, el padre fray Juan Pérez de Marchena, ex confesor de la Reina Isabel la Católica. El padre Marchena, como le decían, decidió viajar a Madrid y pedir a la reina que escuchara personalmente el proyecto, que a su juicio podría ser trascendental.

La reina recibió a Colón con Juan Pérez de Marchena y quedó convencida de la bondad del proyecto. Aunque su esposo Fernando no estaba tan interesado porque su obsesión era sacar a los musulmanes de la península ibérica, le concedió a la reina la razón y el apoyo al navegante genovés.

Así fue como en abril de 1492, Colón obtuvo el apalancamiento económico de los reyes católicos, quienes le autorizaron el proyecto, sin financiar, de llegar a Asia por el oeste, atravesando la mar océano, mediante unas capitulaciones que incluían la propiedad y posesión de todas las tierras que fueran descubiertas a nombre del Reino español. Se llamaron “Las Capitulaciones de Santa Fe”. Las prebendas de importancia que no tenían costo para la corona le fueron aprobadas en las capitulaciones.

Las joyas de la Reina fueron empeñadas como respaldo a la financiación, es decir, si fracasaba el proyecto, con ellas se cubrirían las pérdidas. Como el proyecto no fracasó, sino que fue abrumadoramente exitoso, las joyas de la corona no solo no corrieron riesgo, sino que se complementaron enormemente, con oro, plata, esmeraldas y otras piedras preciosas.

Para financiar su empresa, Colón tomó contacto con don Luis de la Cerda, duque de Medinaceli, un hombre muy rico, con enormes ingresos. Medinaceli, atendiendo el respaldo de la Reina, puso tres mil ducados a disposición de Colón y gracias a ello pudo contar con las tres embarcaciones, salario para los marineros y otras costas.

De todos modos, Martín Alonso, de quien se relatará más adelante, aportó de su hacienda personal medio millón de maravedís, la tercera parte de los gastos físicos de la empresa.

El resto de los costos fueron asumidos por el Concejo de Palos de Moguer en cumplimiento de una real provisión (apalancamiento) de sus majestades los reyes católicos. que se explicará más adelante.

Colón firmó el embargo de los dos barcos de Moguer, en presencia del escribano Alonso Pardo. Se trataba de dos carabelas.

La felicidad de Colón era indescriptible. Además, de su reciente unión con Beatriz Enríquez de Arana, había nacido su segundo hijo, Hernando.

 

 

LAS LLAMADAS “TRES CARABELAS” Y SUS TRIPULACIONES

Las carabelas eran veleros pequeños de entre 40 y 60 toneladas, con una tripulación de 20 a 30 hombres los cuales dormían sobre el puente superior.

Estas embarcaciones manejaban bien el viento mediante sus tres velas rectangulares. Los portugueses mejoraron este tipo de naves durante el siglo XVI, volviéndolas más propicias para la navegación en alta mar.

Las Carabelas Portuguesas del Siglo XV

La carabela en su forma definitiva fue puesta a punto por Enrique el Navegante, quien pertenecía a la Orden militar religiosa de Cristo. Por eso dispuso adornar las velas con una cruz roja, emblema de su orden militar.  Las primeras carabelas fueron empleadas en labores de reconocimiento en las costas africanas.  Con ellas el navegante portugués don Bartolomé Díaz dio la vuelta al Cabo de Buena Esperanza al sur del África en 1488*.

Después de ese acontecimiento, las carabelas fueron remplazadas por naves (naos) de mayor tonelaje, con dos o tres puentes

La Santa María

Una Nao era equipada con velas rectangulares, con un castillo de proa y un castillo de popa, tenía una mayor capacidad tanto de pasajeros como de carga y enfrentaba mejor las tormentas. De modo que, a las dos carabelas de Moguer, Colón quiso adicionarle una Nao, que sería su nave de comando.

