Duque, un segundo castigo y la multitudinaria marcha de la oposición

MARTIN E. BOTERO

@boteroitaly

Duque, un segundo castigo y la multitudinaria marcha de la oposición Columna de Martin Eduardo Botero Clic para tuitear

Queridos lectores, un segundo castigo – después del castigo electoral del 27 de octubre – se está preparando en forma de paro nacional y va a caer sobre el gobierno como una sorpresa abrumadora, si resulta- como resulta evidente en estos momentos –  que las llamadas a los ciudadanos y el apoyo de amplios sectores sociales culminaran este 21 de noviembre en una marcha y manifestación multitudinaria, movilización laboral y política, plantones, manifestaciones y protestas masivas contra el gobierno democrático y legítimo del país, lo que podría dar lugar a una pérdida de confianza pública de la ciudadanía y a un clima de insatisfacción y agitación entre la población, esta vez contra el Jefe de Gobierno y su partido. Pienso que tenemos que plantearnos seriamente la cuestión. Creo que no deberíamos engañarnos a nosotros mismos. En el actual clima de polarización política, la capacidad de convocatoria, el apoyo de la población y legitimidad propositiva de la oposición de izquierda es inversamente proporcional a la credibilidad y la legitimidad política del gobierno Duque entre los círculos directamente afectados, lo cual es un elemento clave para el auge del populismo. Hay que ser ciego para no ver lo que está pasando en Colombia, para no ver el nido de víboras de oposición al mundo democrático, y no hay peor ciego que el que no quiere ver. Esto es lo que significa ser realista sobre lo que pasa y lo que se puede hacer.  Pero se abre un proceso difícil, no nos engañemos.  

Hay que ser ciego para no ver lo que está pasando en Colombia, para no ver el nido de víboras de oposición al mundo democrático, y no hay peor ciego que el que no quiere ver. Clic para tuitear

El problema principal parece ser la falta de control y reacción firme por parte del gobierno, que reposa en una frágil mayoría, frente a la magnitud y la gravedad de esos problemas y desafíos, así como la falta de un vigoroso liderazgo político para vencer la resistencia y superar los obstáculos que tiene, sobre el trasfondo de una sospechosa falta de reacción de las fuerzas del orden. Falta, en efecto, una condena firme de la intensificación de las protestas violentas existente en el país, incluido el llamamiento a establecer una estrategia antiterrorista efectiva basada en el Estado de derecho, así que estaba claro que tenía que tomar serias medidas. En la medida en que el Estado no puede o no quiere proteger a sus ciudadanas/os y les permite ser devastadas/os, el Estado pierde legitimidad. Un Gobierno que se permite eso pierde el derecho a existir. No estoy preocupado sólo yo: la multitudinaria marcha de la oposición – sin mencionar el caos y desorden que producirán las huelgas y las violentas protestas -, en la que miles de ciudadanos se manifestaran contra el gobierno Duque, demuestra que el ejecutivo no ha logrado limitar y apaciguar a sus propios conciudadanos y responder a sus expectativas correspondientes y a los desafíos de nuestros tiempos actuales y futuros, y podría perjudicar gravemente al gobierno en el futuro, nos vemos obligados a tomarnos muy en serio estos temores y, por consiguiente, tampoco nos tranquilizan a nosotros. A la vista del cariz que están tomando las cosas, debemos ser plenamente conscientes de que estamos sentados sobre una bomba de relojería – una devastadora campaña de violentas protestas y actos de depredación organizada – que amenaza con sumir al país en un estado de agitación, disturbios, actividades subversivas (acciones que son claramente ilegales) y que afectará la democracia y pone en peligro los logros básicos de nuestra sociedad y la inquietud en las fuerzas armadas. El hecho de que Venezuela y Cuba estén haciendo presiones para que se produzca esta modificación no es nada tranquilizador. Este modelo no es evidentemente el nuestro, y hoy es crucial desactivar esta bomba de relojería. Estoy cada vez más preocupado de que lo que está sucediendo en otros países termine siendo una suerte de profecía autocumplida. Cabe resaltar en particular dos hechos, a saber: las repetidas violentas protestas que hemos visto, y su impunidad sin paralelo, una intensificación de la retórica y de la propaganda por parte de grupos extremistas, por un lado y, por el otro un dirigismo improvisado en el mantenimiento del orden público, la porosidad de la seguridad y de nuestra defensa de las normas, de nuestros intereses comunes y las medidas erróneas de un Gobierno inexperto para controlar protestas sociales. 

