Cuántos magistrados bandidos se requieren para reformar la justicia

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Robert Posada Rosero
Cada día que pasa se conocen más desafueros y conductas impropias y hasta delictivas por parte de los magistrados que condujeron el caso que terminó con la privación de la libertad del expresidente Álvaro Uribe Vélez. Clic para tuitear
Robert Posada Rosero

Cada día que pasa se conocen más desafueros y conductas impropias y hasta delictivas por parte de los magistrados que condujeron el caso que terminó con la privación de la libertad del expresidente Álvaro Uribe Vélez, revelaciones, que de haber verdadera justicia en Colombia, terminarían con varios de ellos y el propio Iván Cepeda Castro tras las rejas.

Lo escalofriante de este proceder donde comulgan todo tipo irregularidades es que no parece ser un caso aislado en los altos tribunales del país, pues ya se ha hablado bastante del Cartel de la Toga I y II y a juzgar por las revelaciones que se conocen cada día, la historia de corrupción en las altas esferas de la justicia podría tener más capítulos que la serie de televisión turca Elif.

En el artículo «Confesiones de un magistrado bandido», nos sorprenden con las picardías del honorable magistrado del Tribunal Administrativo de Cundinamarca, Carlos Alberto Vargas Bautista, “un negociante dentro y fuera de su despacho”, según el informe de la revista Semana, cuyo revelador texto vislumbra la realidad de una justicia podrida y asqueante.

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Este confeso delincuente que durante varios años posó de impoluto togado aceptaría 13 delitos en un preacuerdo con la Fiscalía para obtener una reducción considerable de su sentencia, a cambio deberá además entregar el equivalente a $380 millones que recibió en coimas, aunque faltan otros procesos en los que condenó a diferentes entidades del Estado a pagar multimillonarias sumas a cambio de onerosos porcentajes.

De acuerdo con el informe, en los negocios turbios del magistrado participaron poderosos empresarios, funcionarios del mismo tribunal, magistrados en la cúpula de la justicia y hasta congresistas, y falta por determinar si algunos consejeros de Estado, ya que los afectados por las decisiones adoptadas por él tienen la posibilidad de apelar ante el Consejo de Estado.

Este prohombre de la justicia, según el informe periodístico, se enmozó con Kelly Andrea Eslava, quien de ser judicante de su despacho se convirtió en su novia y socia, encargada de una poderosa y eficiente oficina de abogados que llevaba los casos que luego el fallaba a favor de los clientes de su amante.

Como si la historia ya no fuera lo suficientemente asqueante, Semana agrega que el “transparente e impoluto” magistrado es hermano de Alcibíades Vargas Bautista, exmagistrado del Tribunal Superior del Meta, también protagonista de un escándalo monumental por presuntamente favorecer a bandidos de alta peligrosidad. Una linda familia.

Lo curioso es que pareciera que estos escándalos de nuestros «honorables» magistrados tienen un mismo modus operandi: venta de fallos, falsos testigos, condenas a entidades del Estado, millonarios negocios y coimas de por medio y amantes y cachos, como si se tratara de la repetición de capítulos de los culebrones políticos mexicanos, en los que comulgan todas las maneras de defraudar al erario.

Empero nadie pareciera molestarse por esta podredumbre, ningún político, periodista o personaje público, y mucho menos los colegas magistrados, que debe haber algunos decentes, se rasgan las vestiduras o convocan a incendiar el país, perdón a protestar, como rechazo a estas escabrosas corruptelas que al ser tan recurrentes, indican que no se trata de unas cuantas manzanas podridas.

Y son estos togados con comportamientos espurios quienes a través de fallos de tutela y una jurisprudencia que deja muchas dudas los que están cogobernando en Colombia, llevándose por delante no solo la independencia de los tres poderes, sino que además nos están imponiendo una visión del mundo que solo responde a sus oscuros intereses personales, ideológicos y políticos.

Desde diferentes esferas se viene exigiendo respeto por la decisiones judiciales, pero no será más bien que es el momento que el país entero les exija respeto a los miembros de la rama judicial, para que de una vez por todas demos inicio a la recuperación de la dignidad de la justicia, que hoy parece apéndice de la izquierda radical, en cabeza del senador Iván Cepeda Castro.

Todos estos antecedentes nos llevan a insistir en que el más grave de los problemas de Colombia no es la corrupción sino la falta de una verdadera justicia, pues la misma hace rato fue secuestrada, o retenida, si prefieren los eufemismos tan de moda ahora en el país, por peligrosos bandidos que fungen como magistrados y congresistas.

¿Será por ello que se sienten tan cómodos fallando siempre a favor de los otros criminales que posan de senadores?

Robert Posada Rosero
Acerca de Robert Posada Rosero 47 Articles
Comunicador Social Periodista, especialista en Derecho Constitucional.