La nave del Almirante con especificaciones y tecnología portuguesa, había sido construida en Galicia, la provincia española al noroccidente sobre el atlántico y al norte de Portugal. Su dueño, Medinacelli, la llamó: “La Gallega”. Por su parte, Fray Bartolomé de las Casas, cronista del viaje, llama a la nave en que viaja Colón con el nombre de la Capitana.

Dice el cronista:

“En los años 1460-1470, todas las naves genovesas, sin excepción, se colocan bajo la invocación del cristianismo y se afirman como navíos de fe. La tradición genovesa habría podido llevar a Colón a llamar a su barco Santa María: …los navíos genoveses llevaban exclusivamente el nombre de Santa María, acompañado, por el nombre de uno o varios santos».

Se calcula que tenía 26 metros de eslora y tenía capacidad para un centenar de barriles.

La Niña

Era una carabela redonda construida en Moguer, que había tomado el nombre de la patrona de esa ciudad, Santa Clara. Pero como la embarcación perteneció a Juan Niño, armador de Moguer, los marinos la llamaron Niña. Medía 23 metros de eslora.

La Pinta

En cuanto a la Pinta, es también posible que haya tenido otro nombre (algunos dijeron Santana). Tenía 23 metros de eslora.

Las tres naves

De las Casas describe así las tres naves:

«…una carabela, que tenía nombre la Pinta, que era la más ligera y velera…, en la otra, que llamaban la Niña…, en la tercera que era la Nao, algo mayor que todas, quiso ir él, y así aquella fue la Capitana».

Esta es la versión de Hernando* el segundo hijo de Cristóbal Colón:

«La carabela capitana que debía abordar el Almirante, se llamaba la Santa María, la segunda que tenía por comandante a Martín Alonzo Pinzón, se llamaba la Pinta, y al fin la tercera, Niña que era dirigida según el modo latino…».

Para simplificar las cosas los libros escolares en todo el mundo hablan de las tres carabelas de Cristóbal Colón: la Pinta, la Niña y la Santa María. Pero eran dos carabelas y una Nao.

Lo cierto es que el día 23 de mayo de 1492, en frente de las puertas de la iglesia de San Jorge de Palos de la Frontera**, en presencia de Cristóbal Colón, fray Juan Pérez y las autoridades locales, se dio lectura a la Real Provisión de los Reyes Católicos, dirigida a los vecinos de Palos de Moguer para que pusieran a disposición de Colón dos carabelas totalmente armadas y aparejadas.

“…Granada, 30 de Abril de 1492.

             Vien sabedes como por algunas cosas fechas e cometidas por vosotros en

desserbicio nuestro, por los del nuestro Consejo fuistes condenados a que fuésedes obligados a nos servir dos meses con dos carabelas armadas a vuestras propias costas e espensas …e nos queremos que llebe consigo las dichas dos carabelas con que asy nos aveis de servir…

(Archivo General de Indias. Signatura: PATRONATO, 295, N.3.3​)…”

 

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*Hernando Colón nació en 1488 de la convivencia de Colón con Beatriz Enríquez. Hizo parte del cuarto viaje de Colón en 1502 (a los 14 años). Al morir su padre, Hernando heredó una gran fortuna que utilizó para vivir lujosamente.

**A ese lugar llegamos en mayo de 1990, con los oficiales del ejército español, miembros del Curso de Estado Mayor, no solo para conocer el lugar histórico, que lo mantienen muy bien, sino para escuchar el relato de los acontecimientos de ese lugar. Pero el guía no estaba. Como quiera que se hallaban cerca de doscientos alumnos de colegios en edades de 12 a 16 años esperando el relato, y dado que los oficiales españoles no lo conocían, con mucho gusto el suscrito oficial colombiano reemplazó al guía con una gran satisfacción.

 

 

LOS HERMANOS PINZÓN

Quedaba un problema: ahora lo difícil era enrolar a la tripulación necesaria para una empresa de tan alto riesgo. La marinería del lugar no estaba obligada por la provisión de la cédula real a participar en ella, y no tenía el menor interés en enrolarse en una expedición tan arriesgada y bajo el mando de un desconocido que ni siquiera hablaba bien el español. Colón hablaba el genovés (muy similar al italiano), el portugués y el latín. El español lo manejaba a medias y con acento italiano. Los marineros vecinos del puerto, no estaban dispuestos a exponerse al viaje.