La actual Administración parece estar “improvisando”, o “reaccionando” ante la coyuntura, en perjuicio de todas las partes interesadas más que siguiendo líneas claras de acción. Es muy poco probable que un programa improvisado sea exitoso. Los ciudadanos se sienten abandonados y directamente insultados, maltratados, golpeados, por dichas protestas y revueltas, así como las fuerzas armadas, quienes han sido objeto del lanzamiento de piedras e insultados por los manifestantes. La burocracia estatal, dando la apariencia de ejercer un “gobierno improvisado”, corre peligro de que los procedimientos sean múltiples y los resultados incoherentes. Ya es hora de que la Colombia adopte una normativa armonizada para las protestas sociales y a favor de una ley anti-subversión. El deber de los gobiernos de proteger a las poblaciones (de atrocidades) sobre las cuales ejercen su soberanía es una responsabilidad permanente. 

¿Qué medidas preventivas se han tomado?

Las protestas masivas por cientos de movimientos sociales y organizaciones han golpeado de un modo especialmente duro la democracia de otros países y causado una gran devastación y un enorme sufrimiento, aunque se sabía qué medidas preventivas se debían adoptar y estas se podrían haber adoptado. Pero lo que estamos oyendo son palabras y más palabras de rechazo en lugar de acciones sobre el terreno. Aparentemente, no se han tomado medidas preventivas firmes y efectivas para prevenir una agresión a la soberanía nacional y colonización socialista siglo XXI. Eso supondría romper todas las relaciones diplomáticas y políticas con el régimen de Venezuela y Cuba, cerrar sus embajadas en Bogotá y por ende el retiro y expulsión de todo el personal como un paso positivo en beneficio de la región. Al mismo tiempo, la presión política o las sanciones económicas ya sean unilaterales o multilaterales. Una vez más nos ha sorprendido el hecho de que el gobierno no haya tomado medidas para impedir que esta colonización socialista siglo XXI se extienda a la región. 

Duque ha de tener claro que es capaz de aplicar la mano dura en la “guerra contra las drogas”; contra el régimen de Maduro y romper relaciones diplomáticas para enviarle un claro mensaje de que no puede seguir haciendo caso omiso de los acuerdos existentes, del derecho internacional y de toda moralidad. Duque debe hacer los siguientes llamamientos: en primer lugar, un llamamiento a Rusia y China para que vuelva a la situación anterior, es decir, para que no continúe con sus ideas o con sus aspiraciones de apoyar regímenes dictatoriales en América Latina y, en segundo lugar, un llamamiento a la comunidad internacional para que se apruebe la resolución, con el apoyo de Rusia y China, en el Consejo de Seguridad para llegar a un posible acuerdo sobre la salida de Maduro. También ha de ser suficientemente fuerte para influir en la política estadounidense y eso implica que hable claro, de forma inequívoca y, por supuesto, reforzar la dimensión preventiva, la prevención de conflictos, la lucha contra el terrorismo y el desarme.

No quisiera decirles que soy optimista, porque me parece que ser optimista sobre estos temas es difícil, pero creo al buen trabajo realizado por Duque. Cometeríamos un gravísimo error, a mi juicio, si abandonáramos hoy al Presidente – que hay que seguir ayudando al Presidente en estos meses que quedan. Él se presentó a las elecciones con una plataforma que era la plataforma que nosotros defendíamos, por las que fue apoyado masivamente por sus conciudadanos. Sería una gran tristeza para todos nosotros que lo que hace un año llamábamos la economía Naranja dejara de ser una revolución naranja y pasara a ser una revolución de otra naturaleza o un paso atrás en la serie de pasos adelante que nuestro país dio hace un año. Aunque he dicho que se han conseguido muchas cosas positivas, podemos ver el vaso medio lleno o medio vacío. Nos encontramos en una situación mucho más difícil que hace un año; no podemos echar la culpa a Santos, ni mucho menos a Uribe: son las autoridades nacionales que enfrentan a la crisis y quienes conservan la responsabilidad primaria de proteger a la población de la catástrofe socialista siglo XXI. Amen 

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Martín Eduardo Botero
Acerca de Martín Eduardo Botero 45 Articles
Abogado Europeo inscrito en el Conseil des Barreaux Europèens Brussels. Titular de Botero & Asociados, Bufete Legal Europeo e Internacional con sede en Italia y España. Letrado del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid. Presidente y fundador de European Center for Transitional justice y vicepresidente en la Unión Europea de la Organización Mundial de Abogados. Graduado en Jurisprudencia por la Universidad de Siena (Italia) con Beca de Honor y Licenciado en Derecho por la Universidad Católica de Ávila (España). PhD en Derecho Constitucional Europeo por la Universidad de Bolonia con Beca de estudio del Ministerio de Exteriores italiano y la Unión Europea. Colabora con universidades, institutos de investigación especializados y organismos de la sociedad civil en los programas de cooperación jurídica y judicial internacional. Consultor Jurídico independiente especializado en anticorrupción. Su último libro lleva por título “Manual para la Lucha contra la Corrupción: Estrategia Global: Ejemplos y Buenas prácticas”.