El cambio hacia el atolladero es imparable

Santiago Pérez Solano

Santiago Pérez Solano
B/quilla es una de las ciudades más importantes de América Latina; Santa Marta, en cambio, se asemeja más a Cuba o Venezuela. ¿Se han preguntado por qué? ¿En qué se diferencian la perla y la arenosa? Clic para tuitear

 

En una de sus visitas a la ciudad de Santa Marta, el entonces candidato a la presidencia de la república Álvaro Uribe Vélez, le preguntó al ex presidente del Congreso Miguel Pinedo Vidal, que cómo iba la campaña en el magdalena, a lo que el entonces senador respondió con un parte positivo; no obstante, con el sano humor que caracteriza al expresidente antioqueño, este replicó: “Miguel, pero que no pase como la vaca en el pantano, que entre más patalea más se atolla…”

Así las cosas, para nadie es un secreto el atolladero en el que se encuentran la ciudad de Santa Marta y el Departamento del Magdalena.

Para ser sincero, me parece un poco tedioso opinar sobre política local, teniendo en cuenta que desde hace muchos años no vivo en la perla del caribe; sin embargo, lo anterior no es óbice para analizar desde un punto de vista más académico que político las actuales circunstancias de atraso, pobreza y polarización que viven los samarios y los magdalenenses.

La idea de estas líneas no es la de buscar culpables, porque responsables somos todos, como tampoco, enfrascarme en una discusión bizantina sobre las falencias y aciertos de los de “antes” y los de “ahora”, pero sí hacer justicia con quienes en gracia de discusión forjaron el destino de la ciudad y el departamento.

El poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente, señaló el extraordinario historiador y político inglés, John Dalberg-Acton, más conocido como Lord Acton, máxime cuando una sola persona absorbe todo el poder que de dos entes territoriales se derivan. Aunque toda regla general tiene su excepción, como adelante explicaré.

El país tiene claro que quien funge actualmente como Gobernador del Magdalena, terminó por concentrar para sí mismo la administración seccional y local, lo que en un estado de derecho y en una democracia avanzada como la norteamericana, por ejemplo, resultaría un tanto peligroso, específicamente en lo atinente a la canalización e inversión de los recursos públicos, sin perjuicio de otros excesos que ese caudillismo popular trae consigo.

Anteriormente, ser Acalde o Gobernador era una dignidad per se, independientemente de lo que se hiciera o dejara de hacer en el ejercicio del cargo, toda vez que no existía la descentralización territorial como hoy la conocemos, producto de la marcada centralización política de la Constitución de Nuñez y Caro, sancionada por el General samario José María Campo Serrano en 1886.

Las cosas han cambiado, ser el jefe de lo seccional o local implica una serie de responsabilidades que, en primera y última medida, están ligadas al ascenso de una región.

La gran diferencia con Barranquilla radica en que su clase dirigente hace parte del sector privado empresarial, lo que genera un ingente grado de conocimiento, conciencia y responsabilidad de que el crecimiento de la ciudad en materia económica y desarrollo sostenible está directamente relacionado con el éxito de sus intereses, por tal razón, la capital del Junior y del Carnaval es una de las ciudades más importantes de América Latina en lo que a inversión nacional y extranjera se refiere, además del resto de sus atractivos por ser Distrito Industrial y Portuario.

En Barranquilla invierten, allá sí se ve lo que los alcaldes hacen con el billete de los barranquilleros.

Aunque en la capital del Atlántico las cosas no fueron siempre color de rosa. Tuvo los mismos problemas que hoy padecen Santa Marta y el Magdalena: extrema pobreza, atraso, polarización, corrupción, falta de compromiso y liderazgo, ausencia de inversión, populismo electoral, etc., hasta que los mismos barranquilleros decidieron apostarle al cambio y al progreso, lo que generó un consenso en la ciudad entre las distintas fuerzas políticas, económicas y sociales, trayendo como resultado la urbe que hoy el país y el mundo conocen. No en vano comparan Barranquilla con la ciudad de Miami Beach, Florida.

Barranquilla es un ejemplo para el país. No es la ciudad del grupo Serfinanza u Olímpica S.A., como perversamente señala la zurda comunista radical, es la ciudad de los barranquilleros, porque fueron estos quienes decidieron conquistar “las estrellas”, y, lo mejor de todo fue que lo lograron porque ya tienen ocho.

Sin embargo, además del esfuerzo de los barranquilleros hay que reconocer el protagonismo y la extraordinaria labor del ex ministro, ex senador y ex gobernador del Atlántico, Fuad Ricardo Char Abdala y sus hijos frente al éxito de Barranquilla y el Atlántico.

