El 2020: el año del destape de la Farc-Política

Robert Posada Rosero

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El 2020 deberá ser recordado en Colombia como el año de los virus: el covid-19 y el destape de la Farc-Política, dos amenazas silenciosas pero reales que amenazan con destruir la democracia, la economía del país,... Clic para tuitear

 

Robert Posada Rosero

El 2020 deberá ser recordado en Colombia como el año de los virus: el covid-19 y el destape de la Farc-Política, dos amenazas silenciosas pero reales que amenazan con destruir la democracia, la economía del país, las libertades individuales y la vida como la hemos conocido hasta ahora.

El primero, es un virus de alcance mundial con consecuencias aún por determinar, pero que desde ya ha impactado la vida de todos los mortales, logrando la contracción económica de todos los países y la restricción de las libertades en gran parte del mundo, a excepción de China, donde sospechosamente nació el virus chino.

El segundo, es un virus que viene atacando con violencia a la sociedad colombiana desde hace más de 50 años, y que ahora se destapó sin reservas ante los ojos de una sociedad incapaz de reaccionar, pues empieza a padecer una incomprensible inversión de los valores, donde se perdonan y toleran los más execrables crímenes con la excusa de la esquiva y anhelada paz.

Este destape permitió conocer a los congresistas, políticos, ‘intelectuales’, periodistas, artistas y demás ciudadanos que comulgan con una ideología que cambia de nombres pero que siempre hace tránsito a través de la dictadura comunista de Cuba, ese antro latinoamericano generador de tiranías, pobreza, hambre, corrupción y migración.

Hace unos años Colombia vivió su mayor escándalo político, cuando se conoció que por lo menos el 30% del Congreso connivía con el proyecto e ideología de las Autodefensas Unidas de Colombia, AUC, generando infinidad de procesos judiciales que llevaron a la cárcel a Senadores y representantes a la Cámara de diversos partidos.

Hoy, al quedar al descubierto la Farc-Política, nadie se escandaliza, muy por el contrario, a los políticos y líderes que todos sabemos su corazón está con ese grupo narcoterrorista, se les empiezan a sumar lagartos y corruptos de todos los pelambres, politiqueros de profesión que venden su alma al diablo con tal de tener participación en la torta burocrática y de la contratación estatal.

Curiosamente, aunque estos terroristas, denominados de manera conveniente con el eufemismo de disidencias, continúan traqueteando, matando, extorsionando, desplazando, reclutando menores, y cometiendo todo tipo de crímenes, a nadie parece importarle, tienen arrodillados, o más bien infiltrados al poder judicial, a los medios y hasta a las propias Fuerzas Militares.

Como si lo anterior ya no fuera grave, lograron imponer en el fallido proceso de paz de La Habana, dos poderosas nuevas cuotas burocráticas y de contratación, la Jurisdicción Especial para la Paz, JEP, y la Unidad Nacional de Protección, UNP. La primera les garantiza impunidad y la segunda armas de manera legal a sus hombres, costándole además al país miles de millones de pesos, en un plan perfecto para acercarse cada vez más a su meta de alcanzar el poder para ya nunca soltarlo, pues ese siempre ha sido el resultado de estas aventuras totalitarias.

Varios factores son fundamentales para que la sociedad colombiana no reaccione, una narrativa que se aprovecha de un país sin memoria para hacer olvidar los crímenes de los Farc-Políticos y sus socios, la chequera de poderosas ciudades como Bogotá, Medellín, Cali y la Gobernación del Magdalena, entre otras, que les permite comprar vía pauta un trato favorable en grandes medios, y el infinito dinero de la coca para comprar las conciencias de ciudadanos, empresarios, jueces y magistrados. A los políticos que se les están sumando no hay que comprarlos, ellos llegan solos donde huelan dinero.

También es determinante que no hay en el escenario nacional una persona con el arrojo y apoyo de recursos del Estado y los medios para destapar el entramado de la Farc-Política, como lo hizo en su oportunidad con la Para-Política, la actual alcaldesa de Bogotá Claudia López, quien desde la Fundación Arco iris, en un plan estratégicamente diseñado, guiada por el exguerrillero del ELN, León Valencia, logró convertir los vínculos de los políticos y la AUC en un tema de Estado que llegó a traspasar las fronteras.

La amenaza para Colombia es real, y si la sociedad entera no despierta y se vacuna contra el virus de la Farc-Política este terminará siendo más destructivo que el propio covid-19, trayendo a nuestra tierra una nueva normalidad, esa que padecen por años los habitantes de países como Cuba, Venezuela y Nicaragua, realidad que no pueden seguir negando porque sus miles de migrantes no lo recuerdan a diario.

Si repetimos el error de esos pueblos lo estaremos lamentando de manera tardía, como lo hizo Miguel Ángel Quevedo, fundador y director de la centenaria revista cubana Bohemia, en su carta suicida,

“Fidel no es más que el resultado del estallido de la demagogia y de la insensatez. Todos contribuimos a crearlo. Y todos, por resentidos, por demagogos, por estúpidos o por malvados, somos culpables de que llegara al poder”.

Robert Posada Rosero
Acerca de Robert Posada Rosero 30 Articles
Comunicador Social Periodista, especialista en Derecho Constitucional.