Colón pensó en recurrir a una de las provisiones expedidas por los monarcas, en la que se le concedía autorización para reclutar marineros entre los presos de las cárceles andaluzas. Afortunadamente al final no fue necesario. Veamos.

Los franciscanos del monasterio, que fueron fundamentales en las grandes decisiones previas a la expedición que descubriría el nuevo continente, presentaron a Cristóbal Colón con el más importante armador y rico dirigente de la zona, marino avezado y admirado por los moradores, don Martín Alonso Pinzón.

Martín Alonso, Vicente Yañez y Fernando Pinzón

Tenía una gran empresa marinera con todo y astillero, en compañía con sus hermanos, y era amigo de las expediciones marítimas.

Colón le dijo a Martín Alonso: “vamos a este viaje, y si salimos bien librados, y Dios nos descubre tierras, yo os prometo partir con vos como con mi propio hermano”.

Martín Alonso se entusiasmó y convenció a sus hermanos Francisco y Vicente, todos nativos de Palos de Moguer, y también convenció a los hermanos Niño, familia marinera de Moguer, con los cuales animaron y enrolaron suficientes marinos para llevar a cabo la empresa.  Porque si al frente de la expedición estaban los Pinzón y los Niño, había garantía de éxito. La tripulación quedó conformada por algo más de 90 hombres. No había presos en esa expedición. Con frecuencia se oye esa especie, pero es falsa.

En viajes posteriores si los hubo.

La Nao, La Gallega o Santa María, como se le quiera llamar, quedó al mando de Cristóbal Colón, como buque insignia de la expedición. Martín Alfonso Pinzón, fue nombrado capitán de La Pinta. Y Francisco fue capitán de La Niña, en esa misma carabela iba en un comienzo, Vicente Yañez. Al parecer este pasó a la Nao como segundo del Almirante, después del arribo a las Canarias.

 

LA PRIMERA ETAPA Y LA REPARACIÓN EN ISLAS CANARIAS

Realizados todos los preparativos, la expedición zarpó del Puerto de Palos de Moguer, el 3 de agosto de 1492. Llevaban provisiones, agua, vino, armas y municiones. Era una expedición militar. Esto dice la bitácora:

Viernes, 3 de agosto

Tres días de agosto de 1492, la partida es desde la barra de Saltés, a las ocho horas. Se recorrió el trayecto con fuerte virazón hasta el poner del sol hacia el Sur sesenta millas. Después al Sudoeste y al Sur cuarta del Sudoeste, que era el camino para las Canarias.

Partieron hacia las Islas Canarias, el proyecto de Colón inicialmente contemplaba las Azores, pero como la paternidad del proyecto pasó de Portugal a España, la primera parte del recorrido también cambió a estas islas españolas. Colón visitó a la Gobernadora de la Gomera, doña Beatriz de Bobadilla y Ulloa.

Al llegar a las Canarias fue necesario detener la expedición durante un mes, porque el timón de la Pinta y las Velas requirieron reparaciones. Reanudaron el viaje el 6 de septiembre

 

EL LARGO TRAMO HASTA GUANAHANÍ

Se conoce la bitácora del viaje de Colón gracias al historiador fray Bartolomé de las Casas.

– Jueves, 6 de septiembre. Partió aquel día por la mañana del puerto de la Gomera y tomó la vuelta para ir a su viaje. Anduvo todo aquel día y noche en calma, y a la mañana se halló entre la Gomera y Tenerife.

– Viernes, 7 de septiembre. Todo el viernes y el sábado, hasta tres horas de noche, estuvo en calma.

– No se tienen registros de tiempos de hambruna en este viaje.

