El cuento mal contado

César Betancourt Restrepo

Cesar Betancourt Restrepo

En los tiempos antiguos, antes de la gloriosa revolución, no era Londres la hermosa ciudad que hoy conocemos. Era un lugar tenebroso, sucio y miserable donde casi nadie tenía qué comer y donde centenares y millares de desgraciados no tenían zapatos qué ponerse, ni siquiera un techo bajo el cual dormir. Niños de la misma edad que vosotros debían trabajar doce horas al día a las órdenes de crueles amos que los castigaban con látigos si trabajaban con demasiada lentitud y solamente los alimentaban con pan duro y agua. Pero entre toda esta horrible miseria, había unas cuantas casas grandes y hermosas donde vivían los ricos, cada uno de los cuales tenía por lo menos treinta criados a su disposición. Estos ricos se llamaban capitalistas. Eran individuos gordos y feos con caras de malvados. Podréis ver, niños, que va vestido con una chaqueta negra larga a la que llamaban frac y un sombrero muy raro y brillante que parece el tubo de una estufa al que llamaban ‘sombrero de copa’. Este era el uniforme de los capitalistas y nadie más podía llevarlo. Los capitalistas eran dueños de todo lo que había en el mundo y todos los que no eran capitalistas pasaban a ser sus esclavos. Poseían toda la tierra, todas las casas, todas las fábricas y todo el dinero. Si alguien les desobedecía, era encarcelado inmediatamente y podían dejarlo sin trabajo y hacerlo morir de hambre. Cuando una persona corriente hablaba con un capitalista tenía que descubrirse, inclinarse profundamente ante él y llamarlo Señor”. 

El cuento mal contado. Columna de César Betancourt R. Clic para tuitear

Cesar Betancourt

El anterior fragmento hace parte de la aclamada novela 1984 del escritor George Orwell, que relata una la historia de una Superpotencia llamada Oceanía´, controlada por los “revolucionarios” post-socialistas, en la que sus habitantes están constantemente controlados por unas telepantallas que los observan día y noche en todos los espacios, diciéndoles qué hacer, cuándo hacerlo y controlando todo aspecto de su vida. 

En esta Oceanía post-revolucionaria, toda la vida es controlada por un solo partido (así como ocurre en los países comunistas), y el Gobierno tiene la potestad de cambiar el pasado, alterando documentos históricos, incluidos la prensa. También existe algo llamado ‘la policía del pensamiento’, que trata de detectar conductas atípicas en los habitantes de esta ciudad para poderlos condenar de traición, aunque esta traición sea tan solo una inconformidad. 

En este escenario totalitario, lúgubre y desolado, una de las maneras que encuentra el Gobierno para controlar a los habitantes es con la neolengua (una nueva jerga o lenguaje) y con el minuto de odio, en el cual todos los habitantes están obligados a odiar desenfrenadamente a un contrarrevolucionario que encarna todo lo opuesto a lo dictado por el Gran Hermano (el dictador). 

No haré más spoiler del libro.

En el fragmento que cité inicialmente, hay un fuerte contenido de caricaturización del “enemigo”, sembrando la semilla del odio profundo e irracional por el capitalismo, la riqueza, y todo esto está reforzado por el minuto de odio, la neolengua, las telepantallas y el control de la historia. 

Lo que era ficción, hoy se está volviendo una realidad. Ese discurso de odio ha sido replicado por Pablo Iglesias de PODEMOS en España, Nicolás Maduro en Venezuela, Gustavo Petro en Colombia, y otros personajes como Evo Morales, Daniel Ortega, Cristina Fernández, etc., y apuntan a ese discurso porque así exacerban los ánimos, tergiversan la historia y tienen control anímico y emocional sobre quienes los siguen, y todo esto gracias a una prolongada campaña de comunicación y pedagogía (Fecode) que busca cambiar las percepciones sobre el pasado para poder controlar el presente y el futuro. 

La democracia en Colombia peligra. Hay que pasar la página del liderazgo mesiánico, construir discurso y hacer pedagogía para que nuestra historia no sea un cuento mal contado por histriónicos y megalómanos personajes con aires de pequeños dictadores.

César Augusto Betancourt Restrepo
Acerca de César Augusto Betancourt Restrepo 67 Articles
Soy Profesional en Comunicación y Relaciones Corporativas, Máster en Comunicación Política y Empresarial. Cordovista hasta los tuétanos, ciclista amateur enamorado de Medellín y admirador de Oscar Wilde, Freddy Mercury y Salvador Dalí. Escribo con alma, vida y sombrero. #DogLover #MejorEnBici