De Uribito y su tragedia

ARMANDO BARONA MESA

@BaronaMesa

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Uno ve el rostro del doctor Andrés Felipe Arias, su frente amplia y noble, su mirada azul y el óvalo de su cara de niño, y de entrada sabe que ese no es un hombre malo. No se ha echado al bolsillo ningún dinero oficial ni ha defraudado a nadie. Ahora uno lo imagina magullado por el dolor después de varios años en una cárcel americana como cualquier delincuente y aquí mismo antes, su vida perdida a toda esperanza, mientras su esposa, bajo el yugo  de la desolación al igual que sus pequeños hijos no encuentra razón para tanto castigo. Es un cuadro humano de aflicción que a cualquier persona normal, sin la ponzoña del odio, debe conmover.

Arias fue condenado por la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia a una pena de diecisiete años de los cuales ha pagado dos y cuatro en Estados Unidos en la tramitación de una extradición pedida por la propia Corte colombiana. Es posible que este último tiempo no se acredite como descuento. Y brillan los ojos y las voces de quienes, con alma de inquisidores, desean que la suerte desgraciada lo atropelle con todo el peso de una ley dura e inclemente.

Y brillan los ojos y las voces de quienes, con alma de inquisidores, desean que la suerte desgraciada lo atropelle con todo el peso de una ley dura e inclemente. Clic para tuitear

El señor ex presidente Álvaro Uribe y otros parlamentarios ha alimentado la idea de que, habiéndose ya establecido la obligatoriedad de una segunda instancia, con efecto retroactivo se promueva una nueva ley que haga posible la revisión de los juicios que no gozaron de esa garantía. Y no puede negarse que suena bien a la mente garantista de quien conoce el derecho penal. Por supuesto que me sumo a esas voces.

Pero debo mirar en perspectiva y con un criterio realista, lo que podría pasar aprobada la ley y organizada con la creación de una nueva Sala con igual categoría de la que lo condenó. No podría ser inferior. Y bien, ¿qué podría pasar ante ese nuevo episodio ? No es difícil barruntar que el fallo sería confirmatorio de aquellas cuatrocientas páginas de condena. Veamos por qué:

 Agroingreso Seguro manejó unos dineros foráneos que entraron a Colombia para buscar el estímulo productivo de la agricultura. O sea que, no obstante ser un patrimonio extraño, al llegar a Colombia como una ayuda al manejo del Ministerio de Agricultura, pasaban aquí a ser dineros públicos. Y es allí donde brincó el pecado. El ministro Arias sin conocimiento del derecho penal y sin una asesoría idónea y adecuada, en vez de entregar tales dineros como préstamos blandos a largo plazo, los obsequió a los industriales de la tierra, es decir a los ricos, sin ninguna obligación de devolución.

Esa noticia estremeció a los que manejamos el derecho, porque innecesariamente se estaba cometiendo un peculado. O varios, según los favorecidos. Y se hizo presente en quienes teníamos conocimiento del derecho aquel viejo adagio de que “El que inocentemente peca, inocentemente se condena.”  El doctor Arias, con un porvenir amplio, con conocimientos profundos en producción agrícola y muchas más cosas, había caído ingenuamente, sin tocar un peso a su favor, en un delito grave de peculado en beneficio de terceros. Cayó encima la señora Fiscal de entonces, Vivian Morales y el Procurador Ordóñez. Y por supuesto, la Corte que fue dura en la interpretación de la ley y en la dosificación de la pena. Estas son, como se observa, unas consideraciones desapasionadas que conmueven a la gente de bien. Pero Dura lex sed lex .

 Por supuesto que todo lo concerniente al doctor Arias y a su juzgamiento estuvo signado por un agravante político derivado del odio irracional contra el ex presidente Uribe. Nadie puede pensar, en sano juicio, que el ex ministro se pueda comparar en un cuadro de corrupción con los que recibieron fortuna de Odebrecht u otras entidades corruptoras. Uribito duele a la gente sensible porque no es un criminal. Se equivocó por ignorancia sobre un punto concreto y sin dolo.

Por supuesto que todo lo concerniente al doctor Arias y a su juzgamiento estuvo signado por un agravante político derivado del odio irracional contra el ex presidente Uribe. Clic para tuitear

Ahora, ¿cómo podría ayudársele para que no se pierda definitivamente en la cárcel? Sólo podría aliviarse su situación mediante estudiada ley que mitigue las penas dentro de determinadas condiciones y que no tenga el sabor de privilegio para una sola persona. Allí está la solución humanitaria para este drama doliente y   conmovedor que a todos estruja.

Armando Barona Mesa
Acerca de Armando Barona Mesa 13 Articles
Abogado de la Universidad del Cauca, historiador, periodista de opinión, ensayista y poeta. Senador de la República y embajador en Polonia, en las Naciones Unidas y en varios foros mundiales. En la actualidad, Vicepresidente de la Academia de Historia del Valle del Cauca y columnista de la revistas Épocas y Cali-Viva.