Detrás de detención de Uribe está el Régimen

Robert Posada Rosero

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La connivencia de todo tipo de estructuras criminales con el Estado, “como única fuente de recursos lícitos e ilícitos para conseguir plata”, es una tragedia que nos ha acompañado durante toda nuestra historia como país, y a todas ellas derrotó en su momento el presidente Álvaro Uribe Vélez.

A los políticos tradicionales y sus contratistas los derrotó en la urnas, a las AUC en el campo político y jurídico, a las Farc en el campo militar e internacional, recuperando un país considerado fallido a consta de hacerse con poderosos enemigos que no descansarían hasta cobrar su cabeza.

En el año 2002, el hasta entonces desconocido Gobernador de Antioquia llegó como independiente a la Presidencia de Colombia después de arrancar su campaña con un mísero 2% de favorabilidad, y desde entonces todos han sido actores de segundo orden.

Sepultó, dos veces, cualquier posibilidad presidencial de Horacio Serpa Uribe y desbarató la cola que conformaban Alfonso Gómez Méndez y otros políticos ungidos por el Régimen, quienes más frustrados que resignados lo vieron ganar una y otra vez, incluso en cuerpo ajeno.

Su osadía no pasaría desapercibida ni sería perdonada por el Régimen, que finalmente encontró en Juan Manuel Santos Calderón el Caballo de Troya para infiltrar y derrotar desde adentro al más grande y poderoso estadista que haya dado la Nación en los últimos 100 años, y uno de los más grandes de Latinoamérica.

Para hacerlo utilizaron la artimaña de la paz, teniendo como director de orquesta a un viejo conocido de todos los actores que desde siempre han conformado el Régimen, Enrique Santos Calderón, respetado aristócrata capitalino, quien adema gozaba de la cercanía y confianza de la subversión.

Y como la vida de mucha de esa gente poderosa, incluyendo los guerrillos y sus ideólogos en la capital, dependía, dependió y seguirá dependiendo del Estado, el Régimen se organizó y empezó a trabajar, lento pero sin pausa, decidido a retomar el control del mando, convirtiendo este objetivo en un asunto de vida o muerte.

Para lograrlo, por supuesto, tenían que acabar con el hombre que los derrotó y seguía derrotando, y al no lograr su cometido de eliminación física sólo les quedaba la derrota moral y pública de su liderazgo por las vías mediática y jurídica, montajes en los que se han vuelto expertos.

Esta no es una entelequia entre izquierda y derecha o guerrillos y paracos, eso es lo quieren que creamos, lo que está en juego es el control del Estado, “quiénes son sus dueños, quiénes tejen y dominan sus estructuras, sus clientelas, sus prácticas por dentro y por fuera de la Ley, como bien explicó Juan Esteban Constaín, en ‘Álvaro, su vida y su siglo’.

En su afán desmedido por recuperar el control del Estado, los Samper, los Lleras, los Santos, los López, los Galán, los Gaviria, De la Calles, Benedetti, Roy y demás apátridas, incluyendo su séquito de periodistas e “intelectuales” de izquierda, no tuvieron miramientos en aliarse con los criminales que hasta ayer repudiaban en público y sin vacilaciones.

En su ceguera cuentan con que las Farc y la izquierda radical sólo serán aliados de ocasión para derrotar a su enemigo común, una osadía que amenaza con salirle muy caro al país, pues aunque lo aparenten no ignoran que comparten lucha con criminales de lesa humanidad, capaces de cometer los más execrables crímenes en su afán de alzarse con el poder absoluto y conservarlo.

Están jugando con candela, y si alguien sabe hacerlo son quienes ya tuvieron la osadía de quemar el Palacio de Justicia, con sus magistrados adentro, así empezó la Revolución Bolivariana, intentando suplantar una forma de poder político por otro, y ya sabemos en dónde va la historia.

No reclaman la verdad ni mucho menos justicia, quieren imponerse por el poder y la plata que da el control del Estado. Gabriel García Márquez también sirvió al Régimen de La Habana, una jauría de bandidos revestidos de revolucionarios, y como pago murió disfrutando de una mansión en Cuba, frente a la Fidel Castro, quien supo premiar su trabajo en la agencia Prensa Latina y como canciller emérito de la isla y sus dictadura.

Como Gabo, quienes hoy urdieron y celebran el plan contra Álvaro Uribe Vélez, sirven al Régimen y se sirven del Régimen, sin importar que en su ambición se lleven por delante lo que nos queda de democracia y libertades, avalando con su proceder el riesgo del ascenso al poder de ideologías caducas que sólo dejan pobreza y destrucción a su paso, como sucedió en Cuba y Venezuela.

Robert Posada Rosero
Acerca de Robert Posada Rosero 24 Articles
Comunicador Social Periodista, especialista en Derecho Constitucional.