La llegada a América

Como era de esperase la aventura, más que expedición, tuvo dificultades. Se presentaron conatos de motínes a bordo, los cuales fueron sabiamente resueltos por cada uno de los hermanos Pinzón, en especial por Martín Alonso, habida cuenta del ascendiente de muchos años sobre los marineros de palos de Moguer.

Treinta días de mar abierto, parece haber sido el cálculo de Colón, comunicado antes de zarpar. De modo que desde el 6 de octubre empezó la inquietud. No era problema de provisiones, que aún había, era la ausencia de tierra. Los amagos de insubordinación no se hicieron esperar, pero fueron controlados. Al lado de la inconformidad amenazaba la muerte.

Por eso cuando se oyó desde el carajo de La Pinta el famoso grito de Rodrigo de Triana «¡Tierra a la vista!», la alegría fue total. Esto sucedió dos horas después de la medianoche del 12 de octubre.

En el primero de ellos llegó a América el 12 de octubre de 1492, a una isla de las Bahamas llamada Guanahani.

La bitácora relata lo siguiente:

Jueves 11 de octubre: A las dos horas después de media noche pareció la tierra de la cual estarían dos leguas amainaron todas las velas, y quedaron con el treo, que es la vela grande sin bonetas, y pusiéronse a la corda, temporizando hasta el día viernes, que llegaron a una islita de los Lucayos, que se llamaba en lengua de indios Guanahaní.

Luego vinieron gente desnuda, y el Almirante salió a tierra en la barca armada, y Martín Alonso Pinzón y Vicente Yáñez, su hermano, que era capitán de la Niña. Sacó el Almirante la bandera real y los capitanes con dos banderas de la Cruz Verde, que llevaba el Almirante en todos los navíos por seña, con una F y una Y: encima de cada letra su corona, una de un cabo de la cruz y otra de otro.

Al momento de llegar al lugar que luego se denominaría San Salvador:

Jueves, 11 de octubre. Ese día los tripulantes de diferentes carabelas habían encontrado en el mar unas pajillas que sólo nacen en tierra.

Después del sol puesto, y hasta dos horas después de medianoche, la carabela Pinta que era más velera e iba delante del Almirante, halló tierra e hizo las señas que el Almirante había mandado.

Rodrigo de Triana fue el primero en verla, vio lumbre y llamó a Pedro Gutiérrez, repostero de estrados del Reym y así lo hizo y vio tierra.

El día viernes 12 llegaron a la isla de los Lucayos, que se llamaba en lengua de indios Guanahaní, bautizada por los españoles como San Salvador.

LOS ESPAÑOLES PISAN TIERRA AMERICANA

Una vez en tierra, los españoles encontraron el verdor de la naturaleza tropical, agua dulce y frutas diversas.

Así lo registran:

El Almirante Colón dispuso que Rodrigo de Escobeno, escribano de la expedición registrara junto con Rodrigo Sánchez de Segovia y dos capitanes (Martín Alonso y Vicente Yañez) que saltaron a tierra, que diesen fe y testimonio sobre, cómo él ante todos los presentes tomaba posesión de la isla por el Rey y por la Reina de la dicha isla, haciendo las protestaciones que se requerían, como más largo se contiene en los testimonios que allí se hicieron por escrito. Luego se ajuntó allí mucha gente de la isla.

Los habitantes de la isla eran indígenas lucayos o taínos. Pero los españoles se referían a ellos como “indios”, en la creencia de que habían llegado a las indias orientales.

