El anillo de Alberich

ARMANDO BARONA MESA

@BaronaMesa

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      Mi amigo Fernando Bedoya tiene por costumbre replicar a mis escritos. Bien y gracias por ocuparse de ellos. No me molesta y respeto su derecho a discrepar de mis opiniones.

        Pero, ¿cuál es su finalidad ?  ¿Tal vez reaccionar a mi derecho de expresar criterios sensatos aferrados a una incontrovertible realidad ? En verdad mi corresponsal Bedoya no lo dice; pero cuando se lee su último escrito alrededor de mis rememoraciones sobre el odio y la polarización, a lo que agrego algunos antecedentes históricos de las cambiantes formas del pensamiento humano en aras a ganar una suerte mejor para el hombre, se advierte sin disimulo que su deseo es entablar un debate que cree de entrada que ha ganado, para demostrar que su conocimiento es mayor sobre los diferentes temas tratados por mí. Bueno, hay alguna gente que cree que posee el anillo de Alberich que hacía poderoso a quien lo tuviera, a cambio de revivir desgracias sin darse cuenta.

        Desde luego que al leer lo nuevamente escrito por este amigo, cualquier persona advierte que, aun cuando haga cierta ostentación de una cultura a medias, su propósito, no logra dialécticamente demostrar que alguno de mis silogismos son falsos o errados o planteados de mala fe. Su recuento del tránsito del comunismo hacia la Social Democracia es ciertamente válido y ajustado a lo que yo había anotado; pero comete la impropiedad de sostener algo que no corresponde a la verdad. Veamos lo que anota: “Socialdemocracia es un término que se comenzó a acuñar en el siglo XIX por Kinkel y Marxs (sic), como algo inherente al comunismo y socialismo.” 

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        !Vaya, vaya! Jamás Karl Marx fue propulsor de la Social Democracia. Su Manifiesto Comunista deja clara su concepción política sobre la dictadura del proletariado, en un dominio que elimina la posibilidad individual de tomar iniciativas y promover empresas. Eso fue, en verdad, en el siglo antepasado. Pero allí no estuvo, como lo dice Bedoya con cierto dogmatismo, el señor Kinkel (Klaus), que nace en el año de 1936, fue político liberal y acaba de morir en marzo de este año.

        En la parte final del Manifiesto Comunista de Marx y Engels se puede leer: “Los comunistas no tienen por qué guardar cubiertas sus ideas e intenciones. Abiertamente declaran que sus objetivos sólo pueden alcanzarse derrocando por la violencia todo el orden social existente. Tiemblen, si quieren, las clases gobernantes, ante la perspectiva de una revolución comunista. Los proletarios, con ella, no tienen nada que perder, como no sean las cadenas. Tienen, en cambio, un mundo entero que ganar.” 

        Se equivoca igualmente el amigo Fernando Bedoya cuando alegremente señala al ex presidente Julio César Turbay como el progenitor de la Social Democracia en el Partido Liberal al cual he pertenecido y pertenezco hoy ideológicamente. Rafael Uribe Uribe en los comienzos del siglo XX planteó la asistencia social en el campo de las necesidades básicas de los proletarios y la clase media, la legislación social, la política agraria y muchas otras cosas. Un tiempo después, cuando el liberalismo logra ganar el poder en 1930, Alfonso López Pumarejo en 1934 inicia la “Revolución en Marcha” con sus leyes agrarias y las garantías laborales y, especialmente la “función social de la propiedad privada”. Esos eran principios fundamentales de una visión abiertamente socialista democrática que mantuvieron vigentes Jorge Eliécer Gaitán, Carlos y Alberto Lleras, López Michelsen y Turbay. Y no escaparon de ese movimiento intelectual aun los conservadores, cuando Misael Pastrana Borrero y Belisario Betancourt hablaron del Partido Social Conservador.

        ¿Qué es lo que quiere decir para rectificarme, o corregirme el amigo Fernando Bedoya ? Nada. ¿Y en cuanto a los odios ? Son ciertamente largos en el tiempo. No son de ahora. El hombre está compuesto de una mente abigarrada de la que salen pensamientos grandes o pequeños. Nobles y a veces sublimes, o viles y monstruosos. Y a más de esos pensamientos, el ser humano sabe amar… y odiar. Son sus sentimientos con razones a veces, o irracionales. Así somos, sobre todo en Colombia donde se pueden desarrollar esas pasiones y emociones libremente.

        Un día dijo algún parlanchín, camarada camuflado -son expertos en esos cambios camaleónicos- que Álvaro Uribe había cometido unos crímenes. Y otro camarada senador, el señor Iván Cepeda, se vio con cámaras portadas por él mismo, asediar a unos presos criminales ofreciéndoles ventajas y beneficios para que declararan contra el ex presidente. Eso, lo se como abogado penalista, es un delito muy grave.

        Pero aquí, donde existe una mafia conocida como el Cartel de la Toga, le iniciaron investigación fue al ex presidente y no al comunista que viajó hasta al exterior buscando torcer a esos testigos. No obstante, aquellos que yo llamo los antiuribistas patológicos, dieron por cierto, al estilo Joseph Goebbels, la mentira y la calumnia contra Uribe. Y ahora creen que sus apegos a la mentira se tornan en verdades al tiempo que hacen su propaganda torcida. !Ah personajes esos!.

        Pero Uribe les ganó para elegir a Santos como presidente -así éste flamante Nobel- lo haya desconocido. Les ganó un plebiscito que procuraba asentar a la realidad razonable las concesiones que en su afán por el Nobel lo inclinaron a entregarlo todo a la criminal guerrilla de ayer. Son ellos los groseros propagadores del odio y se inventaron la polarización.

        Creen tener así mismo el anillo de los Nibelungos. Pero allí los veremos caer en sus argucias e inescrupulosidades, como aquel Petro alborozado recibiendo los fajos de billetes, o el mismo Mockus saboreando la  mermelada de Santos con contratos.

        Yo creo que es la base de la población, con sus grandes mayorías silenciosas, la que irá diciendo en las urnas que hay que eliminar ese odio irracional para nutrir un establecimiento con una nueva dimensión política alrededor de la sinceridad y la buena fe.

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Armando Barona Mesa
Acerca de Armando Barona Mesa 12 Articles
Abogado de la Universidad del Cauca, historiador, periodista de opinión, ensayista y poeta. Senador de la República y embajador en Polonia, en las Naciones Unidas y en varios foros mundiales. En la actualidad, Vicepresidente de la Academia de Historia del Valle del Cauca y columnista de la revistas Épocas y Cali-Viva.