Así las cosas, mientras la arenosa está en manos de todos sus ciudadanos, de una clase dirigente y empresarial honesta y responsable, Santa Marta y el Magdalena, ¿en manos de quién o quiénes están?

A partir de este momento el fin propuesto en estas líneas se torna un poco odioso toda vez que, en los actuales momentos de extremismos e insensatez nacional, cualquier opinión o sana crítica se asemeja al disparo de un rifle, sobre todo, cuando hay intereses de por medio, lo que en palabras del maestro Carlos Gaviria Díaz, me parece completamente deplorable.

El mesianismo político es tan viejo como el vino, incluso, la antigua Roma no fue ajena a él, pero la historia de la humanidad es fiel testigo del daño que esto ocasiona.

La ciudad dos veces santa, otrora, fue el epicentro de alternancia política de varias de sus más prominentes familias que ayudaron a edificar ese suelo patrio.

Faltaría a la verdad y sería injusto desconocer los aportes realizados por varios de sus más ilustres dirigentes, como Miguel Pinedo Barros, Miguel Pinedo Vidal, José Benito Vives De Andréis, los hermanos Edgardo y Alfonso Vives Campo, José Ignacio Díazgranados Alzamora y Juan Carlos Vives Menotti, quienes pavimentaron la ciudad y el departamento, construyeron vías, escenarios deportivos, escuelas y colegios distritales, el Hospital Central Julio Méndez Barreneche, puestos de salud, barrios y ciudadelas, le abrieron las puertas al turismo nacional e internacional, ayudaron a gestionar los terrenos para la construcción de nuevas universidades, donaron becas para que cientos de personas de escasos recursos pudieran acceder a los más altos niveles de la educación superior, la ciudad se convirtió en D.T.C.H., con las connotaciones que en materia de transferencias esto significa, entre otras.

Así mismo, siendo gobernador del Magdalena el Dr. Miguel Pinedo Vidal, se hizo una ampliación en 13 metros de ancho a la vía Santa Marta – Ciénaga; infortunadamente, no pudo llevarse a cabo la construcción de la doble calzada hasta Barranquilla por problemas de orden socioambientales en la zona.

Como manifesté al principio, hace años me trasladé a la ciudad de Bogotá, pero de vez en cuando no dejo de visitar a la tierra que me vio nacer; no obstante, cuando hago un recorrido por la ciudad, no es mucho lo que Santa Marta ha cambiado, con excepción de un par de centros comerciales gestionados por el ex alcalde de Santa Marta, José Francisco Zúñiga Riascos, quién con el apoyo del expresidente Álvaro Uribe Vélez, consiguió un lote de propiedad de la nación el cual fue vendido a inversionistas privados para la construcción del centro comercial Buenavista; con el dinero de la venta se construyeron cinco escuelas en distintos sectores de la ciudad: Aeromar, Líbano 2.000, la Quinina, en Gaira, la Paz y en la Sierra Nevada, con sus respectivos comedores escolares.

No obstante, ciertas problemáticas como la carencia del preciado líquido, la mala prestación del servicio de energía eléctrica, la inseguridad, el alcantarillado, la contaminación de las playas, la pésima infraestructura vial producto del deterioro por el paso del tiempo, el inadecuado manejo del turismo, etc., se han acrecentado, además de la falta de oportunidades en materia laboral, la pobreza y la miseria que se respira en sus alrededores.

Me pregunto: ¿adónde van a parar los cientos de miles de millones de pesos de los samarios y magdalenenses?

Santa Marta y el Magdalena están en el abandono total.

Se dice que se ve mejor los toros desde la barrera, pues no sé qué es lo que están viendo los samarios y los magdalenenses, porque desde afuera vislumbramos un territorio fantasma, una ciudad relegada en el tiempo, completamente derruida, con una nueva clase política vinculada a la zurda comunista radical de la Colombia Humana, dirigida por quién en su momento perteneció al grupo criminal M-19, responsable de secuestros, asesinatos, extorsiones y narcotráfico, sin mencionar la barbarie cometida contra el Palacio de Justicia y los magistrados de la sala penal.

Santa Marta y el Magdalena no tienen absolutamente nada distinto a lo que sus dirigentes de antaño les dejaron.