Colón registra lo siguiente en su diario de a bordo

Jueves 11 de octubre: «Yo porque nos tuviesen mucha amistad, porque conocí que era gente que mejor se libraría y convertiría a nuestra Santa Fe con amor que no por fuerza, les di a algunos de ellos unos bonetes colorados y unas cuentas de vidrio que se ponían al pescuezo, y otras cosas muchas de poco valor, con que hubieron mucho placer y quedaron tanto nuestros que era maravilla. Los cuales después venían a las barcas de los navíos adonde nos estábamos, nadando, y nos traían papagayos e hilo de algodón en ovillos y azagayas y otras cosas muchas, y nos las trocaban por otras cosas que nos les dábamos, como cuentecillas de vidrio y cascabeles. En fin, todo tomaban y daban de aquello que tenían de buena voluntad. Mas me pareció que era gente muy pobre de todo. Ellos andan todos desnudos como su madre los parió, y también las mujeres, aunque no vi más de una harto moza. Y todos los que yo vi eran todos mancebos, que ninguno vi de edad de más de treinta años: muy bien hechos, de muy hermosos cuerpos y muy buenas caras: los cabellos gruesos casi como sedas de cola de caballo, y cortos: los cabellos traen por encima de las cejas, salvo unos pocos detrás que traen largos, que jamás cortan. De ellos se pintan de prieto, y ellos son de la color de los canarios: ni negros, ni blancos, y de ellos se pintan de blanco, y de ellos de colorado, y de ellos de lo que hallan, y de ellos se pintan las caras, y de ellos todo el cuerpo, y de ellos solos los ojos, y de ellos solo el nariz. Ellos no traen armas ni las conocen, porque les mostré espadas y las tomaban por el filo y se cortaban con ignorancia. No tienen algún hierro: sus azagayas son unas varas sin hierro, y algunas de ellas tienen al cabo un diente de pez, y otras de otras cosas.

Los indígenas de Guanahaní tenían una organización agraria, fundamentada en el cultivo de maíz, algodón, piña, maní, pimienta, batata, calabazas, mandioca y tabaco. Tenían sus casas de bahareque y sus huertas.

Como lo describe el Almirante, Taínos y españoles intercambiaron productos en forma pacífica pero los naturales no tenían posesiones de oro, que era lo que más les interesaba a los españoles.

Continuamos con el diario de Colón:

Sábado 13 de octubre: Yo estaba atento y trabajaba de saber si avía oro y vide que algunos de ellos traían un pedazuelo colgado en un agujero que tienen en la nariz. Y por señas pude entender que yendo al Sur o volviendo la isla por el Sur, que estaba allí un rey que tenía grandes vasos de ello, y tenía muy mucho.

La expedición de Colón arribó después a la isla de Cuba, y posteriormente a La Española.

– 24 de octubre de 1492: Colón hace poner en la nave la gran vela y sus dos barrederas, el trinquete, la vela cuadrada, el artimón y la del castillo de popa.

18 de diciembre de 1492: «Ordenó empavesar la nave y la carabela con escudos de armas y estandartes para la fiesta de Santa María de O y de la Anunciación». Mostró al cacique «las banderas reales y las de la cruz».

 

El 25 de diciembre de 1492, encalló la Nave insignia, la Santa María. Ante la imposibilidad de desencallarla, Colón ordenó desarmarla y con sus restos mandó construir el Fuerte llamado de La Navidad, en el que dejó una pequeña guarnición. Era necesario hacerlo, puesto que de los tripulantes de la Nao solo unos pocos podían reacomodarse en las dos carabelas para el regreso, en el cual Colón planeo llevar diez indígenas con sus mantas y atavíos, animales, frutas y productos de las tierras descubiertas. Dos de losindígenas eran hijos del cacique Guacanagarí.

Todos los españoles que quedaron en el fuerte Navidad fueron muertos por los amables indígenas, una vez que Colón se marchó y los nativos quedaron en una abrumadora superioridad numérica.

 

REGRESO A ESPAÑA

El 15 de enero de 1493, el Almirante dispuso el regreso de la Expedición. Colón regresó a España en la carabela “La Niña”, pero con el mando de la expedición. Zarparon el 16.

El 14 de febrero de 1493, en pleno regreso por alta mar, los azotó una fuerte tempestad. El contacto visual se perdió completamente y en cada una de las carabelas, la creencia era que la otra había naufragado. Y así lo reportó cada una al regreso. La Pinta al mando de Martín Alonso inicialmente tocó tierra en Bayona el 15 de marzo y luego reportó en Palos de Moguer la posible muerte del almirante al naufragar la Niña. El Capitán Martín Alonso estaba gravemente enfermo. Moriría el 31 de ese mismo mes en la Rábida.

