El delfín y el pejelagarto

Julián Felipe Reina

Julián Felipe Reina

Si hablamos de personajes pueriles que quieren vivir de la fama de sus progenitores y que no se pueden adjudicar mérito propio alguno, bien podemos tocar el tema del pejelagarto de Gustavo Petro. Ese sí tiene… Clic para tuitear

Julián Felipe Reina

En Colombia, como bien sabido es, tenemos ínfulas de superioridad y todo lo europeizamos. Claro está que tampoco es ese el problema, sino que tras del hecho lo hacemos mal.

En Francia al primogénito de SM el Rey, desde 1349 hasta 1830 se lo llamó Le Dauphin de France (el delfín de Francia, en español), debido a que los señores de Dauphné (delfinado), condes de Viena, se autoproclamaban Dauphin de Vienne y Comtes d’Albon (Delfines de Viena y condes de Albon), y de ahí empezó a adoptarse el delfín como título nobiliario para el heredero al trono de Viena. Esto como una explicación muy breve del porqué del título.

“Vivimos deseosos de volver a la línea de la seguridad democrática, el Estado austero, la cohesión social, el diálogo popular y la confianza inversionista; por lo que pensamos que lo más conveniente es que un Uribe recoja las banderas del presidente y continúe así su legado”.

En nuestro bello país, aunque sí hay casos en los que hijos de expresidentes han llegado al primer puesto de la nación, no se puede utilizar el título ni a razón de mofa porque resulta completamente incoherente. Aquí tenemos una democracia participativa, representativa y pluralista. Luego asemejar las situaciones resulta más que risible. Más aún cuando se lo quieren achacar a una persona que ni es ni ha sido ni quiere ser funcionario público, muchísimo menos primer mandatario.

Los colombianos guardamos una inmensa gratitud hacia el presidente Uribe por la entrega y el amor que ha tenido hacia Colombia, y teniendo eso presente y aunado con todos los problemas sociales, políticos, económicos y culturales por los que estamos atravesando, vivimos deseosos de volver a la línea de la seguridad democrática, el Estado austero, la cohesión social, el diálogo popular y la confianza inversionista; por lo que pensamos que lo más conveniente es que un Uribe recoja las banderas del presidente y continúe así su legado.

Aun así, como lo dije anteriormente, los colombianos tenemos el deseo, pero no por eso va a suceder. Es que aquí nos encanta andar poniendo y quitando “antes de”,  y ya salió María Jimena Duzán, en su programa de La W, a mancillar el apellido del presidente Uribe diciendo que su linaje tiene aspiraciones públicas y cuestionando sus méritos personales. Que a propósito debería estar pensando mejor en los pejelagartos que pretenden vivir del Estado y del apellido de sus papás en las urnas y no en los empresarios que quieren construir país.

Tomás Uribe Moreno es un señor juicioso, estudioso, académico, de familia, con principios y valores tradicionales muy arraigados, empresario exitoso y por supuesto un ejemplo a seguir para muchos de los jóvenes de hoy día. ¡Ah!… y también hijo del presidente Uribe, pero no necesita decir quién es su padre para merecer algo en absoluto: lo suyo es mérito propio.

Tomás Uribe Moreno es un señor juicioso, estudioso, académico, de familia, con principios y valores tradicionales muy arraigados, empresario exitoso y por supuesto un ejemplo a seguir para muchos de los jóvenes de… Clic para tuitear

A sus 39 años, Tomás es un ingeniero químico, dueño de compañías como Sapia, Ecoeficiencia, Zona Franca de Occidente, y es políglota y seguramente muchas otras cosas que se me escapan. Un hombre que siempre se ha mantenido al margen de la vida pública y política. ¿A él es al que llaman delfín?

Porque si hablamos de personajes pueriles que quieren vivir de la fama de sus progenitores y que no se pueden adjudicar mérito propio alguno, bien podemos tocar el tema del pejelagarto (porque a delfín no llega) de Gustavo Petro. Ese sí tiene ínfulas de principito.

Nicolás, como buen primogénito de la Colombia Humana, siempre estuvo detrás de su padre en los discursos que, como en el  medioevo, daba su papá desde el balcón del Palacio de Liévano.De Nicolás sabemos que es abogado y que está casado, que en 2015 empezó con sus proyectos hereditarios, queriendo endosarse los votos de su padre en Barranquilla al iniciar una carrera para el Concejo de esa ciudad, y que gloria a Dios, no llegó a buen puerto.

Para 2019 el pejelagarto estaba listo. Él sabía que nunca le ganaría las elecciones a Elsa Noguera, pero aun así estaba dispuesto a quemarse para quedar en la Asamblea Departamental. En fin de cuentas, es más fácil hacer una campaña con el apellido de su papá, que lo ponga segundo en votación, que arriesgarse a ir en contra de todos los inscritos a la duma atlanticense y sus musculosas billeteras. ¡Se fue a la fija! ¿Si eso no es ser un pejelagarto, entonces qué lo es?

Y lo más chistoso del asunto es que sale su señor padre, Gustavo Petro, a reforzar las barrabasadas proferidas por la periodista Duzán, diciendo: “Le dicen democracia hereditaria: es decir volvimos a la monarquía contra la que lucharon Bolívar y Santander. Toca que ese pueblo patriota reviva, o su historia se habrá perdido definitivamente”.

Hay que ser muy cínico en esta existencia o tener muy corrida la teja para andar uno haciendo tales afirmaciones teniendo el cuatro letras completico de paja. Pero bueno, estamos en la era de las nuevas normalidades, y al bueno se le dice malo, al malo se le dice bueno, del mismo modo y en sentido contrario, así sucesivamente y viceversa.

Julian Felipe Reina Parrado
Acerca de Julian Felipe Reina Parrado 12 Articles
Nacido en la puerta del Llano colombo venezolano, Villavicencio, allá por el 99. A mis 20 años, soy un llanero, folclorista y patriota ferviente que considera la imperancia de las instituciones y la cultura como cimiento para el establecimiento de una nación estable y duradera. Hoy día, soy estudiante de Administración la Universidad Nacional de Colombia. Añorando poder retribuir a mi nación lo que a lo largo de la vida me ha brindado!