El desastre populista

ROBERT POSADA ROSERO

Robert Posada Rosero
Son camaleones del ejercicio público, que un día se venden como defensores del interés general, la anticorrupción y los desarrapados, y al otro día, al llegar al poder, hacen todo lo contrario de lo que profesaron para alcanzarlo Clic para tuitear

Claudia López, Daniel Quintero Calle, Jorge Iván Ospina y John Jairo Gómez en Tuluá, representan lo peor de una clase politiquera, corrupta, incompetente mentirosa y ramplona, el estereotipo perfecto del líder que utiliza la mentira y la ordinariez para tapar su incapacidad administrativa y mantener engañados a sus seguidores.

Son camaleones del ejercicio público, que un día se venden como defensores del interés general, la anticorrupción y los desarrapados, y al otro día, al llegar al poder, hacen todo lo contrario de lo que profesaron para alcanzarlo, utilizando todas las estrategias mediáticas posibles para continuar engañando.

En su propósito no están solos, siempre cuentan con una clase politiquera y amañada que está al asecho del mejor aliado para desangrar el erario, con viejas y bien aceitadas maquinarias que logran adaptarse a cualquier discurso por inverosímil que parezca, personajes pintorescos que no conocen el decoro y menos la vergüenza, como los despreciados Roy Barreras y Armando Benedetti.

También cuentan con una sociedad indiferente frente al devenir de sus ciudades y el país y una masa de seguidores humilde e inculta que convirtió el anhelo del todo gratis y la anarquía en esperanza de vida futura, creyendo ilusamente que ese pensamiento los hace libres pensadores y los liberará de las cadenas de una clase oligarca explotadora que por años los ha mantenido empobrecidos.

Malgastan a manos llenas los recursos públicos porque jamás han trabajado de cuenta propia o generado empresa, por ello no saben lo que cuesta producir dinero, su experiencia se limita a cargos o empleos en fundaciones apalancadas en el Estado, el mismo que desprecian para conectar con el pueblo, mientras despilfarran los impuestos que pagamos todos.

Es difícil encontrar en este primer año de gobierno ejecuciones reales y de impacto para sus ciudades, si acaso han inaugurado y puesto placas a las obras que les dejaron sus antecesores, eso sí las cacarean como propias y amplifican como grandes logros los más nimios quehaceres de sus cargos, valiéndose de unos medios complacientes, periodistas que se acomodan al son de la pauta pública, porque sin ella no subsisten.

Su estrategia es estar siempre en campaña: vociferar, confrontar, mentir y engañar, mientras el tiempo pasa, dejando balances siempre desastrosos, menos para ellos y sus séquitos, pero la masa inconforme lo olvida porque están inmersos en una nueva campaña, donde les vuelven a prometer que está vez si les van a cumplir las promesas del todo gratis y cero tolerancia con la corrupción, culpando de sus desastres anteriores a la oligarquía, ese monstruo imaginario que no los dejó trabajar porque desprecia a los de su clase.

Son reyezuelos del cinismo y mienten con una facilidad que raya en la mitomanía, su egolatría es proporcional a su incapacidad y sus modales son odas a la chabacanería, todo por supuesto como parte no solo de su esencia sino de ese molde que han construido para venderse al electorado. Viven como ricos pero fingen no serlo, actúan como políticos tradicionales pero aparentan ser diferentes, y la gente, si esa masa amorfa y cambiante los defiende a rabiar porque se ven representados en ese ideal arribista y fantoche que enfrenta al oligarca opresor, ignorando que esos líderes ahora son parte de lo que detestan.

Qué ejecutorias reales, importantes y de impacto para sus ciudadanos tienen Claudia, Daniel, Jorge Iván y John Jairo para mostrar en su primer año de gobierno, nada, más allá de anuncios rimbombantes para los titulares de prensa. Sus administraciones han sido desastrosas, improvisadas y derrochadoras.

Tapan la corrupción amparados en fuertes y bien aceitadas maquinarias clientelistas de contratistas, dejando crecer como nadie el aparato estatal, sí, ese Estado burocrático que tanto detestan; con los populistas la contratación y la burocracia se disparan mientras los recursos se evaporan, porque solo así logran sostenerse en el poder, y las ciudades subsisten y avanzan cuando algún buen ejecutor logra colarse para hacer las cosas bien, estos sí vilipendiados por ellos y sus hordas, porque si hizo fue para robar, ya que todo el que hace roba. Una narrativa que lograron incrustar en el inconsciente colectivo.

Lo peligroso de estos modelos es que se reproducen y repiten una y otra vez, en un sistema que parece creado y moldeado para que así sea, hasta que logran llegar al premio gordo, el premio mayor, el poder nacional, con el agravante que cuando lo logran nunca más lo sueltan, y ahí sí se viene el acabose, la catástrofe, y con ella la diáspora.

Ningún pueblo parece aprender en cuerpo ajeno, tristemente necesitan vivirlo en carne propia, sufrirlo, padecerlo, no importa lo cerca que tengamos los espejos de Cuba, Nicaragua o Venezuela, realidades que los populistas niegan pese a los millones de expatriados que a diario nos desnudan el desastre populista. Ojo con el 2022.

Robert Posada Rosero
Acerca de Robert Posada Rosero 36 Articles
Comunicador Social Periodista, especialista en Derecho Constitucional.