La Niña logró llegar a las islas Azores, donde Colón atracó. Allí reportó el naufragio de la Pinta.  Pero luego regresó al puerto de Palos el 15 de marzo y, posteriormente, se encaminó a Moguer donde cumplió el voto que había realizado durante la tempestad: pasar la noche orando como agradecimiento, frente al altar mayor. Esta ceremonia se cumple regularmente en la Iglesia de Moguer, todos los años.

​Posteriormente se encaminó a Barcelona para informar a los Reyes Católicos de su descubrimiento.

Colón dando parte del éxito de la expedición a sus majestades católicas

Fue nombrado primer almirante de la mar océano, primer gobernador y luego primer virrey de las Indias, cargos y título que la corona de Castilla le otorgó en atención al trascendental descubrimiento del Nuevo Mundo.

 

LOS CUATRO VIAJES DE COLÓN

Colón realizó cuatro viajes a América en 1492, 1493, 1498 y 1502. Siempre sirviendo a la Corona Española. A pesar de los títulos obtenidos, y el reconocimiento universal como un gran navegante y arriesgado explorador, nunca supo que había descubierto todo un continente.

El Almirante de la mar océano, Cristóbal Colón, falleció en Valladolid, España, en 1506. Ni Génova, Italia, ni Portugal, ni Francia, ni Inglaterra, se hicieron al hito histórico de haber descubierto el nuevo continente. Los muchos sabios, marinos, geógrafos, teólogos y demás, reunidos para estudiar el proyecto de Colón, acertaron. Debieron lamentarlo mucho. Más valió la premonición del cura Fray Pérez de Marchena y su confianza con los Reyes católicos, en especial con doña Isabel de castilla. En este continente se habla prevalentemente el español, se practica la religión católica y se tiene la cultura hispana, con todos sus defectos, pero también sus muchísimas virtudes.

Y falta el reconocimiento a los hermanos Pinzón, Sin su concurso económico, de armadores, de navegación y de liderazgo sobre las tripulaciones, es muy improbable que Colón hubiera culminado su hazaña.

Veinte años después en 1519, empezaron los viajes de Fernando de Magallanes, capitulados por la corona española con empresarios privados. En el primero de dichos viajes participó Américo Vespucio, a quien se atribuyó el enterarse que las tierras a las que Colón había llegado no eran las indias orientales, sino un nuevo enorme continente. Por eso a esta gran masa de tierra se le denomina América, en nombre de Américo Vespucio.

Un poco injusto con Colón. Por eso el Libertador Simón Bolívar en su sabiduría, decidió cambiar el nombre de la “Nueva Granada” por el de Colombia, para subsanar el hecho de que en el nuevo mundo no había un reconocimiento de nominación de tierra alguna para quien en realidad había hecho la aventurada expedición corriendo todos los riesgos para encontrar este pedazo del planeta, que hoy en día es uno de los más desarrollados.

 

 

 

 

 

Luis Alfonso Plazas Vega
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Sin duda el más caracterizado y eficiente director de estupefacientes de Colombia. Enfrentó a las mafias del narcotráfico siendo funcionario durante el gobierno de Álvaro Uribe Vélez, entre agosto de 2002 y noviembre de 2004. Oficial del Ejército Colombiano, ingresó a la edad de quince años como cadete de la Escuela Militar y alcanzó el grado de coronel, con el cual se retiró en 1992. Es Administrador de Empresas de la Universidad América, especializado en Administración Pública de la ESAP, Diplomado en Alta Gerencia en la Universidad de Los Andes y Diplomado en Asuntos Internacionales en la Sociedad de Asuntos Internacionales de Madrid. Se ha desempeñado como agregado militar en Madrid, Ministro plenipotenciario en Pretoria (Sudáfrica). Delegado de Colombia en la Novena Conferencia de la UNCTAD en Midrand (Sudáfrica).