Definitivamente no pudieron

Andrés Rosales U.

Definitivamente no pudieron

@ARosalesU

Definitivamente no pudieron Columna de Andrés Rosales U. Clic para tuitear

Se pierde la cuenta de todas las elecciones que ha ganado desde su elección como presidente por primera vez, abstracción hecha de sus elecciones anteriores como congresista y gobernador. Son muchísimas. Elecciones presidenciales de 2002 y 2006, ambas ganadas en primera vuelta, caso que no volverá a repetirse en quién sabe cuántos años; presidenciales de 2010, primera y segunda vuelta, logrando lo imposible: elegir presidente de la república a un individuo como Juan Manuel Santos, la  antítesis del carisma y del liderazgo político; primera vuelta presidencial de 2014 (la segunda vuelta le fue arrebatada mediante maniobras corruptas con dineros de Odebretch y del erario repartidos a dos manos entre  congresistas de la costa encargados del trabajo sucio); 2014, mayor votación en elecciones para senado; plebiscito del año 2016 sobre los acuerdos de paz con las Farc; elecciones al senado del año 2018, electo con la mayor votación para un senador en  toda la historia, y en el mismo año 2018, ganador de las elecciones presidenciales en primera y segunda vuelta a través de su candidato Iván Duque. 8 elecciones ganadas que en realidad fueron 9.

A Álvaro Uribe no han podido derrotarlo en buena lid desde el año 2002 y a partir de entonces el odio de sus malquerientes ha crecido en proporción directa con su popularidad.

A Álvaro Uribe no han podido derrotarlo en buena lid desde el año 2002 y a partir de entonces el odio de sus malquerientes ha crecido en proporción directa con su popularidad. Clic para tuitear

Han tratado de acabarlo de todas las formas posibles. Tratando de asesinarlo, difamándolo, calumniándolo. Han dicho todo lo imaginable. Que es un paramilitar asesino, que fue muy amigo de Pablo Escobar, que ordenó ejecutar a quién sabe  cuántos inocentes. Sin entender lo que no le perdonan sus malquerientes, su respuesta ha sido siempre contundente, pero no con balas, sino con votos. Esto sin duda los ofende sobremanera.

A esa persistente animadversión  puede contribuir también que Uribe haya sacado al país del hoyo profundo en  que se encontraba en 2002 sobre todo en   materia de orden público. La postración del país y la impotencia del Estado frente a la guerrilla de las Farc era tal, que para apaciguarla fue necesario despejar de fuerza pública  un área del tamaño de Suiza. Ese socavamiento de la autoridad que quién sabe en qué iba a terminar, con Uribe se transformó y vino el despeje de guerrilleros con bombardeos de la fuerza aérea.

El prurito puede obedecer también a que,  sin el poder presidencial,  en el plebiscito Uribe enfrentó y derrotó  en solitario, sin recursos y sin medios de prensa a su favor, al establecimiento entero representado por Juan Manuel Santos, la prensa gobiernista, el congreso y  el aparato judicial.

Eso ya los tenía atormentados,  pero un hecho  reciente rebosó la copa.  Fue que volviera  a elegir presidente, pero esta vez  después de 8 años de gobierno de Juan Manuel Santos. No lo han podido soportar, porque saben que todos los despropósitos de Santos con la guerrilla de las Farc  para satisfacer su vanidad personal se van a desvanecer como el humo.

Algo había que hacer y entró en escena el único poder del establecimiento que se había conformado con atacar a Uribe de forma indirecta ensañándose  con varios uribistas a los que condenó a varios años de prisión.

Se decidieron por fin por algo que venía dándoles vueltas en la cabeza desde hace mucho,  pero a lo que no se atrevían: aprestarse a encarcelarlo. Para eso  acaban de llamarlo  a indagatoria.

Esa patraña bastante burda, que demuestra que con Uribe no pudieron,  tiene todos los visos de una “santada”. Tiene el inconfundible  sello  de la maquinación perversa de Juan Manuel Santos, sobradamente conocido por  artero y tramposo, campeón de campeones del engaño oculto y disimulado.

Uribe no va a pedir asilo político. Se va a quedar para que lo juzgue  la Corte Suprema de Justicia. Esa misma, si, la de varios  miembros envueltos, como cualquier vulgar delincuente, en el tristemente célebre episodio del “cartel de la toga”, así conocido  porque algunos  magistrados delinquían vendiendo fallos judiciales (al escándalo no le han dado la importancia que merece por su monstruosidad y sobre él tendieron rápidamente un manto de silencio, pero lo cierto es que un episodio así no deja ni en  la categoría de república bananera a Colombia,  cada vez más parecida  a esas repúblicas de opereta que pululan en el continente africano).

Veremos qué pasa, pero con esos antecedentes, no sería raro que Uribe también gane este round.

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