El 21 de noviembre

coronel (R) John Marulanda

@JohnMarulandaM

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Las amenazas de Maduro y de Diosdado sobre Colombia, no son solamente fanfarronadas de enajenados comunistas: nuestro país es la joya de la Corona en el plan del Foro de San Pablo para la retoma del poder en la región.

En Ecuador, una bien fraguada intentona que aún no ha escrito su último capítulo, empezó con la convocatoria por las redes sociales de miles de indígenas para protestar por la supresión del subsidio al combustible y terminó pidiendo la cabeza del presidente Moreno. En la tregua en curso, el líder de los indígenas ha sido claro: queremos un cambio de sistema. Y amenaza con organizar un ejército indígena. En Chile, todo empezó con un alza en el precio del transporte y una convocatoria por redes que culminó en desastre. Hoy todas las facciones de la izquierda unidas piden la dimisión del presidente Píñera y una nueva constitución. En Colombia, se anuncia para el 21 un gran paro nacional que, desde ya, pide la renuncia del presidente Duque, mientras un parlamentario amenaza con un “estallido social”

En Colombia, se anuncia para el 21 un gran paro nacional que, desde ya, pide la renuncia del presidente Duque, mientras un parlamentario amenaza con un “estallido social” Clic para tuitear

El método será el mismo: los organizadores siempre declararán que es una marcha pacífica; los agitadores actuarán violentamente contra la infraestructura de transporte, bloquearán las vías a los aeropuertos y paralizarán la movilización urbana, tratando de generar algún tipo de desabastecimiento; encapuchados vandalizarán el comercio, si multinacional mejor, generando  miedo que obligará a la ciudadanía a permanecer en sus casas, mientras ellos se  adueñan totalmente del espacio público; atacarán sin piedad a policías y soldados, si los hubiere; incendiarán, robarán y agredirán, sabiendo de antemano que el gobierno no ejercerá a plenitud su obligación constitucional de garantizar el orden público y cualquier acción de contención o de reacción de la Fuerza Pública será denunciada como agresión, exceso de fuerza o masacre. Como en México, en Ecuador y en Chile, los militares serán rey de burlas, lo que alimentará la agresividad de jóvenes guiados por la emoción y la adrenalina, nunca por la razón. Y los medios seguirán el juego.

Lemas y cánticos simples, breves, emocionales, imprecisos, con una pizca de verdad, fáciles de repetir, aunque sean mentirosos y la psicología solidaria y anónima de la turbamulta serán los motores de los desmanes que ya han sido ensayados a menor escala en demostraciones anteriores. Las redes sociales servirán de vasos comunicantes anónimos, alienantes e irresponsables. “Paren los bombardeos asesinos de niños”, se verá con profusión.

La presencia de activistas venezolanos y cubanos ha sido verificada, tanto en Ecuador como en Chile y aquí, sobra decirlo, cientos de cubanos se mueven libremente por el territorio mientras agentes del Sebim y provocadores experimentados venezolanos, afilan las garras para esa fecha.

Una violencia generalizada o dosificada contra puntos críticos, el apoyo de “medios” amigos o desentendidos y una presión política adecuada, concluirán con un llamamiento al diálogo y a la restauración de la paz y tranquilidad, por parte de los mismos personajes de siempre, que respaldados por “países amigos” y onegés europeas, nórdicas, reclamarán el premio de la paz mientras escamotean cambios políticos mayores, inclusive constitucionales, como en el caso de los acuerdos habaneros, dejándonos a merced de sus elitistas ambiciones totalitarias, disfrazadas de justicia y bienestar para todos. Y de mucho amor.

Bogotá y otras ciudades capitales pueden repetir los aciagos días abril de 1948, sirviendo en bandeja de plata para la propaganda de la izquierda internacional la demostración palmaria de “un régimen dictatorial, represivo y genocida y un pueblo alzado que reclama sus derechos”, sempiterna antesala de la revolución.

El 21 de noviembre, el gobierno y el país pueden caer en la trampa comunista de ya comprobada eficacia y desmoronarse por el tortuoso camino de un gobierno de transición, en donde el crimen organizado transnacional, las farc, el eln y el castrochavimo, con el aplauso de Grupo de Puebla, nos conviertan rápidamente en otros venezolanos desarraigados y muertos de hambre.

Preventivamente, redes cerradas de comunicación entre vecinos, amigos y/ o colegas; filmación de los desafueros de los marchistas violentos; delación de la presencia de extranjeros; denuncia al exterior de la agresión y protección adecuada de bienes y negocios, son algunas medidas que se deben adoptar desde ya. Ahora son fundamentales la solidaridad y el apoyo a nuestras fuerzas policiales y militares, las informaciones que puedan prevenir hechos delincuenciales y, sobre todo, una actitud crítica, no condescendiente con exigencias irreales o maliciosas.

Ojalá la Inteligencia del Estado pueda neutralizar a los actores perturbadores nacionales y extranjeros, para que la protesta, legal y legítima, marche sin incidentes y gane credibilidad. Y desde ahora, se debe prever una contramarcha que le demuestre a los castrochavistas, que no nos entregaremos sin luchar por nuestro futuro y tranquilidad.

Todos los colombianos tenemos la obligación de defender lo que hemos logrado, y evitar que los parásitos comunistas que todos identificamos, puedan adueñarse del poder y someternos a sus designios estalinianos o peor, maduristas. Lo que suceda el 21 en el país, puede enrutar definitivamente el continente hacia un caos, o puede poner un freno a la exacerbada reconquista del poder, de parte de una izquierda mentirosa y ladrona que durante una década pauperizó la región. Ahí está Venezuela de ejemplo.

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