Con el avance del comunismo en América Latina y Colombia, el nuevo grupo político que gobierna el departamento del Magdalena, que como dije, se identifica con esa corriente ideológica, teniendo en cuenta que su máximo exponente perteneció, al parecer, al grupo subversivo ELN, ha promocionado una campaña de odio, resentimiento y desprestigio al interior de la población frente a las familias que fundaron ese territorio de la costa norte del país, haciendo creer que ellos son los buenos y los de “antes” los malos, con el fin de allanar el camino para continuar con lo mismo que hicieron Castro en Cuba y Chávez en Venezuela, engrosar sus bolsillos y empobrecer a los ciudadanos.

Si hay algo que deben tener claro los samarios y los magdalenenses es que se están llevando sus recursos, ¿para dónde?, averígualo Vargas. Al parecer, la ciudad y el departamento ya no son de sus habitantes.

La Alcaldía y la Gobernación del Magdalena están bajo el control de una sola persona, de un dictador con unos poderes exorbitantes respecto de los cientos de miles de millones de pesos que ingresan a las arcas de esos entes territoriales.

La ciudad de Santa Marta está sin agua desde hace lustros, tiene un obsoleto servicio de alcantarillado y energía eléctrica, los turistas se quejan de que sus calles huelen a materia fecal, así como de la inseguridad y la desorganización; los atracos están a la orden del día, lo mismo que las extorsiones y el boleteo, no hay fuente de empleo, ni de ingresos, la inversión social está por el suelo, la economía y el comercio, en palabras de Joseph Stiglitz, avanzan en caída libre, sin contar con la grave problemática social originada por la llegada de ciudadanos extranjeros.

“El cambio” se gastó miles de millones en una megabiblioteca que no ha podido ser terminada ni inaugurada. Esta infraestructura es una apología a la corrupción, al cinismo y al descaro.

Al parecer, los samarios se conformaron con el cúmulo de barrotes y hierros que les hicieron para distraerlos haciendo ejercicio entre la ciudad y el cerro Ziruma, así como también, con un par de parques y un monumento al agua, que resulta risible para una ciudad que carece de la misma.

No hay calles por donde transitar, porque si no están rotas, llevan años en reparación, soslayando los principios de planeación, eficacia, eficiencia y transparencia en materia de contratación de obra pública.

¿Quién(es) están gobernando la ciudad y el departamento?

¿A qué horas la clase política tradicional, fundadora de la ciudad, se descuidó y se dejó meter semejante gol?

¿Hasta cuándo los samarios y los magdalenenses seguirán en el ostracismo y la inopia frente a sus propios intereses?

¿Habrá un consenso entre las distintas fuerzas políticas, económicas y sociales, como en Barranquilla, para sacar adelante la ciudad y el departamento?

“El cambio” es imparable, pero hacia el despeñadero; la ciudad y el departamento cada vez se parecen más a Cuba y Venezuela en pobreza y carencia de oportunidades, pero revisemos los bolsillos de sus gobernantes a ver el tamaño de su grosor.

Al momento de escribir estas líneas, varios sectores de la ciudad llevan horas sin energía eléctrica, como a veces ocurre, la cura peor que la enfermedad, lo digo por la nueva empresa que suministra dicho servicio.

El interior del país no se alcanza a imaginar lo que significa que una ciudad que alcanza temperaturas de hasta 40ºC, se quede sin luz y sin agua. Es una situación totalmente inhumana.

El problema insuperable que se entrevé en Santa Marta, es que allá no existe una figura jovial, honesta, capaz y competente de la talla de Alejandro Char Chaljub que pueda generar unos acuerdos sobre lo fundamental con el fin de sacar la ciudad y el departamento del atolladero en que se encuentran, y si lo hay, que salga al ruedo y me cuente para unirme a la causa.

Es apenas lógico que Santa Marta tiene todos los recursos naturales, la ubicación geográfica y el potencial humano para ser una ciudad del futuro, prospera, desarrollada, lo que sucede es que está muy mal gobernada.

Para culminar, afirman Daron Acemoglu y James A. Robinson, profesores del MIT y Havard, en su obra “por qué fracasan los países”, de lectura obligatoria, que el bienestar de una nación está relacionado con la competencia de sus líderes, toda vez que son estos quienes determinan la política económica de sus territorios.

Por tal razón, de esa política económica atinente a la correcta inversión de los recursos, ahorro, austeridad y transparencia en la renta y el gasto, depende el bienestar de los samarios y los magdalenenses.

Entonces, echen un vistazo a Alex Char y a quien dirige Fuerza Ciudadana y saquen sus propias conclusiones.

¡Ojo con el 2022!

P.D. Los bogotanos estamos aterrorizados con los altos niveles de inseguridad, la Alcaldía Mayor está acéfala, requerimos con urgencia intervención del Gobierno Nacional para la solución de esta problemática que cada día está cobrando más vidas inocentes.