Despertar mamerto no garantiza democracia

Robert Posada Rosero

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No hay evolución en este nuevo mamertismo, es más bien una penosa involución, los de antaño, García Márquez, Antonio Caballero (...), entre otros, eran hombres cultivados en las letras, los de ahora dan grima,... Clic para tuitear

 

Robert Posada Rosero

En un denso pero interesante libro, firmado como Foro Político del Pueblo, el poeta y pensador antioqueño Oscar Madrid desnuda las falencias de la joven democracia colombiana, y traza los parámetros que a su juicio son necesarios para retomar el rumbo, y constituir por fin una verdadera democracia en Colombia, haciendo énfasis en que el poder, el verdadero poder, debe estar en manos del pueblo, que debe dirigirse y tomar sus decisiones.

En su ensayo: ‘La democracia como posibilidad’, Madrid, conocido en el mundo de la poesía como Martín Acantilado, hace una amplia y pormenorizada radiografía de los males que aquejan a nuestro sistema político y de gobierno, fisuras comunes a las otras democracias latinoamericanas, sin embargo, considero que se equivoca al plantear su premisa, lo que reduce sus poderosos argumentos a una utopía lejana de alcanzar.

El diagnóstico es perfecto, pero respetuosamente creo se equivoca en asumir que las nuevas manifestaciones sociales que se viven en nuestros países, protestas, caos, violencia y destrucción, son muestra inequívoca que el pueblo despertó y está maduro para asumir el control del Estado y darse un verdadero gobierno que emerja desde las bases, pues ese mismo pueblo nos ha demostrado una y otra vez que es incapaz de dirigir hasta su propio proceder personal.

Basta con revisar los nuevos líderes y referentes sociales que siguen para comprobar lo lejos que estamos de contar con una sociedad educada y formada para tomar las más altas decisiones, reduciendo su papel político y social al de hordas insensatas que responden energúmenas y emotivas ante el más disparatado mensaje lanzado desde cualquiera de las redes sociales.

Nadie, desprevenido de odios ideológicos o políticos, negaría o discutiría que el actuar de Gustavo Petro, Gustavo Bolívar, Cathy Juvinao, Holman Morris, Katherine Miranda, Julián Sastoque, o la ‘Epa Colombia’, solo por nombrar algunos de sus referentes, dista mucho del pensar de verdaderos estadistas a los que tranquilamente podríamos confiar el rumbo del país, sin embargo, tienen miles de seguidores, adoradores que les celebran y comparten cualquier estupidez.

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No hay evolución en este nuevo mamertismo, es más bien una penosa involución, los de antaño, Gabriel García Márquez, Enrique Santos Calderón, Antonio Caballero, Orlando Fals Borda, Alfredo Molano, entre otros, eran hombres cultivados en las letras y con un amplio bagaje histórico y cultural, los de ahora dan grima, como lo demuestran los constantes gazapos y la pobreza argumentativa presente en los mensajes que lanzan cada minuto para avivar sus hordas.

Jorge Orlando Melo, en su libro ‘Colombia: una historia mínima’, nos recuerda que el término mamerto, fue “acuñado por los guerrilleros de fusil para referirse en burla a los comunistas acomodados con el sistema político y que no se arriesgaban a la lucha armada”, como el senador Iván Cepeda Castro, definición que continúa más vigente que nunca, sólo que los actuales ni cogen el fusil ni se atreven a coger un libro.

Y como los nuevos referentes de ese comunismo añejo y trasnochado, son conscientes de la ignorancia de sus seguidores se han limitado a jugar con el lenguaje, incorporando términos inexistentes o impensados para desfigurar la realidad: a la retractación le llaman despublicar, al trabajo encubierto le denominan entrampamiento, al comunismo o socialismo lo denominan progresismo y al adoctrinamiento en las aulas le dicen pomposamente educación.

Saben además que todos los ‘ismos’ son mal vistos, entonces terminaron adoptando una única corriente para confluir y refugiarse, la siempre intelectual, políticamente correcta y bien vista izquierda, rechazando furibundos cualquier asociación con el comunismo, socialismo o castrochavismo, aunque sus nostalgias revolucionarias los ubiquen sin ambivalencias en la empobrecida y destruida Cuba de los Castro o la hambrienta Venezuela de Chávez y Maduro.

Ese mismo pueblo que hoy debería retomar el poder en Latinoamérica, fue el que llevó a estos y otros tiranos a la cúspide, donde una vez montados es casi imposible bajarlos, es el mismo pueblo que defiende, pide perdón y lanza vivas a los narcoterroristas y que revienta pólvora a rabiar y celebra alboradas en medio de una grave pandemia, un pueblo inmaduro y con mentalidad pueril que se pega un tiro en el pie solo por el placer de escuchar el estallido.

Claro que debemos repensar la democracia y buscar soluciones para la catástrofe que vivimos producto de la falta de una justicia real y una autoridad que la haga cumplir, falencias que nos tienen sumidos en la corrupción, pero antes de pensar en entregarle tan grande responsabilidad al pueblo debemos constituir las bases para reformar al individuo, de modo que asuma su papel como ciudadano, aquel que no sólo reclama derechos sino que cumple con responsabilidad con sus deberes, equilibrio sin el cual nuestra sociedad está condenada al fracaso.

Robert Posada Rosero
Acerca de Robert Posada Rosero 31 Articles
Comunicador Social Periodista, especialista en Derecho Constitucional.