De Donald Trump a Claudia López

Robert Posada Rosero

Robert Posada Rosero

Quienes fustigan con furia y desprecio el egocentrismo y malos modales de Trump, mientras que esos mismos rasgos son elevados a cualidades meritorias y necesarias en la alcaldesa de Bogotá... Clic para tuitear

Robert Posada Rosero

La irrupción de Donald Trump en la política y su llegada a la presidencia de los Estados Unidos de América desnudó las fisuras de las democracias occidentales y su connivencia con personajes populistas de todas las orillas ideológicas, que capitalizan la ignorancia de sus pueblos y la permisividad de unos medios cada vez más frívolos y faltos de rigor.

En favor de Trump, los analistas políticos reconocen que tuvo logros importantes e incontrovertibles en materia económica, generación de empleo, billonarios paquetes de ayuda a empresas y familias, gestión que no logró compensar sus actuaciones histriónicas que rompieron con las posturas políticamente correctas que se esperan de los líderes, y mucho más si es el presidente de la potencia más importante del mundo.

A Trump se le pueden cuestionar muchas actitudes, pero para ser justos, y habló como periodista, habría que preguntarse ¿cuántas de las críticas que ha expresado frente al ejercicio de los medios y redes tienen sustento y merecen una reflexión profunda en beneficio del ejercicio periodístico, la libertad de expresión y la propia democracia? Análisis que también aplicaría para la política tradicional, el papel de las grandes corporaciones y otras esferas de la vida moderna.

Lo que no puede ocurrir es que el establecimiento gringo y mundial cierre filas para deshacerse de este personaje que les resultó incómodo a todos, mientras se tolera y celebran manifestaciones similares en otros líderes que resultan ser tan desestabilizadores y polarizadores como el mismo Trump, dirigentes con rasgos de personalidad tan complejos que rompen con los cánones mínimos del respeto y la decencia.

Líderes y gobernantes cuyas facetas oscilan entre el narcisismo y la megalomanía; su tendencia a la manipulación y pensar que el mundo gira en torno a ellos; que se mueven con facilidad entre la xenofobia y el autoritarismo; que no disimulan su prepotencia y arrogancia; que no esconden su menosprecio a los demás y su necesidad de admiración permanente, y que acuden a diario a su selectiva empatía.

Líderes y gobernantes cuyas facetas oscilan entre el narcisismo y la megalomanía; su tendencia a la manipulación y pensar que el mundo gira en torno a ellos; que se mueven con facilidad entre la xenofobia y el… Clic para tuitear

Rasgos que precisamente sobresalen en la actual alcaldesa de Bogotá, Claudia López, quien, sin embargo, goza de la exposición y aplauso permanente de gran parte de la prensa, analistas políticos y hasta intelectuales, quienes fustigan con furia y desprecio el egocentrismo y malos modales de Trump, mientras que esos mismos rasgos son elevados a cualidades meritorias y necesarias en la alcaldesa de Bogotá.

Varios analistas coinciden en señalar el daño que ocasiona a la democracia la polarización que surge de estas posturas y la peligrosa división que ocasiona en la sociedad, efectos que estamos lejos de predecir, pero que son muy evidentes en la Bogotá de hoy, esa que cada vez se fracciona más entre ricos y pobres, heterosexuales y homosexuales, corruptos y decentes, defensores de la institucionalidad y la seguridad y defensores de derechos individuales, entre otros importantes temas que en la actualidad enfrentan a los bogotanos.

Si algo quedó claro tras cuatro años de la presidencia de Trump y las últimas elecciones en Estados Unidos es que una franja del mundo reclama respeto por las dignidades, las propias del cargo y las dignidades que ostentan los demás ciudadanos, conducta que no parece estar en la agenda de Claudia López, quien continuamente desafía altisonante, sin sustento o pruebas las decisiones del Presidente, logrando permanente exposición mediática, sin que nadie se haya atrevido a censurarla por sus constantes contradicciones, verdades a medias o metidas de pata.

“En su defensa, en una extensa entrevista publicada en el medio de mayor circulación del país, aún no sabemos si pagada o no, la alcaldesa expresó arrogante, “aquí no estaban acostumbrados a ver a una mujer independiente, con carácter y con voz propia, relacionarse con el presidente”, confundiendo su narcisismo, megalomanía, autoritarismo, prepotencia, arrogancia y necesidad de admiración permanente con el carácter”.

En su falaz manera de verse y ver a los demás, con ese halo de superioridad moral, emanada del hecho de haberse formado y catapultado a la luz pública en la Fundación Arco Iris, bajo la sombra de su mentor, el exguerrillero del ELN, León Valencia, remata aseverando, “La relación con el Presidente suele ser entre el clientelismo y la adulación; y yo, ni aduladora, ni clientelista”, imagen que su gestión empieza a mostrar de manera temprana, no corresponde a la verdad.

No hay duda de que el mundo necesita deshacerse de esos líderes alfa, patanes de pueblo que se quieren imponer a gritos, verdades a medias y una superioridad que solo está presente en sus mentes, pero si en verdad lo queremos hacer, se debe utilizar el mismo rasero, sin importar las orillas ideológicas de estos autoritarismos que se camuflan bajo el ropaje de demócratas y su aura imaginaria y fraudulenta de superioridad moral y ética.

Robert Posada Rosero
Acerca de Robert Posada Rosero 25 Articles
Comunicador Social Periodista, especialista en Derecho Constitucional.