Desiderátum del Pipiolo

Coronel Danilo Andres Arboleda Martínez

Coronel Danilo Andrés Arboleda
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Coronel Danilo Andrés Arboleda

La columna de hoy va dedicada a un amigo, compañero, hermano, parce, colega, lanza, Carlos Hernando Calvo Montoya (QEPD) que llamábamos por cariño “papa salada” quien ayer cumpliría 48 años, pero nuestro gran creador lo llamo a relación antes de empezar la pandemia y él sin dudarlo y como buen soldado atendió el llamado dejándonos gran vacío, a su esposa Janeth, Valentina su hija y Carlos quien decidió seguir los pasos de su padre, hoy es Oficial del Ejército, quiero regalarles este escrito para que lo guarden en un lugar muy especial, saben del gran cariño que mi familia profesa por ellos.

Las aspiraciones en la carrera militar van subiendo de acuerdo a la antigüedad en el Ejercito, pero de lo que NO cabe duda es que en el periodo de formación, lo único que se desea con ahínco y verraquera eran los perros calientes de Don Hernando, y el arroz chino de la Gema Roja. Deseos complicados de cumplir, porque, aunque se tuviera dinero, no se podían recibir los pedidos de manera licita, tocaba hacer el noble intercambio comercial en la cancha de tenis, mapoteca o capilla de la Escuela Militar de Cadetes y por la malla, con el riesgo que el condumio de Dioses fuera incautado por la escuadra de reacción, pero cuando se lograba coronar el Comando era que se disfrutaba el exquisito sabor de esas viandas.

Ya de Alférez ad portas de graduarse como Subtenientes se admiraba a aquellos Tenientes y Capitanes COMANDOS, deseando con locura portar la boina vino tinto, ser pecho de lata (Muchos Cursos de combate) y todas las condecoraciones y medallas posibles. Antes de graduarnos fuimos escogidos 80 Alféreces que una vez ascendidos, iríamos con destino a la Escuela de Lanceros a jugarnos el hilacho de vida y a demostrar una vez mas de que estábamos hechos. Las 10 semanas de curso sin pausa eran la continuación del crisol de 3 años de formación académica y seguíamos con la capacitación. Retumba en mi cabeza la frase del táctico del curso (Director) bienvenidos al infierno, entre dientes y soterradas risas decíamos manden ese cafre para agarrarlo de cachos y cola y volverlo trizas, inocentes de lo que se nos venía encima.

Jornadas extenuantes de exigencia física, mental, psicológica, en promedio de 22 a 23 horas con tan solo una o dos de descanso diarias. el condimento de los alimentos era el sudor que corría por nuestra frente, de por si la sopa mía era la mas salada, el desespero cuando el táctico nos decía “tienen un minuto para almorzar” era monumental, el primer día quedo todo el almuerzo servido, de ahí en adelante, carne, tajadas, papa al bolsillo y a formar.

Existen en el curso unas pruebas de confianza las cuales eran de obligatorio cumplimiento para continuar en el mismo, si o si con las criadillas de corbatín, cierre los ojos, apreté las nalgas y hágale papá que pa´lante es pa’lla.

En los escasos momentos de descanso ya no pensábamos en comer, sino en dormir así fuera 5 minutos, en una o dos salidas que tuvimos, viajamos a Bogotá de día de descanso saliendo el sábado a las 18:00 horas y regresando al infierno 24 horas exactas

El cupo del bus lleno de chigüiros (alumnos lanceros) con destino Bogotá, previo a que cada quien se atropellara un pollo asado y bajarlo con un litro de Coca Cola con hielo, era el cóctel molotov de una escena dantesca, descerebrados, jeteando, babeando, y el ayudante del bus despertando a uno por uno en el terminal de Bogotá, después de 27 años de inmortalizar magno evento, me río de preclaros recuerdos.

Olvidaba el detalle que me forzó a trabajar el doble de lo normal, en razón a una somnolencia involuntaria en un patrullaje de largo alcance, me correspondía prestar de centinela y no lo hice, ese día se me enredo la Lanza por dormir el sueño de los justos llegaron a mi mente las letras de la ODA al centinela somnoliento que a continuación cito.

DESLEAL LA GUARDIA QUE YO MANTUVE, AHORA YA NO TENGO NADA QUE RESGUARDAR, FUI MUERTO PUES DORMÍ, AHORA ESTOY MUERTO, YA PUEDO DORMIR.

NO DEJEN QUE ME REPROCHEN POR OTRAS GUARDIAS QUE NO SE GUARDEN, DUERMO PORQUE ESTOY MUERTO, ME MATARON PUES ME DORMÍ.” 

La oportunidad que tuve de conocer mi primer Batallón fue terminando La marcha de la muerte, caminata turística de 36 kilómetros con 40 kilos de peso, recorrido que separa a Puerto Leguizamo de La Tagua en el Putumayo, periplo que iniciaba a las 19:00 horas cuya meta se alcanzaba a las 05:00 hora militar en la guardia del Batallón, la aspiración de la historia era concluir con el sello de calidad o la Lanza en el pecho y se logró.

¡PALABRA DE ESPARTANO!

Danilo Andres Arboleda Martinez
Acerca de Danilo Andres Arboleda Martinez 5 Articles
Oficial del Ejercito en uso del buen retiro, profesional en Ciencias Militares, Especialista en Seguridad y Defensa Nacional, con credenciales como consultor de Superintendencia de Vigilancia y Seguridad Privada, caminante de la vida por Colombia como gitano y vago a la vez, pero con mi casa a cuestas como Soldado de la Patria, fui a donde muchos les dio miedo ir a pie y